Cerrar [X]

Editorial & Opinion

¿Qué nos dejó el proceso electoral hondureño?

Ruth Eleanora López / Máster en Derecho Societario y en Derecho Electoral

sábado 6, enero 2018 - 12:00 am

El Salvador de hoy es un país con avances importantes, aunque no suficientes, en materia de lucha contra la corrupción, transparencia, participación e inclusión; nadie pone en duda que la oscuridad estatal en la que nos encontrábamos hace 10 años es un pasado al que no debemos volver; sin embargo, siempre se puede hacer más. Pensar de otra manera sería reducirnos a la mediocridad.

Los eventos electorales en nuestro país, con altas y bajas en la calidad de los procesos, aunque perfectibles en todos los sentidos gozan de credibilidad en sus resultados. Entonces, tenemos una institución de la que quizás dudemos del éxito del andamiaje que asegure resultados rápidos, verificables de manera inmediata, pero no pondremos en tela de juicio la certeza de los ganadores, lo que en un proceso electoral es lo realmente importante.  En gran medida, esto es gracias a los propios mecanismos de control y vigilancia establecidos por los partidos políticos, así como por la apertura del TSE a la observación electoral y la fiscalización de la sociedad.

Honduras, el país que menos transformaciones políticas y sociales ha vivido en la región, sufre de dolores de parto. No dudo que su coyuntura gesta un fuerte movimiento político transformador que terminará rompiendo la membrana tradicional del poder, pero serán sus propios actores  la que determinará su rumbo. Sin embargo, es importante detenernos a evaluar la actuación del Órgano Electoral, la oportunidad de su actuación y los puntos de crisis; nunca es malo mirar al vecino para no cometer los mismos errores.

publicidad

La noche de la elección, mientras el candidato opositor llevaba ventaja, los datos dejaron de actualizarse; esto puede ocurrir, el sistema en “momentos picos” se satura. En El Salvador, durante 20 minutos aproximadamente, la noche del proceso electoral 2012, a las siete y 10 p.m., se paralizó la actualización; sin embargo, los partidos políticos tenían todas las garantías para verificar cada uno de los datos; el desfase ocurría en la divulgación, no en la recepción de la información. Primera lección: tratar por todos los medios de reestablecer el sistema de divulgación –parte del sistema de transparencia- lo antes posible y si no enfrentarlo, asumiendo las responsabilidades que correspondan y brindando la confianza de los cotejos que sean necesarios.

Las actas, además, podían ser verificadas casi de manera inmediata con las copias de los partidos políticos que habían sido entregadas en cada una de las Juntas Receptoras de Votos, por tanto la segunda lección es: los vigilantes son esenciales mientras los contendientes tengan copia de las actas con las que puedan demostrar un resultado diferente al transmitido; las puertas para las impugnaciones estarán abiertas. Aquí otro elemento fundamental es la participación de los medios de comunicación y de la observación nacional e internacional.


La elección en Honduras culminó debilitando la credibilidad y la función electoral. Los señalamientos no fueron menores y se pueden resumir en intrusiones al sistema sin que se pueda determinar la cantidad de veces que se vulneró, eliminación de rastros digitales, valijas de votos abiertas y sin actas, improbabilidad estadística de determinar la participación, papeletas impresas recientemente sin que fueran parte del proceso en un escenario de estrecho margen de diferencia entre dos contendientes.

La recomendación de la Misión de Observación Electoral de la Organización de Estados Americanos, de celebrar nuevamente elecciones, afectaba varios principios de Derecho Electoral; sin embargo, cualquiera de ellos cedía ante el respeto de la voluntad popular que no pudo ser determinada ante las vulneraciones y escasos mecanismos de verificación, y ahí tenemos la tercera lección: en un evento electoral la autoridad está obligada a preservar y transparentar todos los mecanismos para acatar el mandato del soberano.

No obstante, en esta coyuntura el Tribunal Hondureño anunció la victoria definitiva del actual presidente Juan Orlando Hernández, quien seguirá en el cargo cuatro años más frente a la incertidumbre de los procesos democráticos. En consecuencia, no es difícil prever que la inestabilidad política de Honduras será su principal síntoma en el próximo periodo ante la insalvable falta de legitimidad del presidente electo, siendo urgente que se generen espacios para discutir reformas a la normativa electoral para evitar que una vez más Honduras sufra una democracia política ectópica.




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras, de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.