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Editorial & Opinion

Repercusiones del Brexit en el país

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

Miércoles 6, Julio 2016 - 12:00 am

OPINIONSi la reciente decisión de la Gran Bretaña, de estar fuera de la Unión Europea (conocida como Brexit), no se revierte con un nuevo referéndum que la haga retornar a la comunidad socioeconómica y política que aglutina a la mayor parte de naciones que constituyen el Viejo Continente, todo hace prever que dentro de pocos meses, o quizás semanas, el mundo entero se verá envuelto en una crisis financiera que los entendidos consideran podría tener las características de un “tsunami económico”,  cuyos efectos podrían afectar duramente a los países latinoamericanos, incluyendo por supuesto al nuestro.

Antes de analizar esos efectos perjudiciales, cabe agregar que la Unión Europea (UE) ha demostrado fortaleza en innumerables oportunidades frente a los retos planteados por situaciones geopolíticas, ideológicas y demográficas, surgidas después de la Segunda Guerra Mundial: el colapso del marxismo-leninismo, la desmembración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), el derrumbe del infame Muro de Berlín y la consiguiente reunificación alemana. Ese panorama histórico quizás haya influido para que comience a crecer con fuerza, especialmente entre los mismos británicos, la idea de que tanto el marco teórico, como las consecuencias presumiblemente positivas del Brexit previamente expuestas por sus impulsores, han devenido en un embrollo de falsedades, de promesas ilusorias y posturas demagógicas, que tienen al mencionado evento decisorio en el filo de la navaja, a tal punto que por todo el Reino Unido y más allá de sus fronteras, el rechazo de la decisión podría ser de tal magnitud que produciría, y así lo esperamos, la convocatoria a un referéndum revocatorio del primero y el mundo contemple, con muestras de alivio y alegría, que Gran Bretaña retorna a ocupar su lugar en el concierto europeo.

De hecho, al nomás anunciarse los resultados negativos de la consulta popular, lo primero que acaeció fue la renuncia de David Cameron, Primer Ministro inglés y el desploma de las principales Bolsas de Valores europeas y otras partes del mundo, arrastrando en su caída las cotizaciones de la libra esterlina frente a monedas fuertes como el dólar estadounidense. Esos aspectos, de alguna manera, comenzaron a generar cierta especie de “pánico” en los negocios bursátiles y petroleros, así como en las transacciones comerciales, aseguradoras y sistemas bancarios. La rápida y oportuna intervención de influyentes líderes europeos como la canciller alemana Ángela Merkel, el presidente Hollande, de Francia, más el respaldo del gobierno de Estados Unidos, han aliviado temporalmente los temores suscitados, pero ello solo significa, a mi juicio, un “necesario compás de espera”, mientras se reconsidera el Brexit y se decide por revocarlo.

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Esta situación para Latinoamérica, en caso no se acordara el retorno de Gran Bretaña a la UE, podría acarrear consecuencias indeseables, pues los intereses para préstamos internacionales se calculan de conformidad al índice Libor, un referente inglés y que, por la baja de la libra esterlina frente a otras monedas, obligaría a una revisión de las tasas respectivas para empréstitos presentes y futuros, que devendría en mayor endeudamiento para las naciones hispanoamericanas, por incremento en pago de intereses por préstamos a cualquier plazo. En el caso salvadoreño, afectaría la enorme deuda externa actual y la colocación de nuevas emisiones de Letras del Tesoro (Letes), lo que podría situar al Estado en condiciones apremiantes para responder a las obligaciones que, por ley, debe realizar en cada administración gubernamental, tal como lo esbozó discretamente don Carlos Cáceres, titular de Hacienda.

Asimismo, siempre respecto a nuestro país, el Brexit vendría a sumarse a las preocupaciones que diversos sectores y entidades le han planteado, en repetidas ocasiones, al gobierno del profesor Salvador Sánchez Cerén, para concretar un pacto fiscal consensuado, reducir el gasto público, mejor control de recursos y otras acciones que redunden en bien común, evitando crear más impuestos, disfrazados artificiosamente de “centaveros” o “sacrificio patrio”.


Es urgente e imperioso que el gobierno, apartándose de ideologías desfasadas, establezca pronto un diálogo sincero y propositivo que tenga, como única mira, evitar que el país caiga a “un precipicio económico”, de difícil retorno a la normalidad.




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