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Nacionales

Testimonio de un ex GRP: “La vamos a botar y no ha pasado nada”

Juan Carlos Vásquez

sábado 24, marzo 2018 - 12:05 am

El agente del extinto Grupo de Reacción Policial (GRP) Wilfredo Deras, junto a sus compañeros José Antonio Pérez, Juan Antonio Linares y Ovidio Pacheco, en el interrogatorio que rindieron entre las 9:10 y 10:50 de la noche del pasado jueves 22 de marzo, reconstruyeron los hechos que comenzaron con la fiesta navideña en la sede de ese grupo élite, el 28 de diciembre del 2017 y que culminó la madrugada del 29 del mismo mes con la desaparición de la agente Carla Mayarí Ayala Palacios.

Deras hizo señalamientos graves a sus jefes superiores, porque asegura que junto al agente Pacheco lograron persuadir a Juan José Castillo Arévalo, para llegar hasta la sede del GRP, ya que el plan que tenía era deshacerse de Carla Ayala.

Menciona que le dio parte de lo ocurrido al sargento Ventura Martínez, pero éste le dijo que le diera el informe al oficial de servicio, el inspector Pablo Antonio Estrada Villalobos, quien inmediatamente le reprochó al sargento: “ya ve, eso pasa por no supervisar, si hubiera supervisado no hubiera pasado eso”; sumado a eso, señala que cuando ellos se bajaron del carro patrulla para reportar el incidente, los que debían de garantizar que Castillo Arévalo no huyera eran el comandante de guardia Misael Samayoa Landaverde y el agente Gerónimo Morales que desempeñaban la función de “Águila” (encargado de monitorear la seguridad en la sede del GRP). Deras narró lo ocurrido esa noche a eso de las 11.30 p.m., aproximadamente.

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El relato


Salimos nosotros de acá, yo recibí la orden que daba el señor clase de servicio (sargento  Humberto Ventura Martínez, de indicativo Enigma) de ir una comisión a dejar un personal. Le dijo al compañero Daniel Mauricio Orantes Marroquín, de indicativo “Lanza” que nosotros nos alistáramos, pero no sabíamos a dónde.

Me cambié porque estaba de particular. Había estado en la fiesta, me puse el uniforme y me dijo que iba con el compañero Ovidio Pacheco. Me dijo Pacheco: “Mi comando ¿va conducir usted o conduzco yo?”.  No, dele usted -le dije yo- me voy yo de copiloto.

Abordamos el vehículo 012925. En el mismo lugar donde me subo, solo que en la parte de atrás, se sube la compañera Carla y hace el espacio para que se suba el compañero Castillo Arévalo; él se sube allá en el parqueo de abajo.

Castillo Arévalo iba de civil, ella también. Enfrente de la comandancia de guardia, Ovidio Pacheco detiene la marcha para dar el kilo de salida, el comandante de guardia está en la obligación de colocar la hora de salida del vehículo, el kilo de salida, la hora de entrada y el kilo de entrada, el número de equipo, el conductor, el encargado y el destino.

Entonces damos los datos y salimos. Nos detenemos allá arribita de la base, por cierto, ahí está una cámara y les decimos: “¿Solo ustedes dos van?”. Y le digo a Búfalo (Ovidio Pacheco): “Vaya a preguntar quiénes más van a la comisión”, entonces viene Castillo Arévalo y dice: “No mi comando yo voy a ir”. Se baja y viene a la comandancia de guardia, desconozco a quién le preguntó, quienes más iban y dice: “Nadie más va ir”. Salimos y bajamos la calle del estadio, agarramos esa calle recto hasta salir al centro recreativo de La Gloria y salimos hacia el lado izquierdo, a pocos metros está una gasolinera Puma y salimos a la calle para un sector de Apopa, no sabemos a qué lugar.

Cuando nosotros vamos ya en la bajadita, ellos iban conversando tranquilos, él iba hablándole estilo mexicano: “No pues, tú sabes que yo tengo mucho dinero ¿no? y quién soy yo aquí, no soy ningún pordiosero” y ella igual tranquila, en ningún momento hay una discusión.

Luego, cuando pasamos ya la bajadita, sin qué ni para qué, yo voy pendiente de la seguridad perimetral, logro observar que se activa la pantalla de un celular, ¿de quién era ese celular? No sé. Si era de Castillo Arévalo, si era de la compañera Carla. No sé qué pasó en ese celular, si fue una llamada, si fue un mensaje; segundos después de eso, ese fue el detonante, ¿qué observaron ellos o qué pasó? Desconozco. Segundos después de eso, tres a cinco segundos máximo, el estruendo ¡Boom!, vengo yo y le digo: “¿Qué pasó comando?”, y él dice:“Eso quería esta perra o así quería esta perra”. Entonces yo le dije: “¿Comando, qué hizo?”.

“Dele, dele, dele”, decía, porque el compañero Ovidio Pacheco disminuyó la velocidad: “Dele, dele, dele”, y me tocó en mi brazo izquierdo. Bendito sea Dios, yo le hago muecas a Búfalo que retornemos a la base, viene él y me entiende y vamos a dar vuelta, porque no hay ningún retorno anterior a esa, hasta el redondel La Integración.

Luego subimos desde ahí, hasta el Salvador del Mundo; con la mentira, seduciéndolo a él, yo precisamente, porque él decía: “No se preocupen, esto yo lo he hecho y aquí no tienen nada que ver ustedes, yo ya me voy a la mierda del GRP, no se preocupen; ¿por qué van preocupados, abatidos? la vamos a botar y aquí no ha pasado nada y este soy yo”.

Yo precisamente le dije: “Hey aquí no podemos, hay mucho carro”. No habían carros,  (estaba) solo a esa hora, estamos hablando casi a media noche.

Luego (le dije): “No Comando aquí no, hay mucha luz”. Con mentiras, seduciéndolo hemos logrado, bendito sea Dios, hasta llegar aquí a la base. A pesar que he estado en situaciones no de crisis, pero sí de alto riesgo, (esto) impacta.

El arma de él era una Smith & Wesson, yo desconozco si él tenía otra; acá todos los compañeros del GRP que están recién graduados traen un arma asignada de la Policía Nacional Civil. Los que ya tenemos un poquito más de días, en mi caso, la Beretta que tenía asignada de la policía, me la quitaron y me dejaron solamente la pistola asignada del Grupo de Reacción Policial, una Sig Sauer.

El señor juez presente en la revisión de medidas cuestionó del por qué no se llevó a un centro asistencial y que nunca nos preocupamos por ver signos vitales. Simple y sencillamente no es que no nos hayamos preocupado, él lo que más quería era botarla, si en algún momento nosotros la vamos a meter al Seguro, no estaría yo aquí, en este momento, a lo mejor estaría muerto y no solo mi persona, también el compañero Búfalo.

Del Salvador del Mundo nos tiramos recto, como para pasar por el restaurante Aloha y agarramos a la izquierda, para venir a salir a la calle que nos lleva al Árbol de la Paz y así hemos llegado hasta acá (sede del GRP).




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