Cerrar [X]

Editorial & Opinion

Recordemos el dolor cubano

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

martes 30, enero 2018 - 12:00 am

Hace varias semanas una manifestación de las Mujeres por la Dignidad Cubana fue reprimida, una vez más, por la gendarmería castrista, cuyo régimen instaurado hace cincuenta y ocho años, es la dictadura más antigua, cruel y represiva, jamás conocida en nuestro continente. Esas golpizas a mujeres indefensas, me hizo volver a una realidad que, por los avatares de  nuestro país, había guardado en mi subconsciente, hasta surgir de nuevo en ese momento, llenándome de ira y pesar por la ingrata suerte que  le cayó a un pueblo amable, generoso y alegre como es el cubano, al que hemos abandonado y olvidado en nuestra Latinoamérica, quizás por las acciones, también perversas y opresoras, del régimen espurio que preside Nicolás Maduro en Venezuela, otrora una nación ejemplar por el auge de su economía, su refinada cultura, la riqueza de su territorio y la hermosura proverbial de sus mujeres. Cuba y Venezuela constituyen dos paradigmas patéticos y aleccionadores de hasta dónde pueden conducirnos doctrinas políticas equivocadas, que ni siquiera en Rusia, país originario, nunca tuvieron el éxito que buscaban los ideólogos marxistas.

La mal llamada “revolución cubana” se originó el 26 de julio de 1953, cuando un joven abogado, originario de Santiago de Cuba, el doctor Fidel Alejandro Castro Ruz, junto a otros muchachos, intentaron asaltar, fallidamente, en su lugar natal, el Cuartel Moncada, la segunda guarnición militar más fuerte de Cuba en ese tiempo. Hecho prisionero por el régimen del dictador Fulgencio Batista, éste dispuso trasladarlo a La Habana y ordenó un Consejo de Guerra que lo sentenció a morir fusilado. La pronta intervención del periodista Miguel Ángel Quevedo, director de la influyente y recordada “Revista Bohemia” así como del arzobispo cubano, impidió la ejecución y lograron que el profesional santiagueño fuera expatriado para México. ¿Grave error de Batista? Bueno, hay actos inexplicables en la historia de los pueblos y los hombres. Fue allí donde Castro conoció a un aventurero argentino, Ernesto “El Che” Guevara, comunista ortodoxo, supuesto médico, quien había participado en Guatemala, defendiendo el gobierno procomunista de Jacobo Árbenz, derrocado tras la invasión militar de Carlos Castillo Armas y lleguemos hasta aquí con esta narración.

Cuando Castro entró triunfante desde la Sierra Maestra a Santiago de Cuba y después a La Habana, el uno de enero de 1959, recién había ingresado a la Universidad de El Salvador (la única en el país) y fui, como muchos más, un admirador de Castro. Por eso supe que Fidel quería modificar la economía de su país, basada en la producción azucarera, con proyectos “para favorecer las clases pobres, explotadas por el capitalismo salvaje de la Isla” que aumentó su carisma personal. Al efecto, puso en puestos claves de su naciente gobierno, a jóvenes tecnócratas, con amplia experiencia en instituciones extranjeras, infortunadamente su “principal asesor”, el Che Guevara, lo trastornó todo, pues siendo un hombre de extremismos dañinos, confundió los buenos propósitos alentados inicialmente por Fidel. Poco a poco, “desaparecieron” de la escena gentes patriotas como Camilo Cienfuegos y Juan Almeida. Otros fueron desterrados, como Huber Matos y Prío Socarrás; el periodista Quevedo, arrepentido, se pegó un balazo; se suscribieron alianzas descaradas con la hoy desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y expulsaron al arzobispo habanero, sin mencionar los miles de fusilamientos que se cometieron y horrorizaron al mundo entero.

publicidad

Los cubanos viven en condiciones desgarradoras, sin voz ni voto, cual prisioneros dentro de su misma Patria. Solo existe el poderoso Partido Comunista Cubano (PCC), entidad suprema que “elige sin ninguna oposición” a los funcionarios públicos de cualquier categoría. No existe libre tránsito, ni periódicos independientes, únicamente el vocero oficial “Granma”, que publica “éxitos económicos, culturales, científicos y médicos” del sistema totalitario, cuya veracidad ya es muy cuestionada. En resumen, Cuba es un pueblo sin autodeterminación ni democracia.

Dolorosamente, es un país hermano al que le ha sido impuesto un inmerecido yugo oprobioso, si consideramos que fue la cuna de José Martí, prócer mártir, también llamado “el poeta de la libertad”. Cuba sufre y llora. Cuba anhela romper sus cadenas y encaminarse, como nación independiente, a la democracia, superación y dignidad. ¡Que la sacra Virgencita del Cobre la socorra en tal empeño!





RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras, de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.