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Editorial & Opinion

Un tal Capitán

Sábado 27, Junio 2015 - 12:00 am

Lo había dejado pasar como un pase de factura entre bandas gubernamentales, la captura y extradición desde Barranquilla del venezolano Yonny Bolívar o, del Capitán Bolívar, como se presentaba y se hacía llamar. Allí se había residenciado hace ya más de un año en una zona exclusiva de la ciudad, rodeado de autos de lujo, tarjetas platinadas, cuentas bancarias abultadas, jovencitas suntuosas, y tenido como un inversionista que dejó su país, cansado de tanta inestabilidad.

Un caso más, me dije, de los tantos a los que estamos acostumbrados de violaciones, arbitrariedades, asesinatos, fugas, pandillas armadas, delaciones, exilios, drogas, rupturas de relaciones, robos, secuestros, que se han apoderados de las calles y de la vida de los venezolanos.

Algo llamó la atención que me detuvo en el caso Yonny Bolívar, más conocido como el asesino de Adriana Urquiola, la periodista intérprete de señas de Venevisión, asesinada por una bala durante una manifestación de la oposición el pasado y cruento año 2014.  Según “el Capitán” fue sin intención, pues disparó al aire para dispersar la multitud; allí también cayó, nunca llegó a ver luz, el hijo que llevaba en gestación, y herida con la misma arma, otra joven que manifestaba por la vuelta a la democracia y el respeto a los derechos humanos. Lo que atrapó mi atención fue la aparición de la enigmática Eva Golinger, una abogada estadounidense de madre venezolana que recaló en Venezuela a la llegada de Hugo Chávez al poder para servir de lobista del Socialismo del siglo XXI, con su español de marcado acento de inglés neoyorkino. Luego de la muerte del presidente poco se supo de ella, hasta ahora que reapareció para denunciar que  Yonny había pretendido abusar de ella.

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Fue una sucesión de casualidades. Por allá en el 2002 Bolívar se bajó de un Porsche pistola en mano, y en pleno tráfico caraqueño amenazó a un taxista con dispararle; lo detuvieron y soltaron de inmediato. Luego apareció en Barquisimeto, en tiempos del gobernador Reyes Reyes, el mismo que piloteando un avión F16 bombardeó Caracas cuando el golpe militar del 92. Yonny se mimetizó con los jóvenes del lugar, se relacionó, compró autos y una residencia al este de la ciudad, a la que invitaba en forma dadivosa; eso, a los 28 años. Todo era un teatro, las relaciones y bonhomía las utilizaba para conocer datos de  secuestrables. Desapareció un tiempo para reaparecer en el 2004 en la cárcel de Uribana, al ser capturado por el secuestro de un empresario. Allí se hizo jefe absoluto de los prisioneros, y hasta los custodios le obedecían; a los pocos meses de su llegada se produjo una revuelta que finalizó en lo que se dio en llamar la masacre de Uribana; degollamientos de por medio, según narran los familiares de los prisioneros. En la cárcel se relacionó con la radical y altanera Ministra de Prisiones Iris Varela, y al año estaba en la calle por buena conducta.

Cuando disparó a la multitud que protestaba y fuere inquirido, mostró una identificación policial y se le dejó ir. Desde el inicio del proceso revolucionario, llegó a portar credenciales auténticas de todos los organismos de seguridad del Estado, y pasaporte oficial. A su regreso, luego de su deportación el pasado 6 de junio, el Ministro del Interior bajó al aeropuerto. Él dice que es hijo de un coronel fallecido al inicio de la dictadura, y que está protegido.


Como el FMLN está a las puertas de una discusión de fondo sobre el socialismo, aporto estos elementos que pudieren alertar sobre el significado y peligro de un gobierno sin control institucional, donde los poderes públicos se diluyen en función de los designios e intereses del partido, en detrimento de la esencia del orden democrático y del principio de la igualdad ante la ley.




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