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Editorial & Opinion

Tregua con criminales reivindicativos

Armando Rivera Bolaños / Abogado y notario

lunes 12, junio 2017 - 12:00 am

Hay un aspecto crucial, muy grave y delicado, que hasta este momento nadie ha comentado en sus análisis con respecto a “la tregua” que pactaron funcionarios y colaboradores del Gobierno de  Mauricio Funes, con los jefes o “palabreros” más emblemáticos y de mayor poder en las estructuras terroristas, responsables del clima de inseguridad nacional que aún sufre el país y que, de tratarse seriamente tal aspecto, podría ser otra fuente motivadora para que la Fiscalía General de la República, proceda, cuanto antes, al enjuiciamiento sin contemplaciones de todos sus impulsores y actores principales, pues la sociedad honrada espera que la entidad encuentre el basamento legal suficiente para judicializar  el caso, considerando el grave riesgo al que fue expuesta la República entera con la firma de esa “tregua”, por cierto, un término mal empleado. Considerando el entorno del caso, tengo la certeza que dicho pacto anómalo solo sirvió para favorecer  lo que denomino “postura reivindicativa” de los grupos criminales, quienes infiltraron profundamente las estructuras del Estado, hasta poner en la tarima de la ridiculez a los Órganos Legislativo y Judicial, burlándose, irónica y cruelmente de los cuerpos auxiliares de la justicia salvadoreña, además de tratar al pueblo salvadoreño como una sociedad de ingenuos y pusilánimes. Este es el “pecado capital” de quienes fraguaron y ejecutaron esa actividad.

En primer lugar, jamás pudo darse “una tregua” entre el gobierno izquierdista de Funes y las estructuras criminales en comento, pues nunca hubo una declaratoria de guerra por ninguna de las dos partes contra la otra, pues sabemos que las treguas, hablando correctamente,  se dan únicamente en situaciones bélicas declaradas. Los hechos sucedidos simplemente fueron sucias negociaciones ilícitas. Históricamente sabemos que desde la fundación de la República, siempre ha existido la obligación constitucional del Estado de asegurar a todos los habitantes el derecho de vivir seguros de cualquier infractor de la ley, por eso hay Códigos, jueces, policías y un sistema penitenciario, instituciones que fueron  ignoradas, e incluso, vulneradas en sus importantes atribuciones y funciones. Desde ese inicio anómalo, toda la parte fáctica de ese falaz arreglo, estuvo viciada de ilegalidad, pues conformó la mayor violación al ordenamiento institucional de El Salvador, con graves repercusiones sobre la población, a la que nunca tomaron en cuenta su opinión o sentimientos, por parte de los truculentos  “negociadores” y “pandilleros”. Incluso, hasta el momento, no se ha levantado completamente ese infame y oscuro telón, que permita ver claramente el escenario. Incluso, fuimos el primer país del planeta, que en la voz presidencial de Funes, expuesto ante la conciencia internacional, como un pueblo que elige gobiernos capaces de quebrar el orden constitucional para negociar abiertamente con criminales, dándoles facilidades y prebendas. Algo que nunca había ocurrido en las Asambleas Generales de la ONU (Organización de las Naciones Unidas).

Se ha ido comprobando que “los resultados positivos” del que tanto alardeaban funcionarios del expresidente Funes y de la actual administración Sánchez Cerén, fueron maquillajes, mascarillas cosméticas,   que, al caer, reflejaron la zona oscura y canalla de ese arreglo fatal: los homicidios no se redujeron en la “porcentualidad” pregonada por el oficialismo; nadie sabe cuántos recursos financieros estatales se gastaron, o se desaguaron por la cloaca que desemboca en el pantano del enriquecimiento ilícito; y, finalmente, vimos un gobierno que satisfizo todas las exigencias  de los criminales, a cambio de promesas que resultaron falsas y las aprovecharon para reagruparse, armarse con mejores equipos, ser trasladados a reclusorios flexibles, contar con celulares y televisores, incluso, disfrutar de viandas y sensuales espectáculos nocturnos, como si estaban en Las Vegas. Eso es “el pecado venial” de la tregua

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En Criminología aprendimos que hay delincuentes con la idea que la “sociedad les ha marginado sus derechos de vivir cómodos y por eso deben luchar para recobrarlos”. Son los conocidos “criminales reivindicativos”, estilo Pablo Escobar Gaviria, Chapo Guzmán, etc. Elaboran un mecanismo de defensa mental, llamado racionalización, para “justificar” sus hechos ilícitos. Algunos estudiaron niveles superiores, pero esa preparación fue para atemorizar hábilmente nuestra sociedad, misma que fue desprotegida por un gobierno que pareció más interesado en ganancias monetarias, que en alcanzar el bien común.




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