Cerrar [X]

Editorial & Opinion

Un claro mensaje a la izquierda latinoamericana

Jueves 10, Diciembre 2015 - 12:00 am

El más reciente triunfo de la oposición política en Venezuela, manda a mi juicio un claro mensaje a la izquierda latinoamericana que es casi imposible de soslayar. Más allá del hecho que el presidente venezolano Nicolás Maduro hizo de la más reciente elección parlamentaria una especie de plebiscito de la “revolución bolivariana”, al haber llevado una campaña electoral, adonde pedía abiertamente el voto ciudadano por la continuidad del proyecto político del llamado “chavismo”, y por haber hecho de dicha elección con ello una especie de “referendum” presidencial, pues el mismo Maduro señaló que él se ponía al frente de la campaña y que él personalmente imploraba por el voto popular. Repito, más allá de esa realidad que hay que tener clara -quizá de haber sido una elección presidencial la hubiese perdido por un margen abrumador-, es mi intención e interés sacar la lectura que de dicho evento electoral hay que sacar.

Siempre he sostenido que no se puede llegar al poder democráticamente y pretender luego desmantelar o intentar desmantelar la democracia, bajo el pretexto de ningún proyecto político, así sea uno que se considere “ungido” o avalado por el pueblo, cuando dicho proyecto está fundamentado en principios y valores constitucionales, los cuales han sido aprobados bajo ese auspicio y concepción, como es la adopción de una nueva Constitución por parte de un colectivo en las urnas electorales.

Las llamadas izquierdas revolucionarias latinoamericanas en los últimos tiempos, y particularmente la venezolana, han sido muy proclives a manejar el discurso de la adopción de modelos democráticos “populares”, de una distribución más equitativa de la riqueza, del desmantelamiento de argollas históricas de grupos de poder económico al servicio de las históricas oligarquías extractivas -así como de empresas transnacionales-, y de la adopción de nuevas constituciones “populares” adonde se refundaran los Estados en un nuevo diseño institucional al servicio de los “intereses populares”.

publicidad

Pero lo que en realidad sucedió es que regímenes como el venezolano, transformaron de facto el sistema político en uno políticamente excluyente, adonde se tendió cada vez más a marginar aquellas manifestaciones del pensamiento político distinto, a tildarlos de “parias” de la “revolución”, y, en el peor de los casos, a ser “traidores” del “nuevo proyecto” político del pueblo y de encontrarse al servicio de aquellos que deseaban regresar el estado de cosas político a aquél que imperaba antes del “cambio popular”, esto es al “servicio de las oligarquías” extractivas al servicio de unos pocos intereses económicos de grandes grupos de poder. Y a fuerza de ser sinceros, no es que no hayan existido y/o existan este tipo de intenciones, pero reducir a toda una oposición política a esta realidad fue tan miope y tan poco democrático, que “satanizaron” al legítimo pensamiento político diverso, convirtiendo la “nueva democracia popular” en una versión latinizada de los antiguos regímenes del socialismo real, adonde lo que imperaba era la doctrina del pensamiento único político.

En el caso particular de Venezuela, esta política “reduccionista” de la oposición, trajo como resultado una “espantosa” polarización que de muchas maneras adquirió tintes de odio social, que lejos de hacer avanzar la democracia, hizo que ésta diera ostensibles retrocesos, convirtiendo un régimen de origen democrático en un régimen autoritario, y la vida y funcionamiento del partido en el poder en uno con características que podríamos llamar con tintes “estalinistas”.


En materia económica, en muchos de los regímenes de izquierda “revolucionaria”, se tendió a la creación de un populismo exacerbado, a fin de mantener los “apoyos populares” al proyecto socialista, el cual fue considerado como un nuevo estado de cosas completamemte “irreversible”. Con sus particularidades y tamizaciones, ocurrió más o menos lo que les sucedió a muchos partidos socialistas y/o comunistas del bloque de países del socialismo real de la europa del este, adonde se pregonaba una “igualdad” estructural, pero en realidad se generó una nueva clase social de miembros y allegados al partido en el poder, con iguales o mayores privilegios económicos que los de grupos económicos de poder del antiguo estado de cosas -cuando gobernaban élites económicas oligárquicas y extractivas, con la diferencia que en la región surgieran a partir de compadrazcos y afinidades “ideológicas” de compañeros de partido “leales” al “proyecto popular revolucionario”.

Parece que lo anterior, sumado al hecho que la realidad económica de grandes sectores de la sociedad aún sumidos en pobreza y exclusión social, la criminalización de la disidencia política -confundida con conspiraciones políticas “golpistas”-, y decisiones económicas insostenibles, han sido lo que grandes sectores sociales otrora “afines” al cambio político socialista, se sientan hoy día desencantados y hasta engañados por los hechos y estén dispuestos no sólo a restituir la democracia, sino lo que es peor, a intentar movilizar el péndulo político nuevamente hacia la derecha.




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras,
de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.