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Editorial & Opinion

Sin vuelta atrás

Juan José Monsant Aristimuño / Exembajador venezolano en El Salvador

sábado 14, enero 2017 - 12:00 am

El pasado 2 de enero Cuba celebró por todo lo alto un Desfile Militar y Marcha del Pueblo Combatiente, en la Plaza de la Revolución José Martí. Todas las fechas agrupadas en una sola que perpetúan el 58 aniversario del Triunfo de la Revolución; entre ellas el desembarco del grupo de guerrilleros que transportó el yate Granma desde México, hasta la costa oriental cubana el 2 de diciembre de 1956, donde pusieron pie en tierra, entre otros, Fidel, Raúl, Juan Almeida, Camilo Cienfuegos y el Che Guevara.

Desde su entrada triunfal en La Habana el 8 de enero de 1959 Fidel gobernó 58 años continuos como líder y jefe único de Cuba, sin Congreso, Corte de Cuenta ni Tribunal de Justicia (independientes, se entiende). Recuerdo que, con la ingenuidad de aquellos años, se afirmaba con mucha convicción que Fidel tumbó al dictador Batista para luego convocar elecciones libres y plurales e instaurar la democracia definitivamente en la Isla, sin enmienda Platt ni nada por el estilo. ¡Qué barbaridad!

Ahora se cuentan por centenas los Granma, ya no en calidad de yates, sino de balsas precarias, que salen del Oriente y el Occidente de Cuba, para encallar en las costas de Florida o de Veracruz, en busca de una libertad que no conocen, y que apenas han oído hablar de ella.

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Pero volvamos al Aniversario, celebrado bajo el estigma de un nuevo período especial anunciado por el propio Raúl en su mensaje a la nación. Claro, ante la imposibilidad de Venezuela de continuar enviándoles las remesas mensuales de petróleo para el consumo y venta externa del hidrocarburo, solo le queda a él y su petit comité, apelar al pasado para resistir los embates de una realidad, que hace efervescencia.

Inmenso el desfile, precedido por una copia del yate Granma escoltado por  niños pioneros, la caballería mambisa en recuerdo de la guerra contra España y, por supuesto, los tanques, blindados y cohetes de los tiempos soviéticos (imagino que muchos renovados de la época de chavez, que hizo del armamentismo su razón de ser, y no pocos enriquecimientos repentinos) y detrás, a paso de ganso, como debe dar todo militar que se precie de tal, el ejército de tierra con sus AK-47 terciados al pecho, y la unidad de francotiradores con sus fusiles Dragunov 7.62mm, mira telescópica PSO-1 y apagallamas de salida, entonando cánticos de guerra. Y acá me detengo:


“¡Obama, Obama! Con cuanto fervor quisiera enfrentarme a tu torpeza, para hacerte una limpieza con rebeldes y morteros, y vamos a hacerte un sombrero de plomos en la cabeza”.

El que antecede era el estribillo que entonaban los soldados al pasar frente a la tribuna del alto mando militar e invitados extranjeros. Y ante tal despropósito uno se pregunta ¿Justamente con Obama, el presidente norteamericano que extendió la mano al régimen cubano para dejar atrás la guerra fría, e intentar incorporar a su pueblo a los beneficios de la libertad? ¡Qué horror!, me dije. Como que tienen razón los cubanos exiliados de la primera generación, al no creer que los gestos y acciones de Obama, al ofrecer un puente de plata, tendrían respuesta adecuada.

Siguiendo esa línea de reflexión, en la noche, Jaime Bayle entrevistaba al joven escritor cubano, fotógrafo y bloguero como Yoani Sánchez, disidente él, varias veces detenido, que llamó mi atención por su verbo y claridad expositiva, Orlando Luis Pardo Lazo, quien presentaba su último libro “Del clarín escuchad el silencio”, sobre la actual realidad cubana.

Según él, ni Raúl Castro ni el Comité Central del Partido Comunista tienen la intención de abrirse a la democracia, el insolente canto fúnebre había sido el mensaje. En Cuba, continuó, solo en la unión de todas las expresiones de lucha por la libertad, y la toma de la calle, podría culminar en la aceptación de un referéndum bajo control internacional. Se detuvo unos segundos, lo pensó y afirmó: en realidad, lo que pase en Cuba o en Venezuela dependerá de los intereses del juego internacional de las grandes naciones, ellos decidirán a quien sacrificar. Esta conclusión da que pensar.




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