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Editorial & Opinion

¿Quién gana y quién pierde?

Dr. Carlos Alberto Escalante / Médico Psiquiatra. cescalantealberto143@gmail.com

miércoles 14, marzo 2018 - 12:00 am

Luego del cierre de la votación del 4 de marzo, ya se escuchan voces adjudicándose “el triunfo”.

También he estado escuchando a analistas bien informados y con capacidad de hacer comentarios de lo ocurrido. De inmediato, ellos y la gran mayoría de observadores señalan el gran abstencionismo que a la luz de voces triunfalistas da lástima, porque la no asistencia a las urnas tiene su significado, y que no es de ninguna manera  para que los partidos, todos se sientan satisfechos y celebren; muchos pueden ser los motivos, la historia acumula causas  y razones. ¡Medítenlas y enmiéndenlas! La alternabilidad en el poder no se ha traducido en cambios para mejorar, más bien en algunos casos para empeorar.

Los partidos se habrán puesto a pensar en algún momento ¿qué esperan los distintos grupos humanos del país incluyendo los que están en una situación irregular con respecto a la ley y la justicia? Yo al menos no he escuchado ninguna verbalización al respecto. Pero es importante que se tomen en cuenta las expectativas de toda la población, en cualquier nivel social, económico, y desde luego la gente marginada, que es un sector numeroso.

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Creo que nunca me he referido a aspectos políticos ideológicos, menos aún partidistas dentro de mis incursiones periodísticas en cuanto a opiniones, siempre he utilizado mis conocimientos como técnico en aspectos de salud y salud  mental; sin embargo, soy  ciudadano y va implícita mi filosofía política en todo lo que digo: justicia, verdad, igualdad, equidad, no violencia, no impunidad, y  no corrupción.

Dado lo comprometido que se encuentra el país en materia social, económica y política, situación en la cual, la familia salvadoreña sufre grandemente en pérdidas humanas y de muy poco avance en el  respeto a sus derechos, e inclusive que las autoridades les tenga sin cuidado el hecho que la ciudadanía no cumpla con sus deberes con el Estado y con sus semejantes, pues las muertes de ninguna persona tienen una justificación para nadie. Es cierto, que durante el conflicto armado de los setenta, ochenta y noventa, en algún momento y en algún nivel del sector público y aun  sector privado que  a los alzados en armas se les podía y o debía eliminar; de hecho los múltiples  escuadrones de la muerte  buscaron ese fin. No funcionó ese propósito, se tuvo que dialogar y negociar.


Hoy día, las cosas son diferentes, estando dentro de una incipiente democracia, tal como está el país, ganadores y perdedores y sin distingo ideológico, tienen que sentarse a discutir y analizar alternativas, no pensar quién es más fuerte y tenga más poder, sino quién es más inteligente, sensato, sabio y humanista para hacer propuestas que se encaminen gradualmente a que el sector fuera de la ley regrese, recobre su libertad y se le ofrezcan planes de reinserción a la vida  comunitaria con armonía y paz. Sin duda, va ser necesario utilizar varios millones de dólares; descártese el seguir armándose y golpeando, hiriendo y violando los derechos humanos indiscriminadamente. Les aseguro que mi propuesta no es romántica ni soñadora, obedece a que el ser humano es susceptible dentro de su cólera, frustración y más sentimientos confusos  de comprender que es mejor estar dentro de la ley que fuera de ella, pero con la condición de que el Estado le responda en sus necesidades básicas.

Recordemos esta  frase de  Antoine de San Exupery, el escritor francés del Principito: “Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor” Y otra  “La educación es la vacuna contra la violencia”: Benjamín Franklin.




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