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Editorial & Opinion

Un tema histórico de sucesión presidencial

Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional / Autor: René Fortín Magaña

viernes 3, noviembre 2017 - 12:00 am

Ocurrió en octubre de 1944. La renuncia del General Andrés I. Menéndez y la asunción al poder del Director General de la Policía, Coronel Osmín Aguirre y Salinas, tuvo el efecto del estallido de una bomba de cien megatones que conmovió los cimientos de la República de El Salvador. Se trataba de una puñalada más en el corazón del pueblo.

Y no porque se viera venir -<Aníbal está a las puertas>-, causó menos dolor nacional. La represión fue brutal; y las embajadas de países amigos, especialmente Perú, Guatemala y Costa Rica, se vieron inundadas de asilados políticos.

La Corte Suprema de Justicia, sin embargo, en medio del clima del terror que se produjo, tuvo tiempo para escribir su última y más gloriosa página. Volvió por los fueros del derecho en aquellas circunstancias de miedo, y puso las cosas en su lugar, en una actitud valiente y decidida que conmovió también el alma nacional a la que brindó, en aquel momento de angustia colectiva, un hálito de esperanza.

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La mano oculta que en la carta renuncia del presidente provisional escribió la frase, aparentemente inocua ‘‘y también (renuncio) como designado a la presidencia de la República’’ expresaba a la cabalidad el punto de apoyo que serviría a los golpistas para desarrollar su plan de complicidad con la nefasta Asamblea Nacional Legislativa.

Cuando el presidente Andrés I. Menéndez asumió el cargo de presidente lo hizo como primer designado a dicho cargo. Y se eligió como segundo designado al Dr. Miguel Tomás Molina, en el entendido que el General Menéndez no dejaba de ser el primer designado. El cargo de segundo designado solo tiene sentido para cubrir la eventualidad que falte el primero por algún motivo. Si falta el primero, el segundo entra a ocupar su lugar: esa es la letra, la lógica y el espíritu de esa sabia disposición constitucional. Si no fuera así: ¿Para qué habría necesidad de elegir segundas y terceras designaciones?


La artimaña legislativa consistió en que, ante la renuncia del primer designado Gral. Menéndez, en vez de llamar al segundo designado, Dr. Miguel Tomás Molina, se eligió un nuevo primer designado en la persona del Coronel Osmín Aguirre y Salinas, meses después de la designación del mes de mayo.

Dijo la Corte Suprema de Justicia en su resolución N° 219 del día veinticinco de octubre de mil novecientos cuarenta y cuatro, que en presencia del cambio de régimen gubernativo, definía su posición ante el nuevo orden de las cosas en relación con lo preceptuado por la Constitución de 1886 entonces en vigencia, en el sentido que conforme al tenor literal claro y determinante del Art. 81 de la misma Constitución Política, en defecto del Presidente y Vice-Presidente, en su caso, entraría a ejercer el Poder Ejecutivo uno de los Designados por el orden de su nombramiento, y 0smín Aguirre era el tercero en el tiempo en relación a los otros dos Designados, lo que se advirtió a la Asamblea Legislativa.

El 1° de noviembre de 1944, el Dr. Miguel Tomás Molina lanzó su Proclama a la ciudadanía como Presidente Constitucional, dado que era el segundo Designado a la Presidencia, y en ella exhortó al pueblo salvadoreño a luchar con él para el restablecimiento de la legalidad, pues desde el momento en que el General Andrés I. Menéndez dejó el Poder, según lo había definido la Corte Suprema, él había pasado a ser el legítimo Presidente. Esa Proclama rezaba estar firmada por Miguel Tomás Molina ‘’EN UN LUGAR DE LA REPÚBLICA’’, es decir, desde la clandestinidad.

La efervescencia popular fue total. La indignación por el golpe artero se apoderó de un pueblo ansioso de democracia. La represión fue intensa y despiadada, muchos ciudadanos buscaron refugio en distintas embajadas. Otros, jóvenes en su mayoría, optaron por dirigirse directamente a Guatemala, en donde se prepararía la acción militar reivindicatoria, que se inició el 11 DE DICIEMBRE DE 1944, en la que numerosos jóvenes salvadoreños ofrendaron su sangre bravía en el llano de Ahuachapán.

(*) Nota: relato del doctor René Fortín Magaña, con seudónimo Víctor Uclés, en su obra ‘‘En un lugar de la República’’, agosto 2017, página 167 y siguientes. Editorial Alejandría.




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