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Editorial & Opinion

Río revuelto

Jaime Barba / REGIÓN Centro de Investigaciones

martes 15, mayo 2018 - 12:00 am

Se supone que los procesos electorales son la criba para que salten al proscenio los mejores elementos. Pero quizás eso sucede en otras latitudes, porque aquí en muchos casos lo que se tiene en los cargos principales y de decisión es a personajes, para decirlo de un modo amable, de anómalos procederes. Y esto no solo remite a lo que ocurre en la Asamblea Legislativa.

Al establecer la relación entre problemas fundamentales del país y medios y acciones para intervenir sobre éstos a partir del aparato estatal, resulta que hay graves incompatibilidades y en algunos casos irresponsables discrecionalidades. Así, poner en un lado de la balanza los gastos en boletos y en viáticos y en consultorías de las distintas instituciones del Estado (y no solo el Gobierno) y en el otro lado de la balanza uno de los asuntos clave para el país como es el cuido y la protección de la primera infancia, pues lo que queda de este ejercicio no deja de causar escozor.

Tres asuntos atinentes a la primera infancia de seguro pueden ilustrar la cuestión. El primero es que está más o menos contabilizado que, aunque se trata de un secreto a voces, en las escuelas públicas hay cada año cerca de 15,000 estudiantes con cierto grado

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de discapacidad (lo de las escuelas llamadas especiales es otro punto), con cierto nivel de sordera, con baja visión, con efectos psicomotores por efecto de parálisis, con problemas de autismo, entre otros aspectos, y sin embargo es muy poco lo que se hace por todos ellos, si es que algo efectivo se hace.

El segundo asunto es lo que se refiere a la situación de infraestructura de las parvularias. Y en esto hay que señalar que existen diferentes escalas de dificultades, porque los niños y las niñas de las parvularias están distribuidos tanto en las llamadas parvularias puras (donde solo hay parvularia, y que en todos el país son 264 establecimientos), en los centros educativos y en los complejos educativos. Otra cuestión sería considerar lo correspondiente a educación inicial (que es asumida por las parvularias) y los seis grados del primer ciclo.


El tercer asunto que tiene al centro a la primera infancia es el que remite a la situación de las escuelas públicas llamadas uni-docentes (que son 478), bi-docentes (que son 791) y tri-docentes (que son 619), y que en un porcentaje significativo se encuentran en la franja norte del territorio nacional (norte de Santa Ana–Metapán—, Chalatenango, Cabañas, San Miguel y La Unión) y cuya situación, en todo sentido, lo menos que puede decirse es que es dramática y casi de callejón sin salida si se siguen haciendo las cosas como hasta ahora.

Por supuesto que esta información no es importante para quienes deciden sobre estos asuntos, ya que sus agendas van por otro lado.

El malabarismo verbal es lo que permite jugar, sí, jugar con las ilusiones ciudadanas. Y esto abarca a todo el andamiaje estatal, no solo al gubernamental.

De ahí que no sea temerario decir que la vida política del país se encuentra en un grave estado de bochorno.

Un hecho que retrata de cuerpo entero a los dos grandes partidos políticos es lo referido a la elección de sus candidatos presidenciales, como sería el caso de Alianza Republicana Nacionalista, ARENA, y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN. Casi que no pueden ocultar los vicios y las mañas tendientes siempre a rehuir la vida en democracia, no obstante que se proclamen sus preclaros adalides.

El ex precandidato presidencial de ARENA, Javier Simán, después del 4 de marzo hizo saber su inconformidad no solo con el resultado adverso que obtuvo, sino con los mecanismos y ardides empleados por el equipo de campaña del otro precandidato que al final salió electo.

El FMLN, por su parte, tuvo que echar marcha atrás en la decisión cupular adoptada meses atrás al designar a su candidato presidencial sin deliberación de sus bases.

En fin, la publicidad electoral siempre trata de mostrar que el futuro grácil y technicolor nos espera a la vuelta de la esquina, cuando en realidad lo que vive la sociedad salvadoreña en su conjunto es un río revuelto de emergencias por todos lados.




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