Editorial & Opinion

Rafael Correa ya solo gobierna su ático

Luis Eduardo Vivanco / Periodista ecuatoriano

jueves 8, febrero 2018 - 12:00 am

Rafael Correa sufrió  el pasado domingo la primera derrota en su historia política en Ecuador. No fue una derrota cualquiera, fue el inicio de lo que podría ser su archivo histórico. Y eso no es un asunto cómodo para él y sus fieles, pues el archivo es un lugar terrorífico para quienes se han acostumbrado a atropellar a su pueblo, controlar todos los poderes y burlarse de los Derechos Humanos. La pesadilla de Correa es quedar empolvado en un rincón, perseguido por la justicia y olvidado por su pueblo.

Mediante un consulta popular, el gobierno de Lenín Moreno logró reformas que impiden a Rafael Correa volver a optar por la presidencia, que impiden un futuro en el Estado a los corruptos, hacen imprescriptibles los delitos sexuales, eliminan una ley de plusvalía que era la adoración de Correa pero que ataba de manos al sector constructor, impiden el avance de la minería, restringen la explotación petrolera en un mega diverso parque nacional de la Amazonía. Además, destituye a los miembros del Consejo de Participación Ciudadana.

Sobre este último punto, este Consejo es un mamotreto creado por el correísmo, con el que pudieron designar a todas las autoridades de control del país. Como no puede ser de otra manera y fieles al sistema bolivariano, nombraron solo a los amigotes, que nada fiscalizaban y cubrían sus espaldas mientras en el gobierno de Correa hacían fiesta con el dinero ajeno. Vaya fiestones que armaron con la plata de la gente.

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Hoy la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que por años calló y permitió que Correa haga lo que le de la gana, que se tapó los ojos antes los atropellos y abusos, hoy emite un pronunciamiento en contra de la reforma a ese Consejo y vuelve a serle funcional a los totalitarios. Una vez más, el sistema interamericano convirtiéndose en un club de apoyo de tiranos. Vergüenza. A más de lentos, torpes. Hoy pretenden silenciar el pronunciamiento en las urnas.

Pese a esto, en Ecuador inicia un proceso de desintoxicación del populismo, el abuso y la tiranía. No se puede negar que se respira un aire más liviano, ya el gas tóxico que regaba el correísmo se retira del ambiente. Es un evento singular, pues esto está a cargo del presidente Moreno, ex vicepresidente del propio Correa, que llegó al poder de su mano y a quién le dio la espalda con una rapidez escandalosa.


Que Correa no pueda volver a ser candidato a la Presidencia es un golpe letal, en espacial al tratarse de un personaje que se cree nacido para gobernar. Hoy por hoy deberá gobernarse a sí mismo, controlar los conflictos psiquiátricos que aquejan su mente y analizar en qué ocupar sus días. Hoy por hoy su actividad cotidiana es insultar por Twitter, usando esa red social como su letrina emocional. De regreso a Bélgica ocupará de nuevo ese ático oscuro en el que dice dormir aunque nadie le cree, ese altillo misterioso en el que dice defender su legado. Allá, en Bélgica, donde gran parte del país espera que se quede, aunque muchos otros lo aguarden en Ecuador con las llaves de la prisión.

Ya con ese fantasma fuera de juego, Moreno debe empezar, ahora sí a gobernar, pues estos primeros meses de su mandato han sido una terapia analgésica para aliviar el dolor del correísmo, pero muy lejos de ser un antídoto y una cura democrática. Además, el país enfrenta un rosario de retos económicos de alto voltaje.

Moreno parece temer a las medidas económicas, pese a su extrema necesidad. Parece saber que corregir el rumbo que le dejó su anterior jefe le implicaría una factura política que no está dispuesto a pagar. La reactivación y el circulante siguen, una vez más, dependiendo de la deuda.

Ecuador está tratando de sanar, con medidas quirúrgicas como sacar a Correa de la jugada, pero en simultáneo aplicando acciones superficiales que no extirpan otros procesos infecciosos. Ecuador navega en aguas más calmas, pero sin brújula. Esperemos no haber salido de un naufragio, para entrar en breve en una nueva tempestad.




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