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Editorial & Opinion

San Salvador es un caos vial por doquier

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 19, septiembre 2017 - 12:00 am

Circular en vehículo en la capital salvadoreña se ha convertido en un verdadero calvario. Congestionamientos por doquier, calles cerradas por trabajos de la alcaldía municipal o del gobierno central, bloqueos por marchas o manifestaciones, ausencia de policías de tránsito en lugares estratégicos y una cantidad interminable de baches. Realmente se necesita extrema paciencia y mucha tolerancia para circular por San Salvador y el resto de la zona metropolitana.

A simple vista la gravedad del problema la genera el exceso de vehículos circulando a toda hora. Ya no hay horas picos, pues los congestionamientos son graves todos los días, excepto los domingos, desde las 5:00 de la mañana hasta las 8:00 de la noche.

Digo a simple vista, porque es un problema que a pesar de la gran cantidad de vehículos, algo se puede remediar con una planificación constante y adecuada a las condiciones de la gran ciudad; sin embargo, es precisamente planificación lo que a mi juicio hace falta para ordenar la capital y los municipios vecinos.

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Actualmente la zona metropolitana es un caos en cuanto a circulación vial. Pareciera que entre la alcaldía municipal de San Salvador y el gobierno central no hay comunicación. Cierran todas las calles del centro histórico capitalino y ni siquiera asoma un plan de contingencia que coyunturalmente ayude a hacer menos crítico el problema vial en ese sector. Es cierto que se necesita cerrar las calles del centro histórico por los trabajos de cableado subterráneo, pero pareciera que no avanzan lo suficiente y que se desaprovechan los horarios nocturnos para acelerar esas obras.

San Salvador es una ciudad pequeña, con calles estrechas tomadas por las ventas informales. Cualquiera coloca barriles con cemento, conos, piedras o cualquier otro tipo de barreras para tomarse un carril y estrechar aún más las calles y avenidas. Las autoridades edilicias y centrales, pareciera que no buscan enfrentar este problema y ante la vista de todos cada vez los accesos son más angostos por todos lados.


Por supuesto, los conductores contribuimos mucho con el desorden, ya que cualquiera se estaciona donde le da la gana, tomándose aceras y obligando a los peatones a caminar sobre los carriles. Muchos, irresponsablemente circulan en vehículos en mal estado, especialmente los buseros y microbuseros, generando accidentes o vehículos quedados a media calle. Un automotor varado o un accidente a media calle significan miles de dólares en pérdidas porque genera trabazones, atrasos, gastos de combustible de los cientos o miles de vehículos afectados por el grave congestionamiento.

Nada apunta a que los congestionamientos terminarán, ni con la ampliación vial que se efectúa en algunos sectores. Todo indica que el ingreso de vehículos al país no se detendrá. Cada vez ingresan más vehículos usados, de tal manera que por uno nuevo se importan tres usados, lo que implica que cada vez hay que ir mejorando la planificación vial. Probablemente se llegue al momento en que la circulación de automotores se defina por color o por número de placa, pero para ello se debe contar con un sistema de transporte colectivo adecuado y no con buses chatarras que son un peligro latente y cotidiano para pasajeros, conductores particulares y peatones.

El Viceministerio de Transporte no da muestras de planificación. Pareciera que el caos vial ha superado sus capacidades de planificar. Ofrecen vías alternas que luego se vuelven inviables por la saturación y el mal estado de la red vial.

Es rara la calle o avenida que no esté llena de baches. El Fondo Vial (Fovial) que pagamos por el combustible no se ve reflejado en la reparación de las calles. Estamos en época de lluvias, pero eso no es justificación para tener quebradas en vez de calles. El mal estado de la red vial aumenta los congestionamientos, además de generar graves consecuencias en los vehículos que se traducen en gastos que deterioran las economías domésticas.

La planificación no se reduce a cambiar horarios de los empleados públicos u ofrecer rutas alternas que no funcionan. Planificar requiere una plena coordinación entre las autoridades centrales y municipales, aplicar el reglamento al pie de la letra, educación vial, regular con eficiencia el transporte colectivo, mantenimiento efectivo de calles y avenidas y desde luego mucha voluntad y capacidad. Especialmente esto último.




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