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Editorial & Opinion

Shithole: una enorme falta de respeto

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

miércoles 17, enero 2018 - 12:00 am

El presidente de la República presentó una protesta firme ante el Departamento de Estado. Ha hecho lo correcto.

Me alegro y lo felicito por su pronta reacción.

Aunque fuera cierto que somos una región desgraciada, no puede aceptarse, permitirse, consentirse semejante falta de respeto.

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Este detestable insulto de un desquiciado debe, también, ponernos a pensar por qué alguien puede tratarnos así, a nuestro pequeño país que lo llevamos en nuestro corazón, que queremos tanto. ¿Por qué prefiere a los noruegos que a nosotros? ¿Será que lo merecemos?

No, ni nuestros índices económicos paupérrimos, ni nuestro porcentaje de pobres, ni los altos índices de delincuencia pueden justificar para que un presidente de una nación hermana nos llame así. No se puede dejar pasar.


Obviamente Donald Trump no representa a todo el pueblo estadounidense, es decir, en el sentido político administrativo sí, pero no en su pensamiento, así que no hay que embadurnar nuestro desprecio sobre toda la nación del Norte. No, eso sería un error, pero sí representa en cuerpo y alma a ciento de miles de personas que votaron por él, porque se dejaron convencer por su discurso, en buena parte xenófobo. Eso es preocupante.

En cuanto a nuestra defensa podemos decir de todo: que su familia es migrante, que necesitan de nuestros brazos, que aportamos al desarrollo económico, que hacemos los trabajos que ellos no quieren hacer, etc., también que con esa labor sacrificada nuestros compatriotas proveen a muchas familias acá en El Salvador, que de otra manera no podrían afrontar sus necesidades. Naaa, de nada sirve, pero sí sirve pensar qué motiva a ese señor a expresarse de nosotros así, precisamente de El Salvador (no hablaré de Haití). ¿Por qué nos tiene en la cabeza, en la punta de lengua? ¿Por qué cuando pensó en un país de mierda tuvo que pensar en nuestro país?

Hay una razón, solo una a la que me debo referir: las maras.

Pareciera que el país les está devolviendo a lo que ellos nos enviaron a finales de los 80 y principios de los 90: pandilleros formados con las más duras reglas de las calles de Los Ángeles. Ahora se los estamos reenviando, pero más peligrosos, preparados, sádicos y, sin duda mejor, organizados.

Las muertes que se han dado allá ordenadas desde acá en El Salvador. El brazo de la negra justicia pandilleril ha alcanzado al territorio gringo. ¡Eso es poder de organización! Ahora la guerra salvadoreña se ha extendido a los Estados Unidos.

Esto a nadie le agradaría, y por lo tanto, tampoco a los estadounidenses, tanto así que mejor ellos y no nuestras autoridades ya los declararon a los pandilleros como una organización terrorista, criminal, internacional. ¿Qué pasa que acá no hemos hecho lo propio?

Hoy leía la noticia que una de las pandillas está extendiendo su “labor” extorsiva hacia la colonia Escalón. En esa noticia leía algo que ya sabemos de hace ratos, que estos sujetos extorsionan incluso a las vendedoras de canasto, a los vendedores ambulantes, a micro empresarios, taxistas independientes; o sea, son un cáncer terrible para lo que, es por demás, El Salvador ya no tiene solución alguna. Ahora los candidatos de ambos partidos políticos se sientan a negociar con ellos, a pedir permiso para que los dejen hacer campañas, y sin duda el TSE también ha de pedir permiso para que le dejen llevar sus urnas en ciertos territorios conquistados, colonizados, desarrollados por las maras.

Eso es el acabose. Si eso es lo que ahora exportamos a los Estados Unidos, es decir, mareros que van a ejecutar órdenes o que se van huyendo para que no los maten los de sus mismas clicas, pero a continuar su modo de vida, entonces no hay por qué extrañarse, siendo ya un problema nacional en los Estados Unidos, que nos haya embolsado a todos en su desgraciado calificativo.

Nada justifica al señor del peluquín dorado a tratar despectivamente a ningún país del mundo, pero es, reconozcámoslo, su estilo, no solo trata mal a Haití ni El Salvador, sino a muchos países, a sus presidentes. Este señor, quien es el Hugo Chávez gringo, tiene problemas de incontinencia cerebral.




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