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Editorial & Opinion

Visión geopolítica del Golfo de Fonseca

Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional / Autor: José Luis Lovo Castelar

viernes 9, junio 2017 - 12:00 am

El mandato establecido en el artículo 89 de la Constitución, recoge la máxima aspiración histórica del país, al establecer el deber de “propiciar la reconstrucción total o parcial de la República de Centro América, en forma unitaria, federal o confederada, con plena garantía de respeto a los principios democráticos y republicanos de los derechos individuales y sociales de sus habitantes.” Asimismo, fija el procedimiento al efecto, consistente en que “El proyecto y bases de la unión se someterán a consulta popular”.

Nuestra Carta Magna en el artículo 84 prescribe que el territorio comprende: “Las aguas territoriales y en comunidad del Golfo de Fonseca, el cual es una bahía histórica con caracteres de mar cerrado, cuyo régimen está determinado por el Derecho Internacional y por la sentencia mencionada en el inciso anterior”. Se refiere a la sentencia de la Corte de Justicia Centroamericana pronunciada el 9 de marzo de 1917, que dispuso la existencia de un condominio. Además, cuando se refiere al régimen determinado por el Derecho Internacional, nos remite a la sentencia pronunciada en la Corte Internacional de Justicia el 11 de septiembre de 1992.

Teniendo en mente que ambas sentencias son de cumplimiento obligatorio y que no es posible su aplicación debido a diferencias sustanciales, derivemos el conflicto en una solución jurídica y política a este diferendo, en la hipotética integración política parcial del Golfo, El Salvador – Nicaragua – Honduras, ya sea por medio de la unión de los tres Estados, el objetivo geopolítico del artículo 89 Cn., reseñado antes, o la fórmula parcial admitida, de formalizar un tratado por el cual los tres países constituyen al Golfo como un territorio integrado, administrado por una autoridad común, conforme a bases similares a las convenidas al crearse el Trifinio entre Guatemala, El Salvador y Honduras, proyecto exitoso. A este respecto, cabe señalar que la Convención de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar (CONVEMAR), ratificada por Nicaragua y Honduras y firmada por El Salvador, define por mar cerrado o semicerrado a “un  golfo, cuenca marítima o mar rodeado por dos o más Estados y comunicado con otro mar o el océano por una salida estrecha, o compuesta entera o fundamentalmente de los mares territoriales y las zonas económicas exclusivas de dos o más Estados ribereños” (Art.122). Pero también, en su artículo 123, propicia para los países ribereños de un mar cerrado o semicerrado el deber de cooperar, directamente o por conducto de una organización regional apropiada, y coordinar la administración de los recursos vivos del mar, el ejercicio de sus derechos y el cumplimiento de sus deberes en la protección del medio marino y el desarrollo de investigaciones científicas.

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En consecuencia, habiendo ciertas coincidencias en las sentencias de 1917 y de 1992, y admitiendo los tres países que el Golfo de Fonseca tiene caracteres de mar cerrado, adquiere proyección el acuerdo tripartito de cooperación y creación de un área de paz y desarrollo, propuesto en la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 2007 por el presidente Elías Antonio Saca, idea que fue retomada a posteriori por los tres gobiernos, quienes, según se afirma, están efectuando consultas y negociaciones sobre el Golfo, encaminadas al desarrollo de proyectos de cooperación, por ejemplo en materia de transporte. Otro ámbito es la acción de represión del narcotráfico y otros delitos. Se dispone, por tanto, de una voluntad política bien enfocada, y de mecanismos pertinentes de negociación en proceso, que tornan viable el rumbo unionista peculiar del destino del Golfo de Fonseca, que pertenecerá ad perpetuam, a los tres países.

En esa perspectiva, la unión que la Carta Magna prescribe, en nuestro caso, y el ejercicio de las soberanías de los tres Estados, dan sustento jurídico constitucional a una iniciativa parcial como la planteada; si bien, lo óptimo sería  un proyecto centroamericanista de unidad regional o de las tres Repúblicas mencionadas, aunque parezca utópico en el momento político actual.


He aquí una política de Estado.




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