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Testigo dice masacre en predio de furgones no estaba planeada

Juan Carlos Vásquez

miércoles 5, julio 2017 - 12:00 am

El testigo criteriado clave “Montes” señaló que la masacre de nueve personas en un predio de cabezales en Quezaltepeque, no estaba prevista por que el plan era asesinar solo a Ramón Alfredo Alemán, alias “Moncho”, porque los había traicionado con la banda de narcotraficantes “Los Cacerolas, de Metapán”.

“Moncho” era integrante de la banda El Tigre, liderada por  Juan José Urbina Hércules, quien a su vez, trabajaba con la banda El Choco, denominada así porque es el alias de Adonay Lemus Sánchez. Ambos cabecillas se reunieron en tres ocasiones en el Lago de Coatepeque con los miembros de las dos bandas para  coordinar el hecho.

El 30 de marzo de 2015, 20 integrantes de las dos estructuras llegaron donde “Moncho” , que tenía una venta de repuestos de vehículos y reparación de furgones, para asesinarlo. En el lugar se encontraban clientes, a quienes inmovilizaron y llevaron a una oficina. Tres horas después los mataron. “Montes” dice que ocho de las víctimas fueron asesinadas porque casualmente llegaron al predio, no tenían nada que ver con las bandas, pero no querían dejar evidencias.

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Entre esas víctimas están Marcos Wilfredo Cárcamo y su compañera de vida Berta Luz Cárcamo, y su hijo de cinco años, quienes llegaron a guardar un furgón.

El testigo dijo que uno de los miembros de la banda de El Choco, bajó del automotor a la pareja, pero Berta, antes de ser llevada, tuvo tiempo para despedirse de su pequeño hijo a quien lo abrazó por última vez, le dio un beso y persignó.


Montes dice que Moncho le propuso hacer un traslado de droga de la banda Los Cacerolas a Costa Rica y que le trajera el dinero de la venta; él le informó al “Tigre” quien junto al “Choco” concluyeron que esa era una traición y lo consideraron como una deslealtad que debía pagarla solo con su muerte.

A Moncho lo asesinarían cuatro días antes, pero no estaba en el predio, sino que gestionaba el recibimiento de un cargamento de droga. Al asesinarlo, los hechores revisaron todos los furgones en busca de esa droga y dinero, porque la idea era robársela. La droga fue vendida por los dos jefes de las estructuras y el dinero fue repartido entre todos, a unos les dieron $4 mil, $6 mil y hasta $10 mil, dependiendo de la función que ejecutaron el día de la masacre.

Según el criteriado, la droga que sumó 26 paquetes, estaba escondida en un vehículo y supuestamente era un negocio entre Moncho y el hermano del narcotraficante Reynerio de Jesús Flores Lazo, identificado como Rudis Alcides Lazo Flores, quien también fue asesinado.

 

9 personas

Fueron asesinadas por los integrantes de las dos bandas en Quezaltepeque.




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