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Editorial & Opinion

TSE: ¿Chucho no come chucho?

Federico Hernández Aguilar / Escritor

viernes 21, julio 2017 - 12:00 am

La poca diligencia con que el Tribunal Supremo Electoral está haciendo su trabajo es injustificable. Estamos a menos de ocho meses para las elecciones más complejas de nuestra historia, y la entidad encargada de administrar ese proceso exhibe un tortuguismo desconcertante. ¿Qué está pasando al interior de ese ente colegiado? ¿Cómo es posible que los magistrados electorales, luego del desastre que tuvimos en 2015, se rehúsen a darnos una explicación convincente sobre su asombroso atraso en la búsqueda y contratación del proveedor tecnológico que nos permita evitar otra catástrofe en marzo de 2018?

Los magistrados del TSE, por cierto, se están quedando sin excusas. El arbitrario recorte presupuestario perpetrado por el Ministerio de Hacienda contra el Plan General de Elecciones ya no puede seguir justificando la falta de licitación internacional para conseguir la tecnología que nos urge.

Sin términos de referencia adecuados, cualquier cálculo de costos es pura conjetura. Y El Salvador no está para sustituir ofertas concretas por especulaciones.

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Tampoco es válido argumentar que el “generoso” donativo de Corea del Sur –apenas 1,800 escáneres, que para un país productor de dispositivos digitales equivale a regalar cacahuetes– es motivo suficiente para confirmar como proveedores únicos a los coreanos. Eso daría pie a pensar que el tal “donativo” ha sido, en realidad, un muy bien disfrazado soborno. ¡Por favor! ¡Más respeto a la inteligencia de los ciudadanos!

La falta de licitación para garantizar el indispensable acompañamiento tecnológico revela que en las entrañas del TSE se “cocinan caldos” que están fuera del menú de la gente común. Algo no anda bien, y es fácil demostrarlo: nadie presenta términos de referencia, varias decisiones se están tomando de espaldas a la población, se da por hecho que los escáneres coreanos se utilizarán en los comicios, el magistrado Olivo perturba el ambiente cada vez que abre la boca, y, cosa curiosa, ninguno de los partidos políticos (principalmente los dos más grandes) parece demasiado interesado en reclamar en serio por tanto atraso.


¿Qué es lo que está pasando, entonces, adentro del Tribunal? ¿Serán tan cínicos y caraduras los magistrados que llegaremos a diciembre sin licitación para contratar proveedor tecnológico? ¿Se seguirá negando a los ciudadanos, sistemáticamente, la información que se ha estado pidiendo, con creciente insistencia, a través de instituciones y movimientos cívicos como la Cámara de Comercio, Fusades, Aliados por la Democracia y Decide, entre otros?

La pasividad es sospechosa siempre, sobre todo si es practicada por funcionarios públicos que deberían estar agobiados por el desafío mayúsculo que enfrentan. Aliviar la carga que pesa sobre sus hombros tendría que ser la prioridad de los señores magistrados.

Una licitación bien hecha, desde cualquier punto de vista, constituye la mejor salida a tanta tensión acumulada. Pero no. El tiempo sigue su curso inexorable y el TSE nos sigue ofreciendo excusas baratas. Ya se perdieron meses valiosísimos, y el colmo es que ni siquiera se observa una voluntad real de recuperar algunos trechos del camino por el que se dejó de avanzar.

Gracias a la inexplicable displicencia del Tribunal, ahora está tomando cuerpo una nueva tesis: ¿Y qué pasa si los partidos políticos, en realidad, están mucho más cómodos con la opacidad, el ocultamiento y hasta la posibilidad del desastre, que con el “trabajo” que implica satisfacer tanta demanda de transparencia?

¿No será que, como decimos coloquialmente, “chucho no come chucho y, si come, no come mucho”?

De ser así, la responsabilidad histórica de ARENA sería igual o más grande que la del FMLN, porque el único que siempre sale beneficiado del caos es el partido que está en el poder. Apostarle a este tipo de vergonzosas “negociaciones” sería, con perdón, el peor fraude que se cometa contra la ciudadanía. Y la insensatez de ARENA quedaría irremediablemente probada, con todas las consecuencias que eso tendría para el país. Ojalá solo se trate de un rumor.




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