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Editorial & Opinion

Un cambio en la política exterior

Roberto Meza / Colaborador

sábado 9, diciembre 2017 - 12:00 am

La política exterior necesita un impulso transformador que la oriente a las necesidades de los ciudadanos. Un cambio que no han cometido ninguno de los dos grandes partidos en el país. El último diagnóstico de las deficiencias de nuestra política exterior data de muchos años atrás. Nuestros gobernantes han utilizado la retórica de la internacionalización sin adoptar un enfoque verdaderamente internacionalista.

Los retos de la globalización y de la integración política demandan un cambio duradero que vaya más allá del cambio de caras y de lenguaje. Hoy día, el mundo opera en forma de redes informales y de alianzas sectoriales. Nuestra acción exterior debe adaptarse con nuevas formas organizativas que permitan anticiparse a las crisis de planificación, debemos encontrar nichos de oportunidades, es decir, especializarnos y coordinar nuestras acciones con todos los actores públicos y privados. Pero lo más importante, como dijimos antes, es que toda reforma deba responder a los intereses de nuestros ciudadanos. Es en la rendición de cuentas donde se materializa el verdadero sentido del estado.

Todo esto exige un cambio de nuestra cultura política, que permita acabar con la discrecionalidad en los nombramientos e instale en nuestra política exterior la misma excelencia y meritocracia que se pide también en las empresas. Nuestros jóvenes deben acreditar innumerables habilidades extracurriculares y un buen dominio de idiomas, ya que ninguno de los tres últimos presidentes en el Gobierno hablaba una lengua extranjera.

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El reto es mayúsculo. Se trata de rescatar al Estado de los intereses partidistas. Pero es también un objetivo realizable mediante el diálogo en un nuevo escenario político. Proponemos cambiar las reglas de juego, como única forma de hacer cambiar la forma de actuar de nuestros políticos: conscientes del consenso que esto genera entre los ciudadanos y las agrupaciones sociales.

En esta época de  información global, la diplomacia  debe  reenfocar  necesariamente sus fines.  Sin embargo, no podemos esperar  que los partidos políticos lideren el cambio. La cuestión no es que Arena o el FMLN no hayan sido conscientes de las deficiencias de nuestra política exterior y de nuestra pronunciada pérdida de influencia. Al igual que en otros ámbitos, como la educación o la inversión, estos partidos han sido rehenes de sus propios intereses y de una visión cortoplacista. Han mostrado, por ejemplo, un incumplimiento de normas de protección del medio ambiente o de los consumidores. Aunque Cancillería lo defiende como que esa ha sido su responsabilidad manejando la Secretaría de Integración (SICA).


Países de nuestro entorno, como Costa Rica, nos llevan años de ventaja en la reforma de su acción exterior, a la que han dotado de medios materiales y humanos necesarios para los retos actuales. Conscientes del fragmentado panorama internacional, donde los estados-nación han perdido poder como consecuencia de la globalización, han abierto las estructuras del estado al talento de los ciudadanos. En El Salvador,  ni siquiera podemos saber cuál es la proporción de mujeres que tenemos en nuestro cuerpo diplomático.

Una política exterior inteligente incluirá al servicio exterior a sus mejores profesionales mediante un sistema de incentivos que rompa con la precariedad laboral. Necesitamos, por supuesto, que nuestros diplomáticos dejen de estar aislados física y emocionalmente de la toma de decisiones. En una época de información global, la diplomacia ha de reenfocar necesariamente sus fines conectándola con la cada vez mayor presencia de ciudadanos salvadoreños en el extranjero. Muchos de ellos se han visto obligados a utilizar redes informales para organizarse sin que el estado resulte útil para sus vidas. Preguntémonos:  ¿queremos que siga siendo así? ¿Queremos que sea cada vez más difícil votar desde el extranjero? ¿Queremos que se desconecten del estado salvadoreño?

Vivimos un momento trascendental en el que los electores son conscientes de que la única vacuna para no repetir errores pasados es luchar por la reforma integral del sistema, sin rupturas. Por todo ello, debemos en este sentido, crear un pacto de Estado que reforme nuestra política exterior no para una legislatura, sino para toda una generación, poniendo a las instituciones al servicio de la sociedad en conjunto.




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