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Editorial & Opinion

Venezuela, más allá de las elecciones

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

martes 22, mayo 2018 - 12:00 am

Este domingo hubo elecciones en la República Bolivariana de Venezuela; con su voto los venezolanos decidieron reelegir como presidente a Nicolás Maduro, paralelamente se eligió la integración de legislaturas estatales. Este proceso, esencialmente interno, trasciende al mundo por el grado de ideologización, polarización y confrontación, propio de un largo periodo de transición democrática en esa sociedad; sin obviar, que también es insuflado desde poderosos intereses foráneos.

Bastante tinta ha corrido sobre esa hermosa República y sus frecuentes elecciones; baste decir que considerando el marco jurídico institucional, la organización, logística y alta tecnología, Venezuela cuenta con un impecable sistema electoral que con frecuencia ha catalizado sendas crisis, salvando al país de mayores niveles de violencia y encausando la confrontación por vías democráticas. Su calidad recientemente fue reconocida por personalidades como José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente del gobierno español, quien por más de tres años ha acompañado el proceso de diálogo entre la oposición y el gobierno.

Las desconfianzas y contradicciones son más de tipo político e ideológico por rumbos programáticos alternativos y no por la calidad y confianza de sus procesos electorales, en los que la oposición ha tenido en ocasiones resultados favorables, validando con su participación el resultado de más de veinte procesos eleccionarios. Es el mismo electorado con el sufragio, quien valida y certifica cada proceso que, como en este caso, está dentro de los estándares de la media de participación de muchos países.

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Asumido el resultado electoral como corresponde, el reto de Venezuela será el grado de compromiso de las fuerzas por retomar el diálogo hasta arribar a un acuerdo en el marco de su institucionalidad, enfrentando de manera conjunta los graves problemas de su nación: asegurar la paz social, acordar la solución a la crisis económica de productividad y abastecimiento, así como la seguridad pública. En este camino El Salvador, si se nos requiere como en otros procesos, tenemos mucho que aportar debido a la experiencia del proceso de paz, hay suficiente autoridad moral reconocida internacionalmente para aconsejar el camino del diálogo y la negociación para superar las diferencias.

Como parte del acompañamiento internacional solicitado y conformado por más de cien expertos electorales y mil invitados, además del intercambio que se produce con las autoridades electorales de todo nivel es muy útil conocer detalles de cada sociedad y que pasan veladas para muchos. En ocasiones anteriores atisbé la importancia del programa “Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela” y ahora tuve la oportunidad de visitar el “Centro Nacional de Acción Social por la Música”, animado por la noticia sobre la “Cumbre para la prevención del delito y justicia penal como política de Estado” celebrada en Austria y en la que Venezuela presentó su modelo de inclusión social por medio de la música y el canto como práctica grupal.


“El Sistema”, como lo denominan, atiende a más de un millón de niños y jóvenes; es un programa que compromete a la Presidencia de la República y que promueve, para distintas edades, orquestas y coros de diferentes tipos de música, danza, teatro, fotografía, vídeo, ampliándose además al sofisticado arte de la luthería –fabricación de amplia gama de instrumentos musicales de alta calidad-; es una plataforma de integración cultural y social para la prevención, rehabilitación y rescate que se extiende a centros penitenciarios, atención hospitalaria, jóvenes en situación de riesgo, capacidades especiales y pueblos originarios.

Desde 2011 este esfuerzo lo asumió la Fundación Musical Simón Bolívar, dinamizando un modelo que articula el arte colectivo, alta gerencia para la conducción estratégica, compleja logística, y extendida organización y promoción territorial. Este exitoso programa recibe un vigoroso empuje gubernamental y aportes de la empresa privada, del BID, PNUD, así como de gobiernos como Corea del Sur, Alemania y Austria. Su origen no es nuevo, su embrión data de la década del 70. El creador de “El Sistema”, llamado así desde aquella época, es el maestro José Antonio Abreu, prolífica figura, brillante músico desde niño, compositor, director de orquestas, economista, exministro de cultura, embajador de buena voluntad de la UNESCO y quien falleciera este 24 de marzo después de casi ocho décadas de brillante fulgor.

En uno de sus libros “¿Cabemos todos? Los desafíos de la inclusión”, que recomiendo, promueve la música como instrumento de transformación y cambio social, su legado es una metodología de aprendizaje, una instrucción sistematizada con enfoque colectivo en interacción grupal y con fomento a la responsabilidad individual. Enseña a escuchar y a reaccionar tocando en el tono indicado, promueve la cultura del mérito, esfuerzo individual, constancia; esculpe un alto grado de disciplina, auto control, compromete con una meta y sobre todo inculca la solidaridad y el respeto al trabajo en equipo en el marco de una estrecha interacción comunitaria.

En sociedades como la nuestra que adolecen de graves problemas como la falta de cohesión, exceso de ocio, falta de oportunidades recreativas de calidad, así como una grave ola de violencia y criminalidad, bien vale la pena ampliar y profundizar, más allá de las elecciones, el conocimiento de experiencias como ésta para fomentar la cultura de paz.




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