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Editorial & Opinion

Solo los jueces electorales independientes le sirven a la democracia

Roberto Meza / Colaborador

viernes 16, marzo 2018 - 12:00 am

Los tribunales electorales sin autonomía, no le sirven al país ni a la sociedad. Lo dicho es válido para que la democracia avance y se cumpla lo que anhela la sociedad.

Es necesario que se garanticen elecciones libres y auténticas, y para que eso ocurra, es necesario que los jueces o magistrados electorales actúen con independencia y autonomía, que no exista ninguna intromisión ajena a su función y que el Estado les garantice condiciones de libertad en su actuar y no se les trate de presionar, difamar o menoscabar injustamente en su tarea.

A la democracia, solo le sirve un magistrado auténtico, que piense y trabaje sin presiones. Esta garantía de independencia, exige que el juez electoral no deba estar preocupado porque le llamen o le insinúen para que resuelva en tal o cual sentido, o que esté preocupado por cualquier situación ajena a su responsabilidad. De hecho, el juez que tenga este temor no debe estar en el cargo. El Estado y los actores políticos, tienen que ser muy respetuosos de su labor, pues ninguno de estos magistrados sin independencia, le sirven a la democracia.

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¿Preguntémonos cómo califica la sociedad civil a nuestro Tribunal Supremo Electoral? Si como jueces independientes o si los descalifica y los mete en la caja de la desconfianza, ojalá esto último, no resulte después del esfuerzo hecho por cumplir en el reciente evento electoral.

La judicatura electoral, tiene todo para hacer la diferencia y tomar el papel que  corresponde en el sistema electoral. ¿Cuál es este papel? Es hacer que se respete el derecho a la democracia, pero que esa democracia, sea eficaz, que se ganen el prestigio de buenos jueces, de ser servidores que solo están al servicio de la sociedad, que no sean temerosos al momento de resolver, que no se dejen amedrentar y que solo respondan al servicio de la justicia.


Sin duda, el reto de los jueces o magistrados electorales para el 2019 será demostrar con hechos, que son auténticos garantes de los derechos políticos electorales e independientes en su actuar. Solo el juez electoral independiente sirve a la democracia, repetimos mil veces.

Si los magistrados electorales no garantizan  confianza a la sociedad, al final del proceso electoral, se habrá perdido la oportunidad de hacer que se tenga fe en la justicia electoral, pero todo esto lo vamos a saber a finales de las próximas elecciones presidenciales y ya será tarde, por ello lo mejor que pudiéramos hacer es lograr que quienes llevaron la responsabilidad reciente, de su propia iniciativa, presenten la renuncia y se proceda a elegir una nueva y renovada magistratura.

La razón para ello es obvia, ya que estas elecciones de diputados y alcaldes debían ser un ejemplo para el país y el mundo, una evidencia de la solidez de nuestra democracia y lo que hemos logrado no es más que una mancha sobre una elección histórica. No hay otra manera de decirlo: este tipo de incompetencia es un fracaso impresentable e imperdonable.

A la judicatura electoral actual (TSE), le hace falta que se consolide y se protejan las garantías que están en los Principios Básicos Relativos a la Independencia de la Judicatura Internacional, adoptados en la Asamblea General de la ONU, mediante Resoluciones 40/32 del 29 de noviembre de 1985 y 40/146 del 13 de diciembre de 1985.

¿Y qué contienen estos principios? nada más y nada menos, que la obligación de garantizar que sus jueces -entre ellos los electorales- puedan en verdad actuar con independencia, pues solamente teniendo magistrados libres, capaces, honestos y probos, el pueblo tendrá justicia.




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