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Editorial & Opinion

Violencia en el fútbol, producto de la intolerancia

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 4, septiembre 2018 - 12:00 am

El fútbol es el deporte más universal, capaz de unir y romper  ideologías y clases sociales. Es el deporte rey a escala mundial, es una pasión que llena de patriotismo, de identidad y que convierte al aficionado en fiel amante de un equipo. Todos le vamos a nuestra selección y a algún equipo en particular.  Pero en la lógica del fútbol, como una actividad que llena de orgullo en la victoria y dolor en la derrota, hay algo que no cabe: La violencia.

La violencia es la expresión suprema de los irracionales. Fomenta la violencia el ser que es malo y que carece de valores y fundamentos racionales para debatir, para aceptar las derrotas y para no estimar la victoria. El que tiene maldad en el alma y en su corazón es violento y encuentra en la destrucción y el daño su complacencia y la respuesta a sus frustraciones.

En el actual campeonato de primera división del fútbol salvadoreño ya ocurrieron varios hechos de violencia que avergüenzan al país. No es algo nuevo, la violencia se ha radicado en el fútbol desde hace varias décadas. Ha habido muertos, lesionados, asaltos, daños a la propiedad privada, capturados y aficionados dispuestos a ya no volver a los estadios, mientras no se erradique la violencia.

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En lo que va del campeonato, pseudo aficionados de Luis Ángel Firpo casi matan a un adolescente hijo de  un dirigente del equipo usuluteco. La semana pasada, aficionados de ese mismo equipo dejaron gravemente herido a un cobrador del transporte en oriente. Hasta le quebraron un envase en la cabeza. Aficionados de Alianza, el equipo más exitoso en los últimos campeonatos, han protagonizado muchos desórdenes violentos, aun entre ellos mismos; una aficionada de este equipo fue baleada en el trayecto de retorno desde Metapán a la capital. En fin, es raro el equipo “profesional” de El Salvador, cuyos aficionados no hayan protagonizado algún incidente lamentable.

Así como se visualizan las cosas, todo hace prever que la violencia continuará, pues por mucho la actitud de los aficionados es el producto de las frustraciones, de la nula estrategia dirigencial para acabar con estas acciones y producto de la excesiva tolerancia. En síntesis, es producto de la convivencia social nacional y es evidente que vivimos en una convivencia violenta, donde a diario la delincuencia hace de las suyas. Aquí hay pleitos de muertes hasta por equipos foráneos. El que apoya al Barcelona es enemigo del que sigue al Real Madrid, lo cual es una aberración fomentada en parte por las coberturas excesivas de algunos periodistas y medios de comunicación.


Le escuché decir al director general de la PNC, Howard Cotto, que la violencia en los estadios, sus alrededores y carreteras, motivados por el fútbol nacional, es un problema  que no se resuelve con la sola presencia policial en los escenarios deportivos. Tiene razón Cotto, la PNC solo realiza una función persuasiva y actúa cuando ya se da la violencia, pero hace falta que los dirigentes de nuestro alicaído fútbol nacional diseñen estrategias que incidan en la reducción de la violencia. Experiencias positivas hay en el mundo, como en Inglaterra, Costa Rica, Colombia, Uruguay y otros, donde poco a poco se fueron pacificando las barras.

Los directivos deben normar las sanciones, prohibir el ingreso de  las “barras bravas” a los estadios y junto a la PNC y la Fiscalía ejercer estrictos controles en los escenarios. No es posible que en algunos escenarios, los graderíos sean sitios abiertos para consumir drogas y embriagarse. Hay aficionados que llegan a drogarse y emborracharse para ocasionar problemas. Cero alcohol y drogas en los estadios es factible si se comienza a sancionar a equipos que lo permiten.

Da risa como los aficionados se burlan de las normativas, por ejemplo con el uso de la pólvora dentro de los estadios. Eso está sancionado con multas, pero ocurre siempre. Muchos recordamos la muerte de Jesús Esteban Montano, en 2004, aficionado albo que falleció por la explosión de pólvora previo a un encuentro deportivo.

Es decir, que mientras los dirigentes del fútbol nuestro no se pongan serios y planificadores, la violencia seguirá, aunque haya fiscales y cientos de policías resguardando los escenarios. Equipo cuya afición sea agresiva y ocasione violencia, debe ser sancionado deportivamente. Aficionado que ocasione problemas debe enfrentar la justicia. Se necesita mano dura para erradicar la violencia en el fútbol.




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