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Editorial & Opinion

Una Navidad agridulce de alegría y nostalgia

Eugenio Chicas / Secretario de Comunicaciones de la Presidencia de la República

martes 26, diciembre 2017 - 12:00 am

La Navidad es uno de los periodos más hermosos y gratamente esperados al final de cada año, es un espacio en el que más allá de la pertenencia a las más diversas corrientes religiosas dentro del catolicismo, de la diversidad de iglesias cristianas evangélicas o de cualquier denominación, todas las congregaciones nos identificamos con el profundo mensaje que nos legó aquel humilde alumbramiento en el pesebre de Belén. Donde una joven pareja de gente modesta, humilde y sencilla fue la elegida para asumir aquella honrosa misión de cumplir la tarea de recibir, proteger y encaminar al Jesús que asumiría la misión de ser ejemplo de sacrificio y luz de esperanza para las futuras generaciones, mediante la entrega de vida, que es lo más preciado que tenemos, para ofrecerla por la humanidad, entregándonos así uno de los legados más imperecederos que por más de dos mil años ha permanecido en el tiempo como el ejemplo más puro de amor fraterno por la humanidad.

Esa hermosa historia bíblica, tan recordada y repetida en la más inmensa variedad de nacimientos que adornan todos los rincones de hogares y espacios públicos, está cargada de muchos símbolos, nos muestra la relevancia de valores como la sencillez y la humildad; nos enseña que las mismas vicisitudes y carencias no deben ser obstáculo para emerger y superar las limitaciones; sobre todo cuando hay propósitos nobles, justos y suficientemente claros. Más bien, esas limitaciones pueden ser el crisol desde donde se forjen destacadas cualidades para enfrentar con mayor ánimo y ahínco los retos cotidianos. De la misma manera interpretamos que de aquella humilde familia del pesebre de Belén en la ciudad de Nazaret, se desprende la motivada reivindicación de la fortaleza y unidad familiar como valuarte moral de cualquier sociedad, y el motivo suficiente para emprender con mayor sacrificio el esfuerzo cotidiano para forjar un futuro digno para cada familia.

En una sociedad compleja y tan poblada como la nuestra, con escaso territorio; marcada de manera inexorable a lo largo del tiempo por un intenso éxodo migratorio, quizás el mayor de la región, canalizado a través de múltiples destinos hasta donde han alcanzado a llegar nuestros compatriotas, en los que casi todos los salvadoreños tenemos un pedazo de nuestras familias, ya sea en el norte o en cualquier latitud del planeta poblado por nuestra diáspora. Una hermosa Navidad como esta es una mezcla agridulce de recuerdos, de alegría y de nostalgia; ocasión para extrañar y recordar a los nuestros, a quienes se fueron huyendo de alguna amenaza, o sencillamente migraron buscando un mejor futuro abriendo camino a través de difíciles fronteras para asentarse en lo que creyeron ser su tierra prometida, en esas lejanas y extrañas tierras luchan día a día aportando a esas sociedades y a sus propias familias, procurando el reconocimiento de su esfuerzo en una mejor condición migratoria que les dé estabilidad para crecer.

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Hoy las nuevas tecnologías nos permiten una mayor, rápida y accesible comunicación, que supera las barreras de la distancia, acercándonos con nuestros seres queridos en cualquier rincón del planeta, este avance tecnológico abre un enorme abanico de posibilidades de integración donde la lejanía es cada vez un menor obstáculo para la relaciónfamiliar, abriendo simultáneamente innumerables posibilidades para el progreso, esto permite canalizar el talento y experiencia científica técnica, capacidad de inversión y productiva de lo más destacado de nuestra diáspora, para ponerlo en función de las familias y del desarrollo nacional. Esto abre inmensas posibilidades de contactos y promoción del país en las más diversas latitudes, sobre todo cuando necesitamos abrirnos nuevos espacios de mercado en un momento en que nuestra economía crece de manera insuficiente pero sostenida.

En un año como este celebramos la buena salud de nuestra economía que muestra buenos resultados en la producción de alimentos, con mas de veintiséis millones de quintales de producción de granos básicos, hecho que reduce nuestra dependencia en la importación de alimentos, está demostrado, el crecimiento en más de un 2 % de la industria de la construcción que cada vez nos ofrece mas empleo y oportunidades; ha crecido significativamente la industria turística en más de un 4 %, es claro el crecimiento de la industria manufacturera y de medicamentos.


De la misma manera ha sido un rotundo éxito el incremento al salario mínimo que vino a dinamizar el mercado interno fortaleciendo al sector comercial y de servicios. Lo anterior unido a la ampliación de la infraestructura de carreteras, pasos a desnivel, superación de buena parte de la vulnerabilidad, ampliación de capacidades de producción de energía eléctrica limpia, un mejor puerto de Acajutla y un aeropuerto internacional en proceso de mayor ampliación, son garantía de que están dispuestas las piezas en el lugar correcto para el despegue económico del país a niveles de mayor crecimiento, acordes a la demanda de puestos de trabajo de mayor calidad.

Por todo lo anterior nuestro país merece y necesita el fortalecimiento de la unidad desde la familia, la fe, la esperanza y  confianza de seguir construyendo un mejor futuro.




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