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Editorial & Opinion

Reforma de pensiones y Venezuela

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

martes 18, julio 2017 - 12:00 am

¡Por Dios Santo! ¿Cómo podrían estar relacionados esos temas tan disímiles y lejanos? ¿En qué se asemejan? ¡En todo, mi gente! Absolutamente en todo.

La ineptitud desafiante de la razón y la historia del desarrollo económico que caracteriza a los gobiernos de la izquierda tropical latinoamericana, es lo que relaciona íntimamente estos dos temas.

Los gobiernos de izquierda deseosos por distribuir la riqueza, paliar la pobreza y combatir la explotación, han cometido tantos errores que al final la enfermedad superó a la medicina.

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El tema de las pensiones, por mucho bla bla que quieran ponerle a la base de la argumentación, el sustento real de todo eso es la crisis económica en la cual los del FMLN tienen al país.

Generar riquezas consiste en la capacidad del gobierno central de establecer un plan racional que identifique, sin emotividad, los sectores productivos potencialmente exitosos en el país, determine los recursos a utilizar; presupueste, proyecte, trabaje en conjunto con la empresa privada, escuche a la clase trabajadora, etc., lo cual, al final, desemboca en generación de empleos y tributos.


Pero eso es demasiado esfuerzo para los de izquierda, ya que en primer lugar tendrían que dinamitar toda la estructura mental sobre la cual están sostenidas sus explicaciones del mundo, la historia, la realidad. Y en segundo lugar deberían entender que una cosa es ver la riqueza y distribuirla y otra muy distinta es tener la capacidad, tenacidad e inteligencia para generarla.

Sea dicho muy a la carrera, el comunismo no cayó porque las fuerzas imperialistas -aunadas a la Iglesia-, socavaran sus cimientos, sino porque su ineptitud crónica lo debilito. La crisis económica en la cual la extinta URSS estaba era insostenible. Lo mismo pasaba en China y en Cuba, pero Deng Xiaoping en los 70 y Raúl Castro, recientemente, lo entendieron.

En Venezuela y su patético chavismo, que de chiripa cae en una época de precios altos del petróleo, dilapidó el dinero del pueblo en comprar voluntades de países vecinos (los que votaron hace un mes en contra de sancionar a Venezuela en la OEA), armando a un pueblo hoy por hoy con una delincuencia de más de 30 mil muertos, practicando el asistencialismo; el narcotráfico se enseñoreó siendo los meros capos los militares prochavistas y, además, la estatización. Vio Chávez la riqueza, la expropió, la distribuyó, y ahora están en la quiebra porque no se enteró que para construir empresas productivas se requiere cerebro y no verborrea.

En nuestro país, yo estaba decepcionado de ARENA, por la unilateralidad de sus decisiones, el beneficio constante a su argolla de poder económico, el desinterés por la pobreza, de igual forma por haber dejado al lado sus planes de convertirnos en una suerte de tigre asiático con la que nos dieron paja a finales de los 80 (eso sí que fue engaño), en fin, por haber dejado que en sus narices creciera la delincuencia, sin mencionar que poco hizo por procesar a sus corruptos a excepción de un par de casos emblemáticos como el de ANDA y el BFA; pero ver el desastre económico, la demagogia, los casos de corrupción, el enriquecimiento sospechoso sino ilícito, siento que es necesario que ARENA vuelva y pronto.

Hoy el Frente quiere caerle a las pensiones. Eso es grave. Todo porque no pueden hacer lo mínimo que todo gobierno de un país debe hacer: planificar el desarrollo económico.

Somos un país extremadamente pequeño en territorio. Si uno lo ve sin sentimentalismos, somos un país enano y por ende no tendremos jamás la suficiente producción agropecuaria, es decir, el nivel primario. Nuestra industria, en el nivel secundario, tampoco ha despuntado con algún producto que sea marca país, y en el sector tecnológico mejor ni hablemos. ¿Qué quiero decir con esto? Que sin un gobierno pensante no iremos a sino al despeñadero.

Un partido de izquierda es, por antonomasia, fracaso económico, si no pregúntenle al millonario comandante Daniel Ortega quien, vivo como es, renunció de hecho (aunque el discurso siga incendiario y colorado), a utopías izquierdista y se ha convertido en todo un capitalista.

Permitir una reforma irresponsable al sistema de las pensiones privadas sería fatal para los futuros jubilados.




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