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Editorial & Opinion

Retomar Acuerdos de Paz

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

martes 24, enero 2017 - 12:00 am

El presidente Salvador Sánchez Cerén en su discurso conmemorativo de los 25 años de la firma histórica de los Acuerdos de Paz de 1992, que pusieron fin a 12 años de guerra fratricida, hizo el llamado a las fuerzas vivas de la nación para “concertar una segunda generación de acuerdos”, idea que, en principio, es loable y digna de considerarse o comentarse, pero que, a nuestro modo de ver las cosas que suceden en el país, nos parece un proyecto que no solucionaría muy pronto los graves problemas socioeconómicos que seguimos afrontando y que, a la postre, impedirían la confirmación efectiva y eficaz de esos probables acuerdos.

Estamos inmersos en un clima de “guerra fría”, motivado en gran parte por los intereses electoreros que se avecinan, además que la patología social de la delincuencia continúa siendo demasiado elevada respecto a la población actual, que se convierte en un elemento desmotivador de las inversiones que nos catapulten a un crecimiento económico sostenible y perdurable, con el cual miles de nuestros jóvenes podrían acceder a empleos bien remunerados que les ayuden a buscar mejores niveles educativos, tanto profesionales como técnicos, bases fundamentales del desarrollo nacional, ya que el mejoramiento de la educación es, precisamente, una deuda pendiente de aquellos acuerdos firmados en el marco imperial del Castillo de Chapultepec, pues pese a los esfuerzos que año con año se hacen tanto presupuestariamente, como en capacitaciones y otros menesteres conexos, los fenómenos de ausentismo, deserción y repitencia en los centros educativos públicos y privados de todos los niveles, acusan siempre altos índices, sin mencionar la nula o escasa calidad de educadores para adentrar el sistema en general a las nuevas exigencias tecnológicas y desechar la enseñanza-aprendizaje de tipo libresco o memorístico, que posiblemente fue aceptable en etapas históricas ya superadas en otras latitudes del mundo moderno.

Mencionar “una segunda generación de acuerdos”, sin que la primera generación se haya resuelto completamente, es querer tapar el sol con un dedo, mientras las causas primarias seguirán latentes o larvarias en un nuevo proceso de consenso y, a la postre, es previsible que reaparezcan con igual o mayor fuerza, impidiendo que la nación jamás salga de este marasmo preocupante de extrema pobreza, educación escasa, luchas por intereses egoístas, etcétera.

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Entendemos la buena voluntad del mandatario al expresar ese deseo, para lo cual la Organización de Naciones Unidas ha manifestado su completo apoyo y conducción, pero no es suficiente, repetimos. Una casa donde falta una base pétrea firme, bien cimentada, será siempre una vivienda débil, expuesta a derrumbarse al menor movimiento sísmico o ante un vendaval de invierno, aunque esté construida con bloques de cemento.

La Patria es nuestra casa y debemos cimentarla tal y como lo exigen las circunstancias que aún no hemos podido superar como los altos índices de delincuencia, la corruptela escandalosa, una educación defectuosa y llena de riesgos, inseguridad jurídica para los inversores y empresarios, deficiente administración de la justicia, irrespeto a la institucionalidad y un largo etcétera que, de continuarlo, nos haría poner “la carne de gallina”, pero que el salvadoreño promedio no solo conoce, sino que, en más de alguna ocasión, lo ha experimentado personalmente. Ya no podemos vivir de apariencias como escribe acertadamente el editorialista de este respetable medio. Han transcurrido 25 años de aquellos Acuerdos, pero por no haberse cumplido a cabalidad, siguen siendo una deuda pendiente de la nación para alcanzar la auténtica reconciliación de la familia salvadoreña.


Analizándolos con mente fría no han perdido vigencia, mucho menos actualidad. Tal vez revisiones honestas y un compromiso formal, auténtico, legítimo y patriótico de contribuir cada quien dentro de su esfera, para que se alcancen definitivamente. No es cosa de buscar nuevos acuerdos, cuando ni siquiera hemos cumplido con los iniciales. Es como querer aparentar que hemos limpiado la casa, pero echando la basura debajo de la alfombra o de las camas.

Apoyamos al mandatario en esta fase, pero haciéndole conocer esta sana observación que confiamos sea analizada, incluso, por el honorable e inteligente diplomático mexicano, don Benito Andión, quien acompaña los esfuerzos salvadoreños desde los días del conflicto. Hechos, no palabras.




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