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Editorial & Opinion

¿Qué tipo de fin de año queremos?

Roberto Cañas López / Académico, firmante de los Acuerdos de Paz

miércoles 9, noviembre 2016 - 12:00 am

OPINIONFaltan siete semanas para que termine 2016 y sacar adelante al país es indispensable. Hay que subirse al balcón y reflexionar qué tipo de fin de año queremos para El Salvador.

Subirse a la terraza mental es una técnica de negociación que sirve para situarse por encima de lo inmediato, tener perspectiva, lograr distanciarse, para observar mejor y poder establecer: ¿Qué se está haciendo bien? ¿Qué se hace mal? ¿Qué falta por hacer? ¿Qué se necesita modificar, para luego bajar a la realidad cotidiana a realizar las acciones necesarias de acuerdo a lo visto desde arriba?

Esta capacidad de poner en perspectiva la realidad, permite entender mejor lo que pasa y posibilita diseñar un plan que relacione objetivos y tácticas para terminar bien el año y establecer las bases de un 2017 próspero. Trabajar con inteligencia contextual no solo posibilita ver los árboles sino también apreciar el bosque en su compleja globalidad. Al buscar unir las piezas del rompecabezas nacional aparece la situación de las finanzas públicas: la emergencia “que se expresa en una falta de liquidez en la caja única del Tesoro Público”. Hay que superar la emergencia, lo que demanda que la partidocracia se ponga de acuerdo. Ya no hay tiempo para más. Esta semana la Asamblea Legislativa debe aprobar la emisión de $550 millones y decretar la Ley de Responsabilidad Fiscal.

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El escenario de fin de año además, tiene que tener ideas claras acerca de cómo será el Pacto Fiscal y, por otro lado, es ineludible salir de la precariedad política estableciendo un proyecto de país, donde se definan con claridad cuáles serán las apuestas estratégicas y los motores de desarrollo para el despegue de la economía hacia el crecimiento, y la mejora de las condiciones de vida de la población.

Es necesario adoptar el método de la solución político negociada, como el instrumento adecuado, para darle una salida a la conflictividad del país. Es ineludible utilizar bien el mecanismo del dialogo-negociación. Los aspectos procedimentales tienen que acordarse antes de pasar a buscar acuerdos sustantivos. Sin definir primero agenda y calendario de negociación cada vez que se sientan los integrantes de la Mesa Fiscal a buscar acuerdos aparecen con nuevos temas y la discusión se vuelve estéril, pasa el tiempo y no hay entendimiento por no tener establecida fecha en el calendario para conseguir que surja el humo blanco. Como método de negociación para avanzar, un grupo de notables debería hacer un Documento Único de discusión alrededor del cual se tomen los acuerdos que El Salvador necesita.


Terminar bien el año significa dejar claro ante la faz de la nación que la administración de justicia goza de excelente salud y produce resultados. Las personas que desviaron importantes cantidades de dinero del erario nacional, al ser demostrada su culpabilidad, deben ser condenadas por un juez a las penas que les corresponden y se tiene que abrir el camino para la recuperación de los millones de dólares de la corrupción.

La ciudadanía, al irse a las vacaciones de fin de año, tiene que tener la esperanza que la seguridad pública va a mejorar, no solo porque disminuirán los homicidios, sino porque se va a implementar integralmente la política pública de seguridad. 2017 tiene que ser el año de prevención de la delincuencia y de programas de atención a las víctimas.

A comienzos del próximo año se conmemorará el 25 aniversario de los Acuerdos de Paz. Ya se trabaja en la elaboración del plan de actividades que se realizarán en el marco de esta efeméride. Para recordar la firma de la paz no basta con planificar actos, desfiles y conciertos, y anunciar que se dará a conocer una “Agenda Nacional”. En la conmemoración del Acuerdo de Paz hay que dejar un legado y éste consiste en asumir la Cultura de Paz. La Asamblea Legislativa debe aprobar la creación del Instituto Salvadoreño de Cultura de Paz que sería una institución que trabajaría por que cambien los hábitos y actitudes de los salvadoreños y se pase de una cultura de confrontación a una Cultura de Paz y Reconciliación.

Actos de calado profundo y gran simbolismo serían que en el marco de la celebración del aniversario de la Paz el presidente Sánchez Cerén entregue la sede de Ciudad Normal ocupada por el Ejercito al Ministerio de Educación, el local de la extinta Guardia Nacional a la Secretaría de Cultura para la creación del Museo de la Paz y la sede de la Primera Brigada de Infantería o Cuartel San Carlos, a la Universidad de El Salvador. Ojalá no sigamos haciendo más de lo mismo.




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