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Editorial & Opinion

Si se humillare El Salvador ante Jesús

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal.y de negocios

Editorial & Opinion | Diario El Mundo

Sábado 8, Abril 2017 | 12:00 am

Estamos por celebrar la Semana Santa en todos aquellos países que confesamos el cristianismo como un estilo de vida, lo cual representa la pasión, muerte y resurrección de nuestro glorioso Señor Jesucristo. Aunque la fecha de su celebración no es exacta a la Pascua Judía, lo importante es recordar el sacrificio que Jesús hizo por la humanidad para que se cumpliese lo dicho en las escrituras: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16.

De modo que el recordar el sacrificio significa no olvidar cuál es el propósito de Jesús, que es salvar a la humanidad de toda inmundicia, avaricia, hedonismo, fornicación, adulterios, hechicerías, borracheras, drogadicciones, orgías, idolatría, homicidios, extorsiones, corrupción, robos, insensibilidad, miseria y todo aquello que se opone al bueno de Dios. Evidentemente en nuestro país vivimos a diario todos estos males que están incrustados en los corazones de todos aquellos malos ciudadanos que han amado más las tinieblas que la luz.

Es decir, que han permitido que el mal gobierne sus mentes, por ello vemos algunas personas con gran acumulación de riquezas, pero insensibles ante la necesidad de los demás compatriotas y en lugar de pagar salarios dignos prefieren la explotación, apropiándose de la mano de obra de forma indebida. No obstante, existen buenos empresarios que sí gustan de compartir sus riquezas con los más necesitados, pero son pocos y en vías de extinción; así también tenemos profesionales aprovechándose de sus conocimientos para venderlos al mejor postor y no faltará uno que otro en inventar problemas para incrementar el cobro de sus honorarios.

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Lo mismo ocurre con algunos funcionarios públicos de primer grado, segundo grado, hasta llegar al empleado público, que corrompen sus áreas de trabajo, haciendo tráfico de influencias, nepotismo, mal trato al público, sobre todo a las personas de humilde condición. Pero cuando se trata de hacer contrataciones, mueven mar, cielo y tierra para que contraten a sus aliados más próximos, dejando sin empleo aquel salvadoreño que se ha preparado académicamente y tiene las competencias para optar al puesto, pero lamentablemente no tiene el padrino en el Gobierno para ser contratado.

O sea, que los actos de corrupción ocurren en todo nivel y en toda organización, sea privada, pública o sin fines de lucro, como las iglesias y las universidades; por ello el Señor Jesucristo nos mandó que: No hagamos tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

En consecuencia, los grandes problemas de El Salvador, como: la violencia, desigualdad, insensibilidad, corrupción, adulterio, fornicaciones y vicios, nacen por haber abandonado los principios bíblicos y el haber sacado a Jesucristo de las aulas escolares y de los hogares. Por ello se tienen generaciones que no tienen temor de quitarle la vida a otro ser humano o robarle la fuerza de trabajo a su prójimo; porque desconocen que Jesús ha ordenado que nos amemos unos a otros, sin importar las diferencias que podamos tener.

Entonces, la única solución que tiene El Salvador para salir de la violencia, es cumplir lo que dice 2 Crónicas 7:14: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”, ésta fue la oración que hizo el Rey Salomón, donde pidió a Dios misericordia por los pecados del pueblo.

Dios contestó con cuatro condiciones para el perdón: humillarse y admitir los pecados, orar a Dios pidiendo perdón, buscar a Dios continuamente y volverse de los malos hábitos. El verdadero arrepentimiento es algo más que palabras, es un cambio de conducta. Ya sea que pequemos individualmente, como grupo, o como nación, el seguir estos pasos nos llevará al perdón y a la prosperidad como nación. Ruego a Dios para que el pueblo y nuestros gobernantes reconozcan que sin Jesucristo no somos nada.



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