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Editorial & Opinion

Un mes… un mes… un mes…

Bessy Ríos / Abogada y activista digital

sábado 10, febrero 2018 - 12:00 am

La última semana de enero acompañé a manifestarse a un grupo de mujeres que se definen como activistas independientes, es decir, no están organizadas en ningún movimiento u ONG de las reconocidas que funcionan en nuestro país. Estas mujeres no han encontrado espacios, tampoco se sienten representadas, pero tienen un profundo deseo de alzar su voz ante el caso de la agente Carla Ayala, quien fue desaparecida por agentes del grupo élite de reacción policial GRP y el caso de Lorena, otra agente policial asesinada en su lugar de trabajo a manos de su compañero–también su pareja- quien fue también agredida verbal y físicamente frente a los mismos, quienes guardaron silencio. Cuando finalmente el agresor la asesinó, los compañeros intentaron ocultar los hechos informando que había un suicidio, pero todos escucharon los tres disparos y, alguien con sentido común, sabe que nadie se suicida disparándose tres veces.

Con estas mujeres nos hemos apoyado desde hace un mes, en redes sociales, enviando de manera diaria un tuit a modo de conteo y etiquetando a las autoridades para recordarles que estamos pendientes de los resultados y no olvidaremos este caso. A raíz de esto, nos reunimos para platicar qué otras cosas podíamos hacer para que no impere la impunidad y que las familias sean resarcidas, así nos dimos cuenta que todas buscamos a diferentes organizaciones de una forma u otra y recibimos la misma respuesta: ¡silencio!

Nuestra discusión giró a algo propositivo, dejar de buscar organizaciones o personas que según nosotras deberían estar indignadas con estos casos y volver la mirada hacia nosotras, o sea ¿necesito que los movimientos “históricos” se pronuncien? ¿Qué tan importante es que lo hagan? ¿Siguen siendo referentes de las mujeres? ¿A qué intereses se alinean? ¿Qué hacemos? …Concluimos que “No vamos a esperar que se pronuncien, si no quieren” por ello decidimos buscar a quienes sí les interesa conservar su estatus de Defensor de Derechos Humanos, sólo la Federación de organizaciones LGBTI nos apoyó, nadie más.

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Esto lo comparto no para reclamar a los que no nos quisieron acompañar, lo hago para resaltar a las organizaciones LGBTI quienes sin mucha “tos”, pero con mucho aplomo y siendo coherentes dijeron, “vamos a ir, lo que a ellas siendo policías les ha pasado hoy, nos puede pasar también, se pueden imaginar sin serlo lo qué nos podría pasar”. No podemos perder la empatía hacia los demás sean o no de nuestro movimiento, inclusive puede que las mujeres por las cuales nos manifestamos, ni siquiera tengan formación en diversidad, pero eso no importa, porque no podemos guardar silencio ante las injusticias, menos con una reflexión tan mezquina, sino es de los míos no me pronuncio.

Paola, Patty, Mabel, tienen años de estar queriendo “organizarse”, pero no han podido porque parece que hay una especie de club social que decide si podés o no, como alguien les dijo: “…si no les gusta lo que hacemos o dejamos de hacer, por qué no arman su colectivo” pues bien, no necesitan armar nada, basta con que sigan juntas y luchando o manifestándose por lo que crean correcto; yo estaré ahí para apoyarlas.


Algo importante es que estando afuera de las instalaciones del famoso “Castillo de la PNC” muchos hombres –agentes- nos murmuraron, otros no se midieron y dijeron abiertamente que había que sacar a esas “viejas locas y los maricas” que los acompañaban… al final les dio “pena” sacarnos del pelo frente al único medio de comunicación televisivo que llegó a cubrir la actividad.

Carla Ayala sigue desaparecida y sus hijos sin que nadie les ofrezca una beca; Lorena está muerta y los compañeros que fueron cómplices silenciosos de su feminicidio siguen impunes. Está también reportado el caso de la agente que hace cinco meses denunció una violación colectiva ¿Qué le pasa a la PNC? La verdad, no necesita ayuda; lo que necesitan es depuración.

Las luchas sociales nunca son fáciles y generalmente son solitarias, pero alguien debe librarlas. Asumo mi tarea de estar presionando a diario con la FESLGBTI y estas mujeres que no tienen que valorar la situación política de coyuntura para alzar la voz y presionar porque una institución cumpla su trabajo pero, sobre todo, porque todos los que estamos en esta campaña nos hemos puesto en el lugar de la víctima y su familia, algo que un defensor de derechos humanos nunca debe olvidar.




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