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Editorial & Opinion

Una Centroamérica fallida

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

martes 12, diciembre 2017 - 12:00 am

No es para tanto. Fallida no, pero decepcionante, ummm, en ciertos aspectos; sobre todo, el desarrollo económico y el político, sí. Somos una región intrascendente en lo económico y risible en lo político.

¿Intrascendente en comparación a qué o a quién y por qué?

Los europeos occidentales, que hace un siglo se estaban matando como animales y ahora son el polo de desarrollo sostenido, y son la luz del raciocinio en medio de la prepotencia estadounidense y la locura de naciones emergentes o atrasadas.

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Los países del sudeste asiático, famosos por haber alcanzado los primeros lugares en tantos aspectos relevantes sobre innovación, emprendimiento, patentes, ingresos per cápita, producto interno bruto, etc., después de haber sido países en llamas o simplemente pobres.

Vietnam, sobre el cual sobran los comentarios, ahora una mini potencia económica.


Chile, que teniendo la misma idiosincrasia latinoamericana está a pocos niveles de ser un país con índices comparables a Europa.

Exagero un tanto porque siendo yo de este istmo, del cual me siento parte, conociéndolo como lo conozco, como alguien de la casa y con las esperanzas que me hacía en mi adolescencia, es decir, que en mi adultez fuera una región en paz, próspera, desarrollada; y viendo lo que es ahora, sufriendo en carne propia su total desorden, es por eso que exagero con rabia, con odio, incluso, con desilusión.

Primero criollos y mestizos, que enarbolando la bandera de la independencia, lo que demostraron es querer sustituir al español y seguir pisoteando al indio. Se inventaron banderas para diferenciarlos entre liberales y nacionalistas, entre conservadores y progresistas, para someter a sus países en guerras tras guerras por el hambre del poder.

Más tarde aparecieron las fuerzas armadas, las cuales, en el contexto de la guerra fría, tomaron las riendas del poder. Descargaron violencia en grado sumo contra el pueblo. La época más oscura y sangrienta de nuestras repúblicas donde reinaba la persecución, encarcelamientos arbitrarios, desapariciones, fosas clandestinas o, cuando tenía suerte: el exilio, el destierro.

Y surgieron redentores los movimientos de izquierda, que se armaron para cometer — enarbolando la bandera de la liberación—, los mismos crímenes que cometían los uniformados de verdeolivo, pero ungiéndolos con la palabra revolución. Volvimos a la guerra, pero esta vez con armas modernas, patrocinadas por los EUA o la URSS, y volvimos a matarnos entre hermanos. ¿Quién ganó? Nadie, porque donde los EUA prevalecieron surgió una democracia partidaria compuesta por civiles que ha sido el cáncer terminal, y donde prevaleció la URSS, Nicaragua para ser exacto, se empobreció al pueblo, a la nación, con un sistema por demás inepto en todo sentido.

Se callaron las armas, se terminaron los contras, los escuadrones, los comandos urbanos, los guerrilleros, pero surgieron las maras.

Cipotes sin tatas que se dieron cuenta que unidos eran una fuerza incontenible, y que con el terror que causa la muerte, las ejecuciones sumarias, la tortura, la desaparición forzada, las violaciones, así como aprendieron de sus mayores militares o guerrilleros, se podía esclavizar a un pueblo entero, y más allá, como quizá ni ellos mismos se imaginaban, a las instituciones, al Estado mismo. Y lo lograron.

Por si todos esos círculos del infierno dantesco supieran a poco, llegaron los narcos a amenazar policías y fiscales, a aliarse con militares y políticos, a apoderarse de rutas y territorios, a mandar y gobernar, e igual, a esclavizar a un pueblo como lo hicieron antes los militares y los comandantes guerrilleros.

Se me olvidaba, no había terminado aún: las narcopandillas. Trasmutación lógica de virus y bacterias cada vez más potentes ¡Qué más decir!

Antes íbamos a votar con esperanza. Después a votar por el menos ladrón. Ahora por el que menos parezca involucrado con dineros sucios. Luego ¿qué vendrá? ¿A votar por el que nos parezca menos demente?

Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua en verdad duelen, porque siendo la tierra donde uno vive, donde trabaja, el lugar donde uno sueña forjar el futuro de los hijos, están sumergida en el pantano. Es tan dramática la situación que se me hace risible.




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