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Editorial & Opinion

Sororidad selectiva

Bessy Ríos / Abogada y Activista digital

martes 24, octubre 2017 - 12:00 am

La sororidad es una palabra que fue acuñada por Marcela Lagarde, feminista y antropóloga mexicana. Básicamente, se refiere a la hermandad entre mujeres en el contexto de una sociedad patriarcal, logrando que éstas se perciban como cómplices y aliadas que pueden conspirar juntas en el sentido político de cambiar los paradigmas que se nos han impuesto de manera histórica y que nos mantiene en una relación de desventaja en un sistema creado, dirigido y en beneficio de los hombres.

No me voy a poner a disertar sobre esto, porque como dice una gran amiga, Virginia Lemus, no estoy para educar a nadie, tan fácil que es leer y ser autodidacta.

Las feministas deberíamos tener claro este término y no solo eso, además practicarlo con mucho ímpetu y rebeldía, pero parece que en nuestro país esto no se da fácil, aquí la sororidad se practica única y exclusivamente con mujeres que ideológicamente se encuentran de mi lado; caso contrario, cierro mi boca y no la conozco.

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Esto pasa porque el movimiento de mujeres en El Salvador no ha logrado la autonomía, por ello se observa que hay reivindicaciones que pueden o no ser peleadas, cuáles temas pueden o no –de acuerdo a la coyuntura- ser tocados. Pareciera que un tercero ajeno al movimiento decide a quién se le defiende y a quién no, quién puede ser desenmascarado, atacado y condenado como agresor y de qué agresores se debe guardar silencio, especialmente si éstos están vinculados a ciertos partidos o a sus funcionarios –aliados- en el poder.

No se trata de culpar al movimiento, porque la lucha por la autonomía se ha venido dando desde los noventas, pero ha tenido un bajón producto de los giros en la cooperación. Las organizaciones deben sobrevivir, pero no debería ser a costa de perder su rebeldía e independencia.


Ejemplos sobran en los cuales el movimiento de mujeres debió actuar con sororidad con mujeres que ideológicamente no comulgan con el movimiento, incluso que no luchan nuestras luchas, ya sea por su propia formación religiosa androcéntrica, que incluso condenan nuestras reivindicaciones de la autonomía del cuerpo y los derechos de las mujeres diversas.

Tenemos el caso de la diputada Marta Evelyn Batres, quien fue fustigada por un mando medio de ANDA recibiendo insinuaciones vulgares. Las mujeres salieron sólo cuando La Prensa Gráfica publicó que este funcionario era pareja de una mujer cercana al partido de gobierno, de lo contrario guardaron silencio. El caso de la candidata a diputada Villatoro que fue insultada por el candidato de GANA, Wil Salgado, en redes sociales. La señora Milagro Navas fue atacada e insultada por volverse a casar y rehacer su vida o hacer retoques en su rostro. Hace unas semanas, una periodista fue acosada frente a cámaras por un funcionario público… Les he mencionado los que me acuerdo en lo que escribo.

A mí, me hubiera gustado que el movimiento de mujeres mostrara su indignación como se hizo con los insultos hacia Lorena Peña, Lina Polh, Xochilt Marchelli, la meteoróloga que fue objeto de memes inescrupulosos y abusivos.

No sé si quizás soy yo la que necesito leer más y comprender que las mujeres sólo nos podemos defender entre nosotras, sólo si estamos del mismo lado ideológicamente, me gustaría me hicieran llegar las lecturas pertinentes para corregir mi postura y dejar de indignarme cada vez que insultan una mujer y valorar primero qué ideología tiene.

Probablemente sea yo la equivocada y definitivamente la sororidad debe ser selectiva como lo practica el movimiento de mujeres salvadoreño.




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