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Editorial & Opinion

Venezuela se desangra

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

Sábado 22, Abril 2017 - 12:00 am

Ante la vista atónita de la comunidad internacional y la inerte posición de algunos organismos internacionales, Venezuela se desangra lentamente sin que nadie mueva un dedo para buscar alternativas que conlleven a desmantelar el conflicto, para que se pueda reconstruir desde las urnas el tejido social debilitado. Está claro que tanto el oficialismo como la oposición están centrados en el tema ideológico y de poder más que de intereses nacionales de cada venezolano que cada día que transcurre se les hace más difícil acceder a los alimentos más básicos como: frijoles, arroz, leche y huevos.

De manera que los principales problemas económicos que viven millones de venezolanos, es tal vez la problemática más compleja y de proporciones incalculables. No obstante, todo ello ha sido provocado por la ineficiencia del Estado chavista en el manejo de los recursos públicos, los despilfarros, los salarios elevadísimos de funcionarios públicos, regalías de las riquezas petroleras a los partidos políticos de Latinoamérica y otros afines al socialismo del siglo XXI. A cambio de alinearse con el proyecto socialista y votar a favor de Venezuela ante la ONU, OEA y otros organismos tal como ha quedado comprobado.

Así mismo la expropiación que ejecutó Hugo Chávez de las principales sociedades mercantiles que abastecían de forma eficiente alimentos, bienes y servicios de consumo diario. Provocó escasez y es de aclarar que el Estado es incapaz de poder ofrecer estos productos al mercado con la misma rapidez y eficiencia que lo hace la empresa privada. De modo que todo ello trajo consigo una inflación descomunal que redujo el poder adquisitivo de los venezolanos; para el año 2015, un dólar era equivalente a 175 bolívares. Ahora, un dólar representa 900 bolívares.

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Para ponerlo desde otra perspectiva, un bolívar vale 0,0011 de dólar, menos de un centavo, o sea, que el chavismo nutrió desde hace varias décadas un mercado perverso e irregular de divisas; es decir, que el tipo de cambio de divisas para el Estado chavista y las personas afines a ellos es favorable, pero para el ciudadano común es desfavorable. Sumado a ello deviene la altísima deuda externa, el gasto oficial desaforado y las reducciones drásticas en ingresos por venta de petróleo crudo, todo esto forma parte del abanico de problemas que enfrenta Nicolás Maduro.

Sin embargo, lo que tiene a Venezuela en crisis no es tanto la falta de desempleo u oportunidades, sino la intolerancia y la falta de respeto a los derechos fundamentales de cada venezolano por parte del gobierno chavista. Las protestas del pueblo se vuelven legítimas cuando devienen del hambre por la incapacidad del gobierno de poder proporcionar a sus habitantes los bienes de consumo que garanticen su supervivencia.


Recordemos que Nicolás Maduro ha convertido la República Bolivariana de Venezuela en una finca donde dicta las leyes a su arbitrio y confecciona a su medida los funcionarios, cuya característica es que no tengan criterio ni designio propio. Todo ello le ha permitido concentrar el poder en el Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral, que se han prestado para violar de forma reiterada la Constitución, ya que le han restado atribuciones a la Asamblea Nacional, dando un golpe técnico a la democracia.

Ya que ha sido un deleite del Socialismo del Siglo XXI perseguir, amedrentar y encarcelar a todos aquellos opositores que tienen la osadía de contradecir a Nicolás Maduro, ya que por decreto ejecutivo el presidente no se puede equivocar y es infalible en sus decisiones tomadas desde el trono del Palacio de Miraflores. De manera que la molestia y el cansancio del pueblo ante la represión y la incapacidad del socialismo de poder proporcionar lo básico para vivir es el detonante de las protestas.

En suma, la crisis que vive Venezuela no es una lucha entre derecha o izquierda, sino por la carencia de alimentos, producto de la incapacidad del gobierno chavista de administrar los recursos y por querer enriquecer a los pobres, empobreciendo a los ricos. Siendo ello un legado de Hugo Chávez y del Socialismo del Siglo XXI, es decir, un monumento a la tiranía, egolatría e ignorancia.




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