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Editorial & Opinion

Un llamado a la cordura para los activistas temporales

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 6, febrero 2018 - 12:00 am

Vivo a una cuadra y media de dos casas de campaña, una del FMLN y otra de ARENA, en San Salvador. Los activistas que llegan a dichas sedes son mis vecinos, se conocen, incluso son amigos y algunos hasta parientes entre ellos. Una de estas noches se disponían a salir a la misma hora a hacer sus actividades proselitistas y se encontraron en una esquina, donde comenzaron a ultrajarse y a retarse para liarse a golpes. La intervención policial evitó que hubiera una reyerta.

La campaña electoral va a pasar, los candidatos a diputados y alcaldes que ganen asumirán sus cargos y probablemente no se vuelvan a acordar de sus activistas a quienes solo usan como estrategia propagandística. Seguramente los activistas ejercen como tal por una paga, lo cual es legítimo, aunque no convincente.

Participar como activista, ya sea por necesidad o por convicción, es válido, pero lo que no se vale es que por motivos de campaña electoral se generen roces, discusiones, pleitos y enemistades que perduran para siempre. El principal valor de la convivencia social es el respeto y las ideologías deben respetarse, porque las ideas se combaten con ideas y no con el poder de la fuerza.

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Los dirigentes políticos y los candidatos deben concienciar a sus activistas que su labor es propagar los colores, la plataforma, el contenido y la imagen de su candidato, no provocar pleitos con sus rivales ideológicos.

Debe prevalecer la tolerancia, la sensatez, la ecuanimidad y el respeto.

Las redes sociales se prestan para despotricar y lanzar improperios y desprestigios contra los rivales, lo cual es casi difícil de controlar, pero los partidos si pueden evitar que desde sus cuentas oficiales emanen ese tipo de mensajes, pues estos cuando llegan a sus bases o a sus incondicionales, se vuelven un reguero de pólvora cerca del fuego.

Los activistas rivales son vecinos y amigos. Algunos del FMLN antes fueron activistas de ARENA, PCN, GANA, PDC u otro partido. Igual, activistas e ARENA antes los fueron  de otros institutos partidarios. La mayoría, ante la falta de oportunidades de empleo,  ve en la campaña electoral una oportunidad de ganar algo de dinero. Una especie de temporada de cortas de café.

Algunos candidatos engañan a los activistas al ofrecerles plazas si ganan la alcaldía o una diputación, pues a veces lo hacen pero colocan a parientes o a personas que les escogen los partidos. Rara vez se acuerdan de las promesas que hicieron a personas que no desean como amigos, solo como activistas.

Los activistas, en mayoría, son gente necesitada, que se asolean bandeando banderas en esquinas, parques y redondeles; que acuden a los mítines para gritar a todo pulmón; que aguantan los ultrajes de los partidarios ajenos; que ganan entre 7 y 10 dólares diarios más comida; que se exponen al subirse a los postes a colocar  fotos de candidatos que nunca volverán a ver o que luego solo verán en televisión; que visten camisas con los colores desteñidos de los partidos y que se exponen a que los etiqueten como seguidores de un instituto partidario; que trabajan más de diez horas diarios sin tener derecho a ningún seguro durante los dos meses de ardua campaña; y que al final del día regresan cansados a sus comunidades cundidas por la pobreza y marginadas por los políticos.

Por eso los activistas eventuales solo deben considerar su labor como un trabajo temporal, sin considerar rival o enemigo  a quien ha sido  contratado por un partido diferente. A lo mejor en las próximas elecciones su trabajo temporal lo tiene en otro partido.

No vale la pena ganar enemistades, amarrarse a un candidato perdedor o ganador, porque las elecciones pasan, pero los vecinos, los amigos, los parientes, los compañeros quedan. Al contrario, una vez pasada la campaña, todos unidos deben formar una sola fuerza y exigir a los funcionarios electos que cumplan las promesas. Los activistas, por estar más cerca de sus respectivos partidos y candidatos tienen más conocimiento de sus promesas y por lo tanto más capacidad para exigir que cumplan. Activistas de todos los partidos, por convicción o por una paga, antes que activistas son salvadoreños y como tal hay que respetarse y unirse, jamás ganar enemigos.



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