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Editorial & Opinion

Pueblo avisado no vota inseguro

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

martes 5, diciembre 2017 - 12:00 am

Dentro de pocos meses el pueblo salvadoreño acudirá a las urnas de votación para ejercer su derecho y confirmar su deber patrio para elegir los diferentes gobiernos municipales y el pleno legislativo del país. Ambas elecciones son fundamentales para asegurar, con los primeros funcionarios, el pleno desarrollo socioeconómico y educativo de los municipios que conforman el territorio nacional. Con la elección de diputados, buscamos tener legisladores que posean reconocida moralidad e instrucción notoria para aprobar leyes sensatas y elegir a ciertos funcionarios muy importantes como los futuros magistrados a la Sala de lo Constitucional, todo sin violentar los cánones señalados y determinados por la Constitución de la República y el sistema jurídico nacional.

De los resultados que se obtengan en marzo del próximo año, los salvadoreños podríamos intuir, o quizás predecir, con mucha certeza, el resultado de los comicios presidenciales en febrero de 2018.  Aunque en materia electoral y de preferencias populares no hay nada escrito todavía, existen ciertos estadísticos o márgenes matemáticos que, técnicamente analizados, resultan muy aproximados a las expectativas sociales.

Sin embargo, pese a las consideraciones precedentes, en los últimos días la población salvadoreña ha tenido declaraciones de ciertos dirigentes políticos para formarse, a priori, ciertas apreciaciones que, de seguirse insistiendo en tales expresiones, podrían modificar radicalmente el juicio favorable que pudiesen haber ganado tales personas en  este tiempo y que podrían cambiar, sustancialmente, los resultados previstos para los comicios tan cercanos, los cuales, por las noticias difundidas en diversos medios, no tienen la suficiente atención logística por parte del Tribunal Supremo Electoral (TSE). Las declaraciones del señor Medardo González, secretario general del partido FMLN, son las que más han generado opiniones negativas de reconocidos políticos y de la gente común.

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Según lo leído, y de lo que personalmente escuchamos del señor González, nos hizo retrotraer a nuestra conciencia el temor de que pudiese estar gestándose algún plan gubernamental que nos lleve a la tragedia que ahora sufre el pueblo hermano de Venezuela, antes un país próspero y económicamente fuerte, que era un ejemplo de avance integral en nuestra América Latina, con un Producto Interno Bruto (PIB) de varios dígitos y una población que gozaba plenamente de los beneficios que se derivan de un “status” socioeconómico envidiable, pero que, después de instaurarse un remedo de comunismo, disfrazado como “Socialismo del Siglo XXI”, arteramente concebido por el finado coronel Hugo Chávez, y proseguido por Nicolás Maduro, bajo una inconfundible influencia y directriz del régimen cubano de los Castro, que, con bastante rapidez, extinguió la pujanza y el dinamismo de la empresa privada venezolana: se adueñó dictatorialmente de la inmensa producción petrolera de sus ricos yacimientos, llevando a PDVSA, la entidad rectora, a una quiebra que representa pérdidas por un coste de muchos miles de millones de dólares estadounidenses, terminó brutalmente con la floreciente producción agropecuaria, cerró fábricas, negocios y comercios; decayó el valor adquisitivo del bolívar y, finalmente, sumergió a millones de personas, pertenecientes a todos los estamentos sociales y culturales, en la desesperación, la insalubridad y la más espantosa hambruna, hasta el punto de que allá, igual que en Cuba, nadie encuentra fácilmente un tubo de pasta dental o un rollo de papel “toilet” (o papel higiénico), facilitando el accionar de acaparadores y contrabandistas.

Los hospitales venezolanos, otrora ejemplares por la calidad de sus médicos, hoy son nosocomios mortales donde campea la desatención, sin medicinas, ni camas o insumos.


Es una falacia decir que los sistemas productivos pasarán a las manos del “pueblo trabajador”. Medardo lo sabe muy bien y también nosotros que anduvimos, cuando jóvenes, en esas “movidas zurdescas”. El Estado es dueño absoluto de todo. El “politburó” de los jerarcas es el mando supremo.

No existe libertad de expresión ni de asociación partidaria (tesis del partido único). El ejército y la policía están para reprimir a trabajadores que declaren huelgas. La educación es de orientación   ideológica. Sin libertad de cultos (ateísmo). Hay espionaje hasta en los hogares. El temor de ser apresado, sin posibilidad de un defensor, es un peligro permanente en la población. Ese es el fatal ofrecimiento que ha expresado Medardo a los salvadoreños. ¡Reflexionemos y que Dios nos ilumine!




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