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Editorial & Opinion

Se fue el TPS

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 10, enero 2018 - 12:00 am

No había que ser sabio o adivino para pensar que el TPS iba a llegar a su final, con o sin mucho espacio para arreglar papeles, es un hecho que terminó para bien, con un espacio de 18 meses en el que los afectados pueden tomar nuevas decisiones o aprovechar al máximo la oportunidad antes de volver al país.

El TPS fue otorgado en 2001 como apoyo a los salvadoreños por los daños provocados por los dos terremotos, y su validez se prorrogó 12 veces; fueron 17 años que se nos ayudó a un buen número de personas ilegales, se les permitió vivir y trabajar mientras durara el permiso.Nunca, y la ley es clara,  el TPS podía ser considerado  una obligación ni algo permanente y mucho menos un pre-estatus migratorio o favorecerlo, simplemente es un permiso temporal, que depende de la decisión del presidente de los Estados Unidos, quien a modo de caridad o de benevolencia lo concede a países o personas bajo condiciones de necesidad.

Se terminó y punto; 195 mil o más salvadoreños que no tienen ninguna otra forma o posible método de legalización lo utilizaron y es hora de volver a casa o de buscar otro apoyo legal para quedarse más tiempo o por fin legalizarse, pero esos son otros 5 pesos, en el problema. Ahora estamos escandalizados porque Trump decidió terminarlo, pero considerando su realidad política y el cumplimiento a sus votantes, hace lo que le conviene: aplicar la ley y lo que esta le faculta. Por eso no estoy de acuerdo en achacar al gobierno de Estados Unidos una responsabilidad moral sobre la decisión, porque al final el problema de los migrantes no es del país que los recibe, sino del país que los expulsa, es responsabilidad de nuestro gobierno, el de turno, y de los que pasaron y lo será del que viene, el velar porque la población tenga en la migración el último recurso para garantizarse su existencia, es una responsabilidad de nuestros gobernantes.

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En El Salvador llegamos al límite, 80 o 90 % de los ciudadanos piensan en migrar, en irse, en buscar otro lugar para hacer su vida, esa es la verdad y ¿es culpa de quién?  No puedo yo exigir a un pueblo como Estados Unidos o Canadá o cualquier otro hacerse cargo de mis problemas, cuando en mi país el presupuesto General de la Nación creció por voluntad del gobierno en $500 millones más, cuando en mi país la decisión ha sido endeudarse hasta el 65 % del PIB, no puedo yo culpar a la comunidad internacional o aspirar a la caridad del vecino, mucho menos obligarlo a que como tiene más me solucione mis problemas. Eso es lo que muchos creen que debe suceder, nos llenamos la boca exigiendo derechos y exigiéndoselos a los demás, pero, ¿qué hicimos en estos 17 años para que los daños del terremoto, de la guerra, de la violencia, de la pobreza se minimizaran? Si agregamos a eso la corrupción, el uso del recurso público para beneficio particular, justo es y hasta poco pensar en que el TPS podía terminar.

La migración destruye nuestras familias y rompe nuestra identidad, pero nos conformamos en ese daño contra los $4,500 millones al año que recibimos de remesas, es como conformarse a vivir de lo que otro produce. Aceptémoslo: nos volvimos de alguna manera parásitos de la economía estadounidense.


En este sentido, siempre veré el tema como la mejor oportunidad para el país y le agradezco a Trump movernos el piso, causarnos este daño, porque nos empuja a matar nuestra vaca como lo indica el libro del famoso Dr. Camilo Cruz, de algo malo solo puede venir una oportunidad  y esta nos la está poniendo el tema TPS en bandeja de plata. Este es el momento del liderazgo real del país, principalmente, el liderazgo empresarial que es donde se forman los empleos, la inversión, la innovación, la investigación, es donde está el capital que puede mover las cosas, este es su turno. El gobierno y los políticos están vencidos en sus teorías y definiciones, es hora de tomar la batuta y empujar las políticas públicas para la producción, generar y no importar, revisar el tema de la creación de empresas, de la educación para el desarrollo, es el momento de las universidades privadas, de hacer más que solo ganar y acumular fortuna, es momento de parar un poco el consumo comercial y pensar en desarrollar el consumo productivo; es decir, producir lo nuestro y consumir lo nuestro, debemos sentarnos no a llorar porque se terminó el TPS, sino a pensar y actuar para que ya no haya esa visión de migración generalizada como solución. Es momento de hacer y de sumar, como también de los políticos para tirar a la basura sus libros viejos, sus ideologías de retraso, sus utopías sociales y abrirse paso a la economía social de mercado como solución general, de lo contrario preparémonos para la próxima revolución que no será más que la anarquía total.




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