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Editorial & Opinion

Rumbo al desastre

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

sábado 4, febrero 2017 - 12:00 am

Como nación, estamos atravesando por un cataclismo sin precedentes, donde existe una descomposición social, un problema endémico de bajo crecimiento económico y una tasa de mortandad implacable, y nuestros gobernantes no han realizado lo pertinente, aunque nos encontramos en una jungla llamada El Salvador; para muestra un botón: hasta el 31 de diciembre del 2016, hubo un aproximado de 5,280 personas asesinadas (leve reducción). Estas cifras ponen a El Salvador como uno de los países más violentos del mundo, con una tasa de 80 homicidios por cada 100,000 habitantes, según organismos internacionales.

Claro que todo ello nos lleva a la otra parte de la moneda, que debe analizarse para buscar respuestas a tanta violencia que ha llenado de luto a miles de familias salvadoreñas en el 2016. No obstante, aunque tratemos de explicar las posibles causas, siempre nos quedaremos cortos al dar un veredicto sobre la violencia. Sin embargo, es evidente que la desigualdad, la desintegración familiar, la falta de valores, las pocas oportunidades educativas, la falta de fuentes de empleo y la ausencia de Dios en los hogares, han sido los detonantes de la descomposición social que nos tiene a todos de rodillas ante el flagelo pandilleril.

Según el Informe Mundial sobre Desarrollo Humano, presentado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), explica que el 27 % de los salvadoreños entre 15 a 29 años de edad, están desempleados y no estudian. Por lo tanto, carecen de oportunidades reales para aportar sustento al núcleo familiar, esto significa que la mayoría de estos jóvenes que viven en zonas de alto riesgo, la mejor alternativa que tienen es delinquir o convertirse en pandilleros. Así mismo, el informe señala que el 8.7 % de niños y adolescentes –entre cinco a 17 años de edad– trabajan, es decir, están en el grupo del trabajo infantil.

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En consecuencia, la mala administración de los recursos públicos, la corrupción y la falta de oportunidades, se han conjugado para crear desigualdad que genera malestar y descontento entre la población más necesitada y de ahí la descomposición y la generación de violencia. Por lo tanto, el Gobierno del FMLN, debe dejar el discurso confrontativo que ha venido manejando desde hace siete años con la Empresa Privada, y trabajar conjuntamente con ella, para crear las oportunidades hacia los sectores más vulnerables, que a su vez generarán productividad y riqueza para El Salvador. Claro que para ello se requiere de voluntad política y apostarle a la educación.

De manera que la productividad está conectada con la inversión en la educación, es decir, que entre más preparamos axiológica y académicamente a las nuevas generaciones, más oportunidades tendremos como país de competir en otras latitudes, lo que al final se traducirá en generación de riqueza y crecimiento económico y coadyuvará en el cierre de la brecha de la desigualdad, fortalecerá a la familia, bajará los niveles de violencia y habrá mejores oportunidades de desarrollo.


Dicho esfuerzo no lo logrará el Gobierno, actuando como llanero solitario, se requiere introducir a todas las fuerzas vivas de El Salvador, incluyendo la visión académica de los rectores, para que creemos algún día “el sueño salvadoreño” para que nuestros compatriotas ya no sigan emigrando hacia EE.UU. Pero también se requiere que el Gobierno central elimine de su agenda la visión partidaria e ideológica y que comience a trabajar para todos los salvadoreños y no únicamente para sus correligionarios del FMLN.

Digo lo anterior porque las circunstancias actuales con EE.UU., no permiten que el Gobierno del FMLN esté jugando con el estatus migratorio de miles de compatriotas que residen de forma ilegal en ese país, solo por defender una ideología; por lo tanto, es un craso error estarnos peleando con el Gobierno del presidente Trump, ya que nuestra economía depende de las remesas familiares y de toda la ayuda directa que recibimos de los EE.UU. Por ello es importante que pongamos las barbas en remojo y que el Señor Presidente Sánchez Cerén, vaya a cabildear lo más pronto el TPS.




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