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Editorial & Opinion

Sociedad civil y partidos

Rafael Domínguez / Periodista

jueves 26, julio 2018 - 12:00 am

Los partidos políticos están en su peor crisis existencial de la historia, no solo porque la gente ha dejado de creer en todo lo que dicen, sino que haberles dado el apoyo en el pasado no significó beneficios en el presente; pero además de la falta de credibilidad o de legitimidad, los partidos atraviesan como resultado subsecuente una crisis de liderazgo, no tienen en sus filas gente con las capacidades y con las credenciales para presentar candidaturas.

Es triste ver que los partidos políticos tengan que disfrazar esa crisis en argumentos como “apertura a la sociedad civil” que es ilógica y contraria al espíritu bajo el que los partidos políticos son creados, ya que todo partido nace o se supone debe nacer de la sociedad civil que se organiza, que responde a un ideario común en función de alcanzar el poder político y los cargos de elección popular por medio de sus miembros, que representan ese ideario y tienen como propósito enamorar al votante y convertirse en opción de respuesta a los problemas de la mayoría. Pero cuando un partido dice que recurre a foráneos u outsiders significa que ha dejado de verse atractivo y que desde sus entrañas no tiene o ha perdido las capacidades políticas para ser atractivo.

Las actuales candidaturas presidenciales y vicepresidenciales demuestran esa falta de liderazgo y todos los candidatos hacen esfuerzos por alejarse del contenido filosófico programático de los partidos que les empujan, como quien no quiere contaminarse de algo, o asimilando como punto necesario para ser “candidato ganador” el ser menos partidario. La crisis es tremenda, ya que un partido debe sentirse lleno y representado por sus candidatos a los que les dará toda la maquinaria electoral para hacerlos ganar, pero tal parece que algo ha cambiado, estos candidatos son incluso antipartidos, son personas que no creen en los partidos, que los han cuestionado y no se sienten ni parte ni lo han sido.

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La situación es delicada, pues según la Constitución son los partidos políticos los medios para alcanzar el poder, pero los candidatos no son parte de ellos; entonces ¿en manos de quién está el futuro político del país? ¿Podremos culpar a los partidos si algo sale mal? Por otro lado, los pocos candidatos partidarios, es decir, que provienen de las filas del partido que son personas que de una u otra forma han avanzado en su liderazgo político, están tan manchados que solo de verlos querer subir un peldaño adicional para el votante solo significa “más poder para robar” “para corrupción” complicando todavía más el futuro de los partidos y de esta legitimidad a la que me he querido referir.

De no cambiar esta historia, la crisis podría llegar o desatar una anarquía difícil de contener, que es algo de lo que ya se alimenta una de las candidaturas, que está usando a los partidos como mecanismo para entrar, pero está claro que no obedece su visión a ningún contenido político establecido y que su posición antisistema le hace ver como un ajeno, aunque no lo sea, porque la gente no quiere votar por partidos, no al menos por los viejos conocidos. Hay también que pensar en la posibilidad de abrir las candidaturas independientes para la presidencia, porque si funcionan para lo legislativo ¿por qué no para la presidencia? Eso aliviaría la crisis y justificaría con más razones democráticas el que se busquen candidatos que no sean parte del abanico partidario, ese abanico cada vez más reducido y como siempre limitado por un TSE dominado por los mismos que debe juzgar.


Mientras hago estas valoraciones se vuelve difícil poder definir por quién votar, porque algunos de los candidatos incluso son contrarios a los valores y principios de los partidos que acompañan, algunos ya contrapuntean a sus cúpulas y organizaciones con tal de no verse como parte de, lo cual entusiasma pero complica sobre la representatividad; otros candidatos aparecen en escena pensando en el negocio de la segunda vuelta, porque no son suficientemente fuertes para competir por ganar, pero siempre buscando el negocio del poder y eso tampoco facilita la decisión.

La pelea electoral se volvió en este momento sobre el sistema, sobre las componendas, sobre las tranzas, sobre el TSE que es inefectivo y sobre la justicia que es manejada por los intereses, por ello la campaña deberá ser suficientemente buena para mover el voto, pues creo que tendremos un votante más informado y más consciente; sin duda será necesario un poco más que tamales y láminas para ganar, pero después de esto espero haya reflexión en los partidos políticos para modificar el sistema partidario y las leyes electorales,  reflexión para comprender que como van las cosas si no hay cambios tendrán todos amotinamiento y revoluciones, salvo que permitan que la historia los abrace para abrir las puertas y dejar que los ciudadanos regresen a creer en que es por medio de estos instrumentos como se hace la democracia.




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