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Editorial & Opinion

Resolución 2236

Juan José Monsant Aristimuño / Exembajador venezolano en El Salvador

sábado 31, diciembre 2016 - 12:00 am

Estados Unidos se abstuvo, por primera vez en la historia, el pasado 23 de diciembre, en la votación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas conformado por 15 países; cinco miembros permanentes: Francia, Rusia, China, Estados Unidos y Gran Bretaña y, diez temporales: España, Japón, Ucrania, Angola, Egipto, Senegal, Nueva Zelanda, Uruguay y Venezuela. Los miembros permanentes son eso, permanentes, no tienen caducidad. Allí estarán hasta que la ONU desaparezca o se crea otra organización. Quizá dentro de algunas centurias, cuando aparezca la Federación en su combate contra los rebeldes de Darth Vader. Y los miembros no permanentes que tienen voz, pero no voto, duran en sus funciones dos años, elegidos proporcionalmente por región geográfica. Así que este año Latinoamérica está representada por Uruguay Venezuela.

Esta fue una reunión y votación extraña. Egipto, por algunas circunstancias, porque tiene relaciones diplomáticas normales con Israel, sometió a consideración del Consejo, hace algunos meses, un pronunciamiento acerca de los territorios occidentales de Israel, concretamente los de Judea y Samaria, y el de Jerusalén Oriental, denominados comúnmente como territorios ocupados desde 1967. Y esta es una de las precisiones que por respeto a la verdad estamos obligados a realizar. Ocupados, no. Recuperados, porque regresaron a manos de Israel luego de la Guerra de los Seis Días, y  la decisión de Jordania de renunciar a esa franja (pero esa es otra historia, la Guerra por la independencia, la de los Seis Días, y cómo y dónde nació la denominación Septiembre Negro).

No hay nombres geográficos más representativos del pueblo israelita, aparte de Jerusalén, como no sean los de Judea y Samaria; ambas regiones, por cierto, muy ligadas al hecho cristiano, a la vida misma de Jesús, y a la esencia del cristianismo (¿quién no conoce la parábola del Buen samaritano?). Y justamente son esas regiones recuperadas por Israel las que hoy son objeto de una ignominiosa Resolución por parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. ¿Y saben quién fue el país impulsor y postulante de tal Resolución? Uno de los Estados de mayor violación masiva de los Derechos Humanos existente en la actualidad, aparte de Corea del Norte y Cuba. Ese país se llama Venezuela, la Venezuela de Chávez, Cabello y Maduro.

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El hecho es que Egipto decidió retirar su original pronunciamiento, motivado por una llamada que hiciere Donald Trump a su presidente, solicitándole esperar a su investidura el próximo 20 de enero. Y Egipto, por cortesía y respeto accedió a ello. Pues, nada, se suspendió la moción.  Y allí aparece Venezuela (que no tiene relaciones con Israel, y niega la existencia del Holocausto) quien junto a Malasia, Nueva Zelanda y Senegal retomaron la moción retirada y la presentaron como propia al resto del Consejo de Seguridad. Y Estados Unidos, la administración Obama, no la vetó, sino que se inhibió, se abstuvo; se declaró neutral, no conoce el problema por lo que no opina, según parece.

Hay quienes afirman que Obama ordenó a su embajadora en la ONU abstenerse en la votación, porque Trump se tomó libertades que no le corresponden aún, como llamar al presidente egipcio. Otros, que se vengó de Benjamín Netanyahu porque el pasado 3 de marzo del 2015, se presentó ante el Congreso de los Estados Unidos invitado por John Bohener, el jefe parlamentario de los republicanos, sin pasar por la Casa Blanca. Pero no lo creo; uno estima que un presidente, de ese nivel, está por encima de pasiones subalternas que comprometen la seguridad de un aliado y la propia.


El hecho es que el Consejo de Seguridad emitió la Resolución número 2334, que quedará en los anales de la historia de esa Organización y de los tiempos melifluos que viven las naciones del llamado mundo libre (las democracias representativas), como uno de los hechos más cobardes y traidores de Occidente. No hay diferencia alguna entre la estrella amarilla que estampaban los nazis en las vestimentas de los judíos, con la Resolución 2334.




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