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Editorial & Opinion

Rebeldía caprichosa

Dr. Mauricio Eduardo Colorado / Abogado

lunes 6, noviembre 2017 - 12:00 am

Nos sorprenden las declaraciones del titular del Ministerio de Defensa, cuando con toda la sinceridad del caso declara que se ve tentado a declararse en rebeldía contra una resolución de la Sala de lo Constitucional que ordena a dicho ministerio a que se someta a licitación las compras que esa cartera de Estado realiza. Indudablemente que para quienes tenemos una cultura cercana a los temas jurisprudenciales, nos es más fácil asimilar los alcances de una sentencia, más si provienen de la máxima autoridad en relación con el cumplimiento de las leyes, y especialmente de la Constitución.

La ley, -esa expresión de la voluntad soberana del pueblo, que manifestada en la forma que prescribe la Constitución, manda, prohíbe o permite- no señala otro camino más que cumplirse. Quien no desee hacerlo, deberá buscar otra solución, como derogar la norma o modificarla, pero en el caso de que esa vía no prospere, tiene obligación de cumplirla, o de someterse a las sanciones que el incumplimiento le acarrearía al infractor.

Nos imaginamos que aunque la misma ley asume que todos los habitantes de una nación deben conocer el texto de la ley, la realidad es muy otra, y tal realidad aplicada en la mayoría de habitantes del país, tiene que complementarse con otra disposición que señala la presunción de que todos conocen el texto de la ley-todas y cualquier ley- y por lo tanto hay que obedecerlas. Este tema teórico, que presume que toda persona conoce la ley, tiene un componente adicional para los funcionarios públicos: Antes de asumir cualquier cargo, el funcionario se juramenta de que cumplirá y hará cumplir con lo que la ley le ordena. De ahí que resulte un tanto contradictorio que alguien en ese nivel de autoridad considere siquiera, desobedecer a la Sala, ya que semejante situación sería contradictoria con el estado de derecho que es la aspiración de todo estado moderno.

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Adicional a lo anterior, deberíamos imaginarnos que a todos los funcionarios por el simple hecho de ser funcionarios, se les dejara proceder conforme sus deseos, sin respeto a la ley. Eso provocaría un desorden inmenso, que a la larga provocaría un desorden en el sector público de graves consecuencias. El anterior comentario está basado en criterios que suponen la buena fe del funcionario, y que no estamos ante una acción deliberada de nadie, que pretende provocar de forma adrede, una situación de desorden, con otras intenciones inconfesables, para beneficio de grupos enemigos del orden.

De otra forma, ya la misma ley ha considerado que en casos de emergencia se pueden hacer compras sin licitación, como sería el caso de una guerra, en donde los insumos de la secretaria de estado se necesitarían de forma urgente. La conclusión que se puede sacar del incidente que ha provocado la resolución de la Sala, es debido a las normas con que obraba la extinta guerrilla, en la que el comandante era la autoridad suprema, y se consideraba dueño de vidas de subordinados y de quienes vivían en los territorios donde ejercían control temporal sobre los habitantes de la zona.


Pero como lo hemos expresado en otras ocasiones, esos tiempos han pasado, y el pueblo –gobernantes y gobernados- debe avanzar en su desarrollo, con las más modernas formas de democracia que iluminan las mentes de los políticos contemporáneos.

La historia ha sepultado con el fracaso a los líderes absolutistas que hicieron de sus países, dictaduras que se recuerdan con oprobio, como las de Hitler, Stalin, Mussolini, Pol Pot y otros, que en nombre del “pueblo” masacraron a millones, antes de reconocer que cada una de las personas víctimizadas, tenían derecho al elemental derecho de la vida, en condiciones mínimas de subsistencia. También tienen derecho a ser procesadas conforme a las leyes, y a su defensa en tales procesos, pero jamás a tomar la ley por su propia mano, o a discutir su obediencia a voluntad. Entonces o el señor ministro tuvo un exabrupto, o los jurídicos del ministerio son incompetentes.




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