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Editorial & Opinion

Smartmatic: ¿Nos quieren dar atole con el dedo?

Sherman Calvo / Publicista

viernes 9, marzo 2018 - 12:00 am

Cuando un 74.8 % de los entrevistados por el IUDOP expresó tener “poca o ninguna confianza en las elecciones”, y un 76.7 % menciona, de forma similar, que el TSE le merece “poca o ninguna confianza”, era imprescindible que el TSE transmitiera al público con más frecuencia y precisión,  los avances de las elecciones. Afectar la oportunidad que nos da el sistema político para elegir a nuestros representantes, por un “error humano” o de algoritmo, no hizo más que perjudicar la confianza en los resultados de preferencia por rostro.

Por un lado, se hace un esfuerzo colosal en llamar al deber cívico y que la sociedad se involucre, que salga a votar y contribuya con el éxito de la jornada electoral, y por otro lado, Smartmatic, lejos de ser la solución, se convierte en el problema que no permitió a todos los actores involucrados validar la exactitud de los resultados en cuanto a las marcas por rostro.

Ahora bien, ¿quién es Smartmatic? Según diferentes fuentes, una de ellas  BorderPeriodismo, Smartmatic fue fundada a fines de los noventa en Venezuela, aunque su domicilio legal original fue fijado en Delaware, EE.UU. –considerado en muchos aspectos un paraíso fiscal–. Su primera intervención en procesos electorales se llevó a cabo en 2004, en el referendo revocatorio realizado en Venezuela, donde Chávez obtuvo un 58 % de votos favorables. Smartmatic por los tres primeros contratos, facturó 120 millones de dólares. Sus vínculos con el chavismo despertaron las sospechas del gobierno de los Estados Unidos, que quedaron reflejadas en un cable de julio de 2006 –filtrado por WikiLeaks–  enviado por la embajada estadounidense en Caracas, en donde concluyen: “Smartmatic es un enigma. La empresa salió de la nada para llevarse un contrato multimillonario en un proceso electoral que en última instancia reafirmó el mandato de Chávez y destruyó a su oposición política”.

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En 2008, Smartmatic ingresó al mercado electoral de Filipinas y, a pesar de múltiples advertencias y denuncias sobre los problemas de seguridad de sus sistemas, varios magistrados terminaron acusados por “acceso ilegal, interferencia en los datos e interferencia en los sistemas”.

En el sitio de Smartmatic encuentro dos principios: “Transparencia: Las elecciones son la piedra angular de la democracia, ya que dan voz a los ciudadanos y otorgan a los funcionarios electos legitimidad para gobernar. Por esta razón nos esforzamos para diseñar soluciones electorales que permitan a todos los actores involucrados validar la exactitud de los resultados. Integridad: Con nuestra tecnología comisiones electorales de todo el mundo han contado más de 3.700 millones de votos sin una sola discrepancia. Las ayudamos a reforzar la participación, hacer más accesible la votación, ofrecer resultados oportunamente y agilizar la logística de las elecciones”.


¿Adónde quedaron esos principios de TRANSPARENCIA e INTEGRIDAD con el gravísimo error que cometieron en El Salvador? ¿Nos quieren dar atole con el dedo?,  cuyo  significado popular es “embaucar, engañar, defraudar”, conformarse con lo poquísimo que alguien te comparte. Esto ubica al “que te da el atole” como un abusador que se aprovecha de la falta de conocimiento en determinada materia. No podemos ser conformistas, nos ha costado tanto avanzar en democracia  como para  tragarnos la excusa que ha venido a oscurecer el proceso electoral, afectando la confianza que anhelamos los salvadoreños al ejercer nuestro derecho al voto.

Smartmatic dijo que fue un error humano, pero en otros lados se ha dicho que es un error en el algoritmo del sistema; pero a mí no me convence, porque es una falla de lógica terriblemente mal aplicada, como hecha por un principiante, o en su defecto, hecha adrede por alguien que sabía que eso podría distorsionar los resultados. Y si fuera error humano, entonces se trataría de un sistema “patojo” que necesita que se ingresen datos con el dedo y sin un procedimiento que se encargue de disminuir el riesgo por la manipulación directa de datos. Cierro este artículo con el tweet del periodista William Meléndez: “El error de Smartmatic y del TSE tiene consecuencias cascada: creó falsas expectativas, erosionó la legitimidad de los ganadores reales y, peor aún, debilitó más la creencia en la democracia. Deben investigar y deducir responsabilidades. No basta una declaración de culpa!”




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