Cerrar [X]

Editorial & Opinion

Un arriesgado movimiento podría conducir a la paz entre árabes y judíos

Eduardo Cálix / Embajador

sábado 16, diciembre 2017 - 12:00 am

Israelíes y palestinos consideran a Jerusalén un lugar religioso sagrado y por ende la reclaman como su capital política. Israel controla actualmente la totalidad de la ciudad, y cualquier acuerdo de paz que se negocie tiene que incluir el destino que al final tendrá la misma.

El estado de la ciudad ha sido la mayor polémica, al menos oficialmente, desde la guerra árabe-israelí de 1948. Antes de eso, las Naciones Unidas había designado Jerusalén como zona internacional especial. Durante la guerra, Israel tomó la mitad occidental de la ciudad. Y después, la mitad oriental durante la guerra árabe-israelí, de 1967.

Los Estados Unidos, al convertirse en el principal mediador del conflicto décadas atrás, consideró que el estatus de Jerusalén debía ser una cuestión que correspondía a israelíes y palestinos decidir. Dicha mediación le dió a los Estados Unidos el efecto de ser un árbitro creíble para “Las Partes”. Expertos consideran que la neutralidad ha sido un principio fundamental y esencial para el frágil proceso, y ahora el anuncio de la administración Trump de mover su Embajada de Tel Aviv a Jerusalén, presupone una alarmante ruptura.

publicidad

Cristianos evangélicos del espectro político estadounidense y judíos americanos han sostenido que los Estados Unidos debieran respaldar abiertamente a Israel en el conflicto. Este debate ha sido tema de discusión en la arena política. Candidatos presidenciales prometieron mover la embajada, pero una vez en el cargo, el Presidente de turno suspendía la decisión argumentando que el proceso de paz merecía una oportunidad.

La administración Trump ha ido adelante implícitamente respaldando un cambio de árbitro neutral a ponerse aparentemente del lado de Israel. Esto ha puesto en tela de juicio el rol de los Estados Unidos, particularmente para Europa y el resto del Medio Oriente, quienes consideran que tal decisión perpetuará la inestabilidad de la zona.


Pero habría que analizar si la estrategia de los EE.UU. pasa por una táctica de negociación. Las administraciones Clinton, Bush y Obama creían que era necesario facilitar concesiones a Israel para que líderes israelíes se sintieran seguros y cómodos para hacer sus propias concesiones en favor de la paz. Así que el movimiento de la actual administración, aunque no se describa de esta manera, es sin duda consonante con la estrategia estadounidense pasada.

Marc Lynch, un respetado catedrático para Oriente Medio de “George Washington University”, ha sostenido que “la búsqueda visible de la paz, si no un logro, ha sido el mecanismo por el cual los Estados Unidos compatibiliza sus alianzas con Israel y con los Estados árabes aparentemente contra Israel”.

No está demás reflexionar si la enemistad entre Irán y los países sunitas, que tienen su máxima expresión en Arabia Saudita, pudiera tender un puente sobre las diferencias entre estos últimos e Israel con base en intereses comunes. La hipótesis supone que si las capitales árabes se acercan al Estado judío, este sentirá su seguridad menos comprometida, de manera que pueda negociar el otorgar concesiones con más facilidad. Puesto de otro modo, “reconocimiento por paz” invierte el paradigma “tierra por paz”. A lo mejor, a esto se refería Trump cuando hablaba de romper viejas estrategias que hasta ahora no vienen funcionando; o por ello, Arabia Saudita ante la decisión tomada por Trump, externó “su seria preocupación”, pero no la condenó.

En resumen, si se miran las cosas con renovada perspectiva, y contrario al status quo, esta pudiera ser una nueva presión hacia Abbas, que posibilite al retorno de las negociaciones para la paz y el alcance de un acuerdo definitivo. Teniendo en cuenta que la popularidad del líder palestino está en su mínimo histórico, semejante apremio hace que un acuerdo exitoso con Netanyahu se vuelva deseable; sobre todo, si se toma en cuenta en la ecuación un probable gesto de Arabia Saudita. Es quizás el camino viable que tiene Abbas para salvar su reputación, su lugar en la historia, y evitar que grupos militantes extremistas como Hamas obtengan más poder.

En todo caso, las zanahorias deben encargarse de mitigar a los garrotes. Washington y Riad podrían facilitar el acuerdo pacífico mediante inversiones y asistencia financiera para desarrollar al Estado palestino, cuya capital probablemente termine siendo Jerusalén oriental.




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras,
de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.