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Editorial & Opinion

Urgen reformas más severas para castigar a los temerarios

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 3, abril 2018 - 12:00 am

La madrugada del Viernes Santo regresaba hacia San Salvador, luego de haber participado en la elaboración de alfombras en mi ciudad natal, Olocuilta, cuando repentinamente en la autopista desde el aeropuerto a la capital un vehículo que zigzagueaba me sobrepasó a una velocidad espantosa. Unos 15 minutos después el auto que me sobrepasó yacía estrellado contra un poste del tendido eléctrico, justo frente al puesto policial en el kilómetro 11, en San Marcos.

Dentro del vehículo dos hombres se quejaban y fuera de él, se encontraban los cadáveres de dos jóvenes. Los cuerpos de socorro ya estaban en el lugar y tras dos o tres minutos continué mi marcha. Triste y lamentando la muerte de aquellos dos jóvenes.

Más tarde me enteré, a través de los medios de comunicación, que los jóvenes que yacían muertos en la cuneta eran Daniel de Jesús Meléndez González, de 24 años; y Diego Francisco Martínez González, de 28. Otro más, Concepción Hernández Palacios, de 27,  había muerto camino al hospital. El conductor Gilberto Martínez Campos, de 35 años, resultó lesionado. Los jóvenes regresaban de la playa y el conductor en estado de ebriedad manejaba a excesiva velocidad. Fue detenido y  fue acusado de conducción temeraria y tres homicidios culposos en perjuicio de los tres jóvenes, quienes eran sus primos.

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Ese accidente me conmocionó mucho. Llegué a mi casa y comencé a reflexionar sobre la necesidad de prohibir que quien conduzca consuma cualquier cantidad de bebidas alcohólicas. La División de Tránsito de la Policía Nacional Civil (PNC) no da abasto para cubrir todo el territorio nacional para sancionar a los conductores ebrios. Se debe considerar temerario a toda persona que conduzca bajo efectos del alcohol o las drogas, sin importar la cantidad consumida.

Igual debe considerarse temerario a todo conductor (a) que maneja y hace uso de teléfonos celulares o medios electrónicos mientras maneja. Las estadísticas son claras, pues la mayor cantidad de accidentes se originan debido a la distracción de quien conduce. Ebrios y conductores distraídos son causa de muchos accidentes que generan muertos, lesionados y por ende mucho gasto al Estado. Rehabilitar a un lesionado le cuesta miles de dólares al Estado.


Dice el jefe de Investigaciones de Accidentes de Tránsito de la PNC, subcomisionado Otto Urrutia, que es lamentable que existan límites para detener a las personas que conducen alcoholizadas. La ley solo permite detener y calificar como conductor temerario a quien maneja con más de 100 miligramos de alcohol en su sangre. Este oficial se queja de que a los conductores solo se les aplica una esquela si llevan menos de 100 miligramos, pero nada garantiza que más adelante consuman bebidas embriagantes.

Tiene razón Urrutia.  La ley debe modificarse. Los diputados deben reformar la legislación de tal manera que toda persona que se le compruebe que ha consumido bebidas alcohólicas sea considerada conductor temerario. Si sobrepasa los 100 miligramos, pues entonces que se le imponga una multa severa y que sea enfrentado a la justicia. Más de 200 miligramos que también conlleve a una suspensión definitiva de la licencia y más de 300 que sea considerado un delito que amerite cárcel y todas las medidas anteriores.

Con los conductores del transporte colectivo y el transporte pesado se debe ser cero tolerantes. A ellos no se les debe aceptar ni un miligramo de alcohol. En febrero pasado Oscar Arnoldo Gómez Juárez, conducía un camión repartidor de agua  bajo los efectos del alcohol y cuando transitaba sobre la alameda Juan Pablo II, frente a la comunidad Atonal, mató a tres hombres que compartían en la acera y arrasó varios vehículos estacionados. La historia de accidentes fatales causados por ebrios es interminable.

No se debe ser tan irresponsable como para tomar el volante de un vehículo bajo el efecto de drogas o alcohol. Conducir es un privilegio que conlleva una gran responsabilidad. Quien maneja es responsable de su vida, de sus acompañantes y la de los peatones. En las escuelas de manejo le enseñan al aprendiz que conducir un vehículo es portar un arma letal.

La nueva legislatura tendrá la obligación de reformar la ley. A los conductores bajo efectos de las drogas y el alcohol y a quienes irresponsablemente se distraen hay que sancionarlos con  mucha más severidad. Hay muertes que pueden evitarse.




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