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Editorial & Opinion

Terquedad ideológica

Dr. Mauricio E. Colorado / Abogado

lunes 9, enero 2017 - 12:00 am

Indudablemente cada grupo que llega al poder de los países, procura hacer un gobierno con la aplicación de toda la ideología que el grupo de gobierno tiene para lograr la mejor forma de vida de los gobernados. Semejante ambición conlleva desde luego cambios en los sistemas de vida o las costumbres del pueblo a gobernar, procurando que la mayoría de pobladores encuentren la más completa satisfacción en la forma de vida de los gobernados. Eso implica aplicar novedades y hacer pruebas de sistemas a manera de encontrar soluciones y mejoras en la manera de vivir de cada uno de los súbditos.

Muy difícil sería que cualquier sistema encontrara una solución perfecta y lograr que todos tuvieran una plena satisfacción de sus necesidades. Con tan imposible misión, tendríamos que conformarnos con un sistema que lograra el bienestar de las grandes mayorías, y reducir o eliminar a quienes por una u otra razón no logren un “minimun vitae” –como señalaba don Alberto Masferrer.  A esta fecha, el mundo ha tenido muchas experiencias de la forma de gobernar, y aparentemente aún no encuentra la fórmula eficaz que logre la perfección. Lo que sí se ha comprobado es que el sistema llamado socialismo y sus diversas formas han fracasado totalmente en los diversos países que han experimentado tales formas de gobierno.

El sistema democrático mundial tiene como norma esencial el derecho de los pueblos a escoger a sus gobernantes, y de esa forma el gobernado puede –cada cierto tiempo– reafirmar o rectificar a quien lo gobierne. Negar ese derecho es antinatural y, por lo tanto, condenable. Ese fenómeno ha sucedido en Cuba, en donde un gobierno dictatorial de corte militar (Fulgencio Batista) fue sustituido por otro gobierno de corte socialista, que borró ese sagrado derecho de escoger su forma de gobierno e impuso el socialismo de pobreza por casi sesenta años. O sea que tal sistema es el único conocido por toda una generación de ciudadanos adultos de casi sesenta años.

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En Venezuela se intenta imponer un sistema similar, pero el pueblo intenta revertir tal concepto luchando con todos los métodos para sustituir al actual régimen que, recurriendo a cualquier método de imposición, se mantiene a fuerza de violencia y estratagemas en el poder. Accesorio al sistema de gobierno impuesto por estos regímenes, se hace evidente que la corrupción  se configura como un gran aliado de quienes no desean abandonar el poder, y es fácil observar altos funcionarios que han cambiado su vida corriente, en una vida de opulencia que no tendría explicación ni justificación de haber seguido los caminos normales y legítimos para obtener beneficios económicos.

Lo más contrastante es el hecho de que las ideologías declaradas de igualdad, honestidad, moderación y demás resultan aplicables únicamente a los gobernados, ya que los gobernantes ceden fácilmente a la tentación de los privilegios y gangas de prebendas y falsos honores que producen los cargos temporales. Y todo para mantener viva una ideología harto demostrada como fracasada.


Cuba es una nación empobrecida, donde únicamente sobresale quien tiene algún vínculo con el gobierno. Venezuela que fue una nación rica, con grandes reservas de oro negro, pasa en el presente momentos graves que obligan a la población a suplir sus mas elementales necesidades en países vecinos, que a su vez provocan medidas en el gobierno a violentar el sagrado derecho de libre circulación cerrando fronteras , aunque sea para buscar la sobrevivencia.

El paso de 2016 a 2017 obliga a reflexionar sobre si amerita continuar con un sistema que no cumple con las expectativas de las mayorías. Dios  guarde a nuestro país de las experiencias sufridas en otras latitudes donde los gobernantes han terminado sus días en las manos de los afectados en viva carne. Mussolini fue despedazado en la plaza pública. Hitler se suicidó. Un gobernante de Albania tuvo un fin similar. En Rumanía los esposos Ceacescu fueron eliminados como resultados del fracaso de su dictadura. La política siempre lleva su riesgo como resultado de los excesos que se producen cuando el político se considera infalible y adorado por su pueblo, cuando las adulaciones y servilismos les ciegan la visión real de los hechos.




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