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Editorial & Opinion

Un vergonzoso tercer lugar

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 13, junio 2017 - 12:00 am

A escala mundial El Salvador ocupa el vergonzoso tercer lugar en el ranking de los países con las tasas más altas de homicidios infantiles. Esto de acuerdo con el Índice Global 2017 “En deuda con la niñez”, realizado por Save TheChildren, dependencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Según dicho estudio, en 2015, por cada 100 mil habitantes en El Salvador fueron asesinados 22.4  personas menores de 19 años. La mayoría de estos crímenes son atribuidos al accionar de las pandillas. Inclusive muchos adolescentes asesinados eran miembros de pandillas y murieron víctimas de las luchas entre las maras o en enfrentamientos con policías y soldados.

De acuerdo con el informe, el cual abarcó 172 países con ocho indicadores,  El Salvador solo fue superado por Venezuela con 27 muertes infantiles y Honduras con 32.9 homicidios por cada 100 mil habitantes.

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Save The Children reconoce que muchas muertes están relacionadas con pandillas, pero también hay otras variables que hay que identificar, a efecto de crear programas de prevención que ataquen esas causales de violencia contra nuestra niñez y adolescencia.

Ludin Chávez, directora de Operaciones de Programas SaveThe Children, sostiene que los altos índices de homicidios infantiles deben ser un llamado para una efectiva coordinación entre las diferentes instituciones del Gobierno, sociedad civil y todos los actores que intervienen para poder reducir la vulnerabilidad de la niñez.


Desde luego nuestra niñez y adolescencia está expuesta día a día a morir por el odio irracional de los grupos pandilleriles y por el alto nivel de intolerancia que se ha sembrado en nuestro país. Vivimos en una sociedad altamente armamentizada y estigmatizada, donde cualquiera anda un arma ilegal o, cumpliendo requisitos mínimos, puede andar armado legalmente.

Nuestra niñez y adolescencia vive bajo el asedio constante de las pandillas que buscan crecer reclutando estudiantes, especialmente en las zonas donde reinan las carencias básicas. Entre más pobre o desintegrado sea el hogar de un niño o un adolescente, más factible es que sea objeto del reclutamiento forzado de los grupos terroristas. He visto comunidades donde las pandillas tienen como principales colaboradores a niños que no pasan de 12 años y están adiestrados para pedir y recoger extorsiones y para servir de informantes permanentes de los pandilleros adultos. Algunos de estos menores que han caído en las garras de las pandillas son capaces de matar con lujo de barbarie.

Entonces, uno de los principales retos del Gobierno y la sociedad civil es evitar las condiciones propicias para que niños, niñas y adolescentes sean reclutados por las pandillas. Un programa amplio de prevención que abarque el apoyo a las familias y suplir las carencias básicas individuales y colectivas es necesario en todo el país. Se requiere de un gobierno visionario que no vea la apuesta por la prevención como un gasto, sino como una inversión para el futuro.

Es necesaria la unidad nacional para diseñar un plan de prevención que evite que nuestra niñez y adolescencia sea víctima de homicidios infantiles. No es con marchas, pronunciamientos, estudios o lástima como vamos a lograr bajar los índices delictivos. Se necesitan planes concretos como los que realiza la Fundación Forever de Alejandro Gutman en algunas comunidades salvadoreñas. Estos ejemplos son los que se hace necesario replicar en todo el país. Se requieren acciones más que retóricas.

Nuestros niños y adolescentes no solo están expuestos a morir víctimas de la violencia pandilleril, sino también a quedar huérfanos. No hay día sin que un niño o una niña quede huérfano y esa es otra forma de violencia permanente. La falta de protección paternal o maternal es una forma ingrata de hacer sufrir a un niño o a una niña.

El Estado y cada salvadoreño debemos aportar lo que esté a nuestro alcance para bajar de ese deshonroso tercer lugar en cuando a homicidios infantiles. Hoy son los hijos ajenos los que mueren asesinados, mañana pueden ser los nuestros.

La violencia es injusta y crece a sus anchas cuando la sociedad se lo permite. Si hoy somos tercer lugar en cuanto a homicidios infantiles, con el esfuerzo de todos podemos ser primer lugar en cuanto a programas de prevención. Nuestra niñez se lo merece.




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