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Editorial & Opinion

The Post y la comisión de la verdad

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

jueves 5, abril 2018 - 12:00 am

Me encanta, me siento agradecido con la vida, cuando coinciden cosas en la víspera de escribir un artículo: la película The Post, o Los archivos del Pentágono, que trata más que todo del ejercicio responsable del periodismo; y, la conmemoración de los 25 años de haber sido publicado el informe final de la Comisión de la Verdad, “De la locura a la esperanza”.

¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? En la búsqueda de la verdad.

La Comisión nos puso ante los ojos la realidad sobre hechos que de otra forma no la hubiéramos conocido. Leer las páginas de ese extenso informe calaba hasta la médula del dolor, saber que nuestra raza, nuestra cultura no era aquello de lo cual nos vanagloriábamos en los maquillados libros de la colección Tazumal (espantosos en todo, por cierto), que nos pintaba a El Salvador como la tierra de la paz y el encanto. ¡Patrañas!

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La verdad era otra: en El Salvador reinaba el terror, aquellos militares, los de botas de hierro, los entrenados en Washington, lo de la doctrina de la Seguridad Nacional, eran asesinos despiadados, sanguinarios, sin escrúpulos, llenos de odio. Encontraban diversión en perseguir a cualquiera que oliera a comunista, y aunque repudio esta corriente del pensamiento político que tantos desastres ocasionó en el mundo, no era la forma para atacar al enemigo en un país supuestamente civilizado. No me refiero a las diferentes batallas a fuego cruzado. Allí son otras las reglas.

Qué bien que los militares lograron detener el avance del comunismo, pero qué mal cómo lo hicieron en muchos aspectos. Ordenaron o permitieron masacres de su propio pueblo, violaciones de mujeres indefensas, hasta de monjas. Apresaron, embartolinaron, torturaron, asesinaron de la forma más cobarde a personas indefensas y los desaparecían.


Que la guerrilla hiciera cosas similares era de esperarlo, pues eran unos salvajes alienados, a los cuales les habían sembrado el odio, no soluciones en sus cabezas calenturientas, y se creyeron al dedillo doctrinas, las cuales, ahora, como nuevos ricos, como burgueses acomodados en sus asientos de cuero y sus 4 x 4 con a/c, desprecian, reniegan, desdicen si no con la boca, con los hechos.

Que la guerrilla fuera virulenta, asesina, depredadora de la flora y la fauna, que torturara, matara en juicios sumarios incluso a los suyos; que violara también a mujeres indefensas, eso no era de extrañarse, pues estaban endiablados con la ideología más espantosa jamás antes escrita, pero que lo hicieran nuestros militares, los que tenían que estar apegados a la Constitución, a las leyes, que estaban armados con nuestros impuestos, o con la colaboración de países amigos que lo hacían si bien por sus intereses, eso es imperdonable. La muerte de los sacerdotes jesuitas y sus colaboradoras es una de tantas muestras de la cobardía de esos militares de entonces.

Gracias a Dios los Acuerdos de Paz los regresaron a sus cuarteles, les quitaron el poder que ejercían como emperadores, incluso sobre la vida y la muerte, y ahora la institución castrense, con algunas pocas moscas en la sopa, es ejemplo de obediencia a la ley y respeto, solidaridad y ayuda al pueblo al que ha jurado defender.

Todo ese tiempo la prensa calló, se volvió cómplice, no dijo nada; tragaban grueso o extendían la mano, no lo sé.

En tiempos de ARENA también pasó lo mismo. Muchos medios se volvieron cómplices, pero en tiempos del PDC, y ahora con el FMLN, y contra Nayib Bukele, se destacaron como grandes investigadores. Es cierto que el exalcalde no es para nada de mi simpatía, pero espero que con el nuevo alcalde tricolor en la capital sean igual de acuciosos en sus cuentas, con sus acciones, con cada paso que dé. Es su deber como periodistas.

Esa prensa valiente que se refleja en la película mencionada al principio, o en “Spotligh” (2015), sobre la investigación de la pederastia en la arquidiócesis de Boston, es la esperanza de un país democrático. Sin prensa libre ni responsable el ciudadano vive a ciegas y no tiene información para saber premiar o castigar con el voto.

Si no es así, necesitaremos comisiones de la verdad después de cada período presidencial.




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