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Editorial & Opinion

Reingeniería de la honradez

Dr. Mauricio E. Colorado / Abogado

Lunes 15, Agosto 2016 - 12:00 am

OPINIONLa vida política de nuestro país no descuella ante el concierto internacional de naciones por su honorabilidad. Es frecuente encontrar en todos los niveles políticos con casos que de ejemplares no tienen nada. Nos hemos llenado de institutos que supuestamente velan por el interés de la población, pero en la práctica o no funcionan o no les permiten funcionar. Casi a diario se conocen casos que nos deberían dejar  asombrados, pero hemos recorrido tanto que ya nada nos sorprende y lo aceptamos como si las barbaridades contra las costumbres fueran cosa natural.

En las últimas semanas, nuestros organismos de vigilancia deberían tener un trabajo extenuante, pero la realidad es muy otra. Enumeremos algunos casos. La oficina de probidad de la Corte Suprema de Justicia, después de tanto tiempo, tomó cartas en el asunto y advirtió que un sinnúmero de altos funcionarios se han enriquecido en forma alarmante, sin que hasta la fecha hayan podido justificar el acrecentamiento de sus bienes y, por ahora, parte sin novedad.

El tribunal de ética hace análisis de varios casos que les son presentados, pero los casos que han trascendido al público no logran convencer porque los denunciados han sido absueltos, pese a la condena de la vox pópuli. Otro caso, de los más escandalosos, ha sido el de un homicidio causado en un humilde motociclista pero con un vehículo de Casa Presidencial y del cual la oficina responsable, lejos de dar el ejemplo y resolver el caso, actúa como un agente encubridor y evita la responsabilidad en el asunto. Se sabe de funcionarios que, sin ningún escrúpulo y de la manera más desfachatada, abusan de su cargo y nombran a familiares en cargos de la institución que dominan o recomiendan en otra donde ejercen influencia, pese a que el recomendado no cumple con los requisitos para optar al cargo.

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En la Asamblea  Legislativa se han dado casos que solamente en países como el nuestro se pueden dar con impunidad. En otros países, los involucrados renuncian por el solo hecho de que hayan sospechas de mala conducta. El caso del diputado arenero que prestó a un familiar, uno de los vehículos que le ha facilitado la Asamblea para su uso personal (¿cómo puede una persona usar dos vehículos al mismo tiempo?) y que trató de justificar el hecho con una mentira. Por lo menos, ha pedido disculpas públicas, pero ¿cuántos otros casos se dan sin que los que pagamos esos gustitos con nuestros impuestos nos damos cuenta?

El otro caso, en el cual la autoridad hacendaria “antes de que cante un gallo” ya exoneró al culpable declarando que lo hecho no es ilegal, se refiere a los gastos que la presidenta de la Asamblea ha realizado con los fondos para la propia Asamblea. Ella ha querido justificar que lo gastado ha sido para cosas buenas. Lo malo es que, por muy buenas obras sean en lo que se gasta, el dinero no era de ella, ni el destino era para esos destinos.

También debemos señalar que personajes de conocida trayectoria irregular pretenden asumir puestos de importancia en órganos de primer nivel político, debido a arreglos políticos, mas no por capacidad o mucho menos por honradez. Todos estos casos de abuso, despilfarro, inmoralidad y falta de ética rebasan la legalidad y la paciencia de la ciudadanía. La cultura del encubrimiento y el enriquecimiento al llegar a altos cargos se ha impuesto a base de costumbre inveterada y ante falta de castigo.

La corrupción sigue ganando terreno y, cuando hay intentos de detenerla, son las autoridades las primeras en poner el grito en el cielo y de inmediato se escuchan las iniciativas para detener los cortapisas que se desean imponer para evitar los saqueos ilegales de las arcas del Estado. No es única la Asamblea –o por lo menos algunos de sus integrantes– quien sin disimulo han detenido iniciativas de saneamiento de la cosa pública. Incluso amenazaron a una telefónica con cancelarle el permiso de operar. En esta época de crisis financiera urge evaluar seriamente el gasto público y elaborarse una reingeniería de la honradez.




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