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Política

Un dolor preñado de futuro

Federico Hernández Aguilar / Escritor

miércoles 15, agosto 2018 - 12:01 am

Nicaragua es tierra de dolores. En este crucial momento de su historia, el país que vio nacer a Darío y abrazó la gesta de Sandino, que se inmortalizó en los ojos de Claribel y vio el asesinato de Chamorro, bien podría blandir razones suficientes para creer que las lecciones del pasado siguen sin ser aprendidas. Caer en una tiranía peor que las ya vividas debería figurar entre los primeros motivos de desesperación de los pueblos, si es que tal listado de motivos pudiera elaborarse y si es que los pueblos, en su dinámica colectividad, pudieran caer en la desesperanza.

Pero lo que sucede en Nicaragua es que el dolor está desarrollando esa intensa purificación que suele reconocérsele solo hasta que deja de doler. Por eso no será inútil. Por eso, también, es agudo, vivo y punzante, y penetra en el alma como daga enrojecida por el fuego.

Con una mirada de forastero que ama, he visto el sufrimiento profundo que causa esa puñalada, pero al mismo tiempo la Providencia me ha permitido retratar, a ritmo de acuarelista y con emoción contenida, una vislumbre de la Nicaragua que será más fuerte que el presente: la Nicaragua futura de la paz, de la democracia y de la fraternidad.

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Epílogo provisional


Diego Guadamuz, fundador del Movimiento Autónomo 18 de Abril, me ha hablado de las agallas de los jóvenes nicaragüenses: “Los asesinos llegan portando AK 47 y escopetas. Yo estuve allí, hermano, y pude sentir cómo te pasaban las balas rozando, con un sonido inconfundible. Y los chavalos, bravos ellos, se defendían detrás de las barricadas con morteros y piedras. Varios perdieron la vida en estos enfrentamientos. Pero que a estos jóvenes los va a detener el gobierno, te aseguro que no podrá. Su valentía es enorme, descomunal”.

Durante mi breve estadía en Managua me fue imposible conversar con monseñor Silvio Báez, a quien el régimen hostiliza sin miramientos. Pero su ejemplo de valor y coherencia está arrastrando a muchos nicaragüenses a comprometerse con la causa de la libertad. Las iglesias están llenas incluso en días de semana. Los sacerdotes son apreciados por su feligresía tal vez como nunca antes. Las homilías incluyen siempre plegarias por el país, por la paz y por esos que “albergan odio en su corazón, para que se conviertan y dejen de causar tanto dolor”.

El vicario de la parroquia Jesús de la Divina Misericordia, padre Erick Alvarado, me habló de la disposición al martirio de quienes saben que las alegrías y penas de este mundo son pasajeras. Gracias a él, y al detallado testimonio del periodista Sergio Marín Cornavaca, la impresionante historia del asedio a los estudiantes de la UNAN, durante la noche del 13 de julio, precisamente dentro de aquel templo, quedará en mi memoria para siempre.

Álvaro Vargas y Helena Ramos, empresario el primero, intelectual la segunda, me dieron perspectivas muy distintas del mismo problema. Ambos viven su luto de manera particular, pero en ambos observé el mismo deseo de ver a Nicaragua plenamente recuperada, tanto en su economía como en su fraternidad cultural. Y tienen razón. Ni el comercio centroamericano podrá seguir resistiendo los efectos de la crisis nicaragüense ni el arte regional estará completo sin el proverbial aporte de los artistas herederos de Darío.

Helena seguirá trabajando en la biblioteca del Banco Central y no dejará de investigar sobre lo que Nicaragua ha dado a la literatura mundial. Álvaro Vargas seguirá luchando por la recuperación económica de su país y mantendrá su disposición a colaborar con el diálogo nacional si llega a reanudarse. Conociendo a monseñor Báez y al cardenal Brenes, nunca cejarán en su empeño de garantizar que la salida al caos pase por el retorno de la democracia y la libertad. Raúl Zamora y Erick Alvarado, sacerdotes de la Divina Misericordia, continuarán su labor de almas, quizá ahora con la responsabilidad adicional de estar a cargo de un templo que será venerado por generaciones de creyentes. Sergio Marín, a pesar de la durísima experiencia que tuvo, dará continuidad a su trabajo de periodista independiente. La verdad necesitará siempre valientes que la expongan.

Por Nicaragua y por el mundo

Álvaro Vargas, presidente de FAGANIC, me hace la siguiente reflexión: “Cada 30 o 40 años tenemos una crisis política, social y económica como la que estamos viviendo. Desde que Nicaragua es República hemos vivido en conflicto. Ayer era por Somoza, hoy es por Ortega, mañana será por otro. Lo importante es que esta situación actual nos sirva para encontrar soluciones democráticas permanentes, y que de una vez por todas nos quede claro que el único lugar al que los nicaragüenses podemos ir a enfrentarnos, a echar pulsos, es a una urna electoral”.

Diego Guadamuz, “El chamán”, se encuentra en Canadá desarrollando una significativa tarea de denuncia del régimen y sus excesos. Sabe perfectamente que este compromiso le valdrá el exilio y la separación de su familia por un buen rato, pero en sus palabras no hay desaliento sino convicción: “Lo que sucede hoy en Nicaragua es importante para el mundo. Si nos liberamos, cualquier país que sufra dictaduras podrá ver en nosotros un camino hacia su propia liberación. Pero si Nicaragua vuelve a ser oprimida y Daniel se sale con la suya, ¿qué esperanza puede quedarles a todos los que hoy sufren violencia y represión? Entonces los nicaragüenses tenemos la gran responsabilidad de luchar con todas nuestras fuerzas, e incluso dar la vida si es necesario, por la libertad, ya no solo para nosotros sino para el resto del mundo”.

Tierra dolorosa es hoy Nicaragua. Es verdad. Pero ese dolor, puedo dar fe, está preñado de futuro. La sangre derramada fertilizará los campos horizontales de una sociedad más justa, en la que otro Rubén Darío, con palabras diferentes, afirmará que ha vuelto a sonar la hora de “las dulces rimas de la Aurora… ¡Alegría, Alegría, Alegría!”. Que así sea.




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