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Editorial & Opinion

Un año después “cero grafitis” es promesa incumplida

Jaime Ulises Marinero / Periodista

Editorial & Opinion | Diario El Mundo

Martes 16, Mayo 2017 | 12:00 am

El jueves 12 de mayo de 2016, el vicepresidente de la República Óscar Ortiz, en el marco del programa “Mano Amiga Extendida”, prometió (ante periodistas, funcionarios de gobierno, diplomáticos y ciudadanos, en la comunidad 22 de Abril, de Soyapango) que en 12 meses, a partir de ese día, El Salvador estaría libre de grafitis pandilleriles. En ese momento, el vicemandatario aseguró que el plan de limpieza de grafitis iba a funcionar con todos aquellos reñidos con la ley  y dispuestos a rehabilitarse.

Aquel día fue trascendental porque también, como parte del plan de prevención de la delincuencia, se ofreció ayuda a los jóvenes que ni trabajaban ni estudiaban, los famosos “ninis”, lo cual generó críticas negativas y positivas para el gobierno. En esa fecha también se hicieron grandes anuncios como el incremento de la seguridad ofrecida por la Policía Nacional Civil y el ejército en algunas comunidades, incluyendo el centro histórico. Un año después habrá que evaluar los resultados del plan de ayuda a los “ninis”.

La misma semana de la promesa de Ortiz los medios de comunicación comenzaron a darle cobertura a las limpiezas de grafitis en algunas comunidades, especialmente aquellas consideradas más vulnerables por el accionar de las pandillas. De tal manera que en ciudades como Soyapango, Quezaltepeque, Apopa y otras, ciudadanos apoyados por policías y soldados se dedicaban a la labor de limpieza.

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Precisamente el 17 de mayo de 2016, en este mismo periódico escribí una columna de opinión en la que externé que le tomábamos la palabra al vicepresidente Ortiz, como una muestra de apoyo a dicho plan. Cuando ha pasado un año, lastimosamente podemos concluir que fue una promesa incumplida. Nos fallaron.

San Salvador y el resto de ciudades donde las pandillas ejercen cierto control territorial, siguen feas, manchadas de grafitis pandilleriles. En muros y paredes no surgió el arte y la cultura, como se dijo aquel 12 de mayo ante la comunidad nacional e internacional.

Es cierto que en algunas comunidades se borraron cientos o miles de grafitis, pero en muchos de esos lugares apenas se fueron los soldados y policías, nuevamente aparecieron los pandilleros con su simbología del terror. No hubo un plan sistemático de seguimiento, en algunos sitios ni siquiera se inició el borrado de esos grotescos símbolos.

Los reos del programa “Yo Cambio” que también iban a ser usados para que ayudaran al plan de limpieza lo hicieron muy poco. Los jóvenes alejados de las maras prefirieron no hacerlo por temor a represalias, otros sectores ciudadanos no encontraron un referente o un liderazgo para sumarse a la campaña a escala nacional. Realmente el programa inicio bien pero solo cuando había cobertura periodística. La mayoría de los 262 municipios siguen afeados por los grafitis de las organizaciones terroristas.

En principio no haber cumplido la promesa de cero grafitis en 12 meses es responsabilidad del Gabinete de Seguridad del gobierno salvadoreño, pero también tiene múltiples factores y uno de ellos y, tal vez el principal, es que todavía no se tiene suficiente confianza en la seguridad pública. La población aún sigue rehuyendo a la denuncia y en algunos lugares hasta prefieren armarse y defenderse por sus propios medios, tal como ha ocurrido últimamente en una comunidad rural del departamento de La Paz.

En el centro de San Salvador, por ejemplo, me decía una vendedora que ella no quitaba el grafiti pintado en una  lámina de su puesto, porque con toda seguridad los pandilleros la mataban ahí o en cualquier otro lugar. Ella sabe quien pintó el garabato, pero si lo denuncia seguramente el pandillero lo sabría porque “tienen contactos en la PNC”.

La promesa de limpiar en 12 meses el país de tanto grafiti horrible entusiasmó a muchos que como yo a veces le damos un voto de confianza a este gobierno, pero nuevamente sufrimos una decepción y nos sentimos frustrados de tanto plan anti delincuencial y preventivo sin mayores consecuencias positivas para la población.

Este gobierno debe idear un plan táctico y estratégico que le permita ser eficiente en sus acciones y ganarse la confianza de la población honrada, a efecto de sumarla a sus planes de prevención y combate de la delincuencia. Hacer promesas gubernamentales y no cumplirlas es fácil. Es  hasta populismo.



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