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Editorial & Opinion

Una vez al año

Bessy Ríos / Abogada y activista digital

viernes 6, julio 2018 - 12:00 am

Una vez al año sale la población de Lesbianas Gays Bisexuales, Transgénero, Travestis, Transexuales e Intersexuales –LGBTI- con sus colores, con sus trajes, lentejuelas, tacones, antifaces, las carrozas, las reinas, las pelucas, el maquillaje y las personificaciones; además se ondean las banderas arco iris y la bandera trans, este año también ondeó la bandera de la recién creada Federación Salvadoreña LGBTI, donde se aglutinan más de una docena de organizaciones.

Cada año salen más personas a conmemorar la fecha del orgullo, sabemos que esta fecha tiene origen en los disturbios de Stonewall, los cuales, básicamente, consistieron en una serie de manifestaciones espontáneas en protesta contra una redada policial que tuvo lugar en la madrugada del 28 de junio de 1969; por ello en El Salvador, desde hace más de 30 años, estamos saliendo a las calles a conmemorar no solo el significado de Stonewall sino también a reclamar nuestro derecho de vivir en dignidad y que se nos reconozcan todos nuestros derechos sin limitantes de ninguna índole.

Este año se vio en aumento el número de personas que estuvieron en la marcha del pasado fin de semana. Se calculó que habíamos llegado alrededor de 12 mil personas, es importante que sepan que no solo son personas LGBTI las que van en la marcha, este año fueron varias madres, padres, tíos, hermanos, hermanas, hijos, hijas, sobrinos y sobrinas junto a su familiar, portando carteles pidiendo respeto, de las cosas más bellas es ver a la familia marchando junta, defendiendo los derechos de uno de sus miembros.

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Pero como nada es perfecto, no pueden faltar los detractores, esos que con Biblia bajo el brazo y predicando amor al prójimo, nos llaman anormales, abominación, antinaturales, estos personajes que curiosamente tienen acceso a diferentes plataformas desde donde bajo la bandera de la “libertad de expresión” lo que hacen es esparcir discurso de odio, misoginia, homofobia, intolerancia. Estos personajes acuñan la frase “con mi hijo no te metas”, pero son los primeros en abandonar y aconsejar a sus amigos que expulsen de sus hogares a sus hijas e hijos diversos, ellos que se consideran estar sobre el bien y el mal, con capacidad de juzgar, pero que son incapaces de pronunciarse por el asesinato de mujeres embarazadas y de familias completas debido a la delincuencia galopante en este país, incapaces de pronunciarse por los crímenes y delitos por odio de los cuales la población LGBTI es víctima. Estos personajes guardan silencio, estos son los que no han dicho, absolutamente NADA, ante el hecho público que en todo un año no se ha podido realizar una tan sola adopción en este país; esos mismos guardan silencio complice ante la acusación hacia sacerdotes y pastores evangélicos que son acusados por abuso de menores y se oponen férreamente a una agravación en la pena de abuso a menor e incapaz si es realizado por un personaje con autoridad religiosa.

El Salvador es un país donde no se han sanado múltiples heridas que vienen desde la época de la guerra civil –incluso nuestra población puso muertos y desaparecidos por los cuerpos uniformados y han sido ocultados sus nombres-, donde la impunidad es de las más altas del mundo, donde deberíamos entender que solo mantenernos unidos nos permitirá salir de esta espiral de violencia; aquí es donde los liderazgos religiosos prefieren seguir con discursos de odio antes de reconocer que todo ser humano merece respeto, vivir con plenitud de derechos y en dignidad.


Ante las numerosas acusaciones de que se dan espectáculos grotescos durante la marcha del orgullo, en realidad lo que sucede es que les molesta los cuerpos desnudos porque son ellos los que quieren decidir qué cuerpo puede hacerlo y cual no; así pues, no se quejan de la publicidad sexista con mujeres desnudas promocionando llantas u otras ventas; no les molesta que en horario en que los niños tienen acceso a la televisión y radio se pasen programas con alto contenido sexual y ellos son expuestos a esto, con alto contenido de violencia, y eso no lo ven como un daño a sus hijos.

Nosotros, como familiares de personas diversas, también alzamos la voz y les decimos: con nuestra familia no se metan… con nuestros hijos NO TE METAS, no tienes derecho a discriminarlos, ni señalarlos, ni humillarlos ni de impedirles el derecho a marchar una vez al año… no puedes negarle sus derechos.

Los espacios son de todos y todas, estadios, plazas, calles, centros comerciales, restaurantes, cines, auditorios, universidades, nuestra familia diversa tienen derecho a circular en estos sitios en dignidad y esos espacios deben ser libres de violencia. ¡Oye homofóbico, con mi familia no te metas!




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