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Editorial & Opinion

¿Qué descanse en paz?

Fidel López Eguizábal / Docente Investigador Universidad Francisco Gavidia flopez@ufg.edu.sv

Jueves 7, Septiembre 2017 - 12:00 am

¿Cómo es posible que un policía o un soldado descansen en paz? si dejaron a sus hijos huérfanos; además, no pudieron ver a sus hijos grandes y convertidos en personas de bien en la sociedad. Vidas truncadas por la barbarie de la delincuencia que acecha por doquier. La frase “que descanse en paz” es una forma para darle el pésame a un ser amado, amigo o conocido; sin embargo, si nos ponemos a contar cuántas veces lo repetimos en un año, quedaríamos impactados.

No basta con cantar el Himno Nacional, que entonen la marcha fúnebre, que le entreguen la bandera con doce dobleces a la madre del policía asesinado; no basta escuchar los cañonazos o recibir una corona de flores y medallas de honor. Ni el mejor discurso del mundo sanará las heridas de los familiares. No basta ver a la madre abnegada o a la esposa recibiendo la bandera de El Salvador. Luego del acto protocolario viene la realidad.

Cuando un soldado o policía es asesinado o cae en combate, las autoridades realizan los actos solemnes. Hago alusión a la carta que le mandó Abraham Lincoln a Lydia Bixby, quien era madre de cinco hijos que murieron en la guerra “(…) Sé cuán débil e insuficiente ha de parecer cualquier palabra mía que intente distraerla de su aflicción por una pérdida tan abrumadora, pero no puedo abstenerme de ofrecerle el consuelo que quizá se encuentre en la gratitud de la República, para salvar a la cual murieron. Ruego al Padre Celestial pueda aplacar la angustia de su pérdida, y le deje sólo el afectuoso recuerdo de los seres queridos y perdidos, y el solemne orgullo que debe usted sentir al haber  realizado tan costoso sacrificio en el altar de la libertad…”. Washington, 21 de noviembre de 1864.

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Hemos leído la historia de tres niños huyendo de la delincuencia, fueron a avisarles a las autoridades sobre el asesinato de sus familiares. Psicológicamente esos infantes quedarán marcados por la violencia que no cesa en el país. Esa escena se repite a diario. Nos hemos convertido en uno de los países más violentos, y eso es un retroceso en muchos sentidos. Es ilógico estar escuchando al mismo Presidente de El Salvador decir que la violencia ha mermado. Entonces, no hubiese tantas personas emigrando a diario por causa de la inseguridad.

En una ocasión la exembajadora de Estados Unidos en El Salvador Mari Carmen Aponte mencionó en un acto fúnebre de un soldado asesinado “No podemos quedarnos en silencio, debemos alzar nuestras voces, cada muerto nos afecta a todos, no importa el lugar donde vivan”. Las bonitas palabras de aliento sirven de mucho, aunque solo el familiar sabe cómo lidiará con la cruz pesada que le queda, más cuando el soldado o policía dejan huérfanos. Quizá, la pensión o el seguro de vida sirvan; sin embargo, cada quien tiene una historia diferente.


Tanto el ejército salvadoreño y la Policía Nacional Civil luchan a diario por recuperar la paz. Es como luchar contra la corriente cuando tenemos a un país que parece ha perdido los estribos, ha perdido los valores. No es motivo para hablar de estadísticas; para qué estar haciendo comparaciones con años anteriores de cuántas personas han fallecido. Tenemos a más personas asesinadas desde los Acuerdos de Paz firmados en 1992, que de los que murieron en el conflicto armado.

Se necesita de una conversión en cada ciudadano que hace el mal para que piense en sus actos. Solamente inculcando valores, educación, y sí fuese posible la lectura de la Biblia en los centros escolares, los índices de asesinatos disminuirían.

Termino con un fragmento de un poema que escribí, “Las palabras”:

“Las palabras de ánimo que le brindan a la madre cuando está despidiendo a su hijo militar caído en combate. Esas son de las palabras más conmovedoras; ya que, se llevará nada más a su hogar los recuerdos. Una bandera o una medalla, nada más servirá para alimentar los recuerdos”. ¿Qué descanse en paz?, a diario mueren personas asesinadas que dejan pendientes por hacer en esta vida. No creo descansen en paz tan fácilmente como se suele decir.




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