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Editorial & Opinion

Volver la mirada hacia el sur

Roberto Cañas López / Académico, firmante de los Acuerdos de Paz

miércoles 5, abril 2017 - 12:00 am

Los salvadoreños solo miramos para el norte, vivir en Estados Unidos es el sueño de muchos. Pero no hay que olvidar que América Latina es la Patria Grande, es nuestra identidad. Durante demasiado tiempo le hemos dado la espalda, hoy es tiempo de volver la vista al continente.

Somos parte de América Latina, compartimos aspectos históricos, geográficos y sociales. Nos unen costumbres, alimentos, formas de expresarnos y de vivir; son prácticas selladas por tradiciones, creencias y religiones que también están condicionadas por las riquezas naturales que compartimos y por la herencia de nuestros ancestros.

Forzados por las circunstancias estamos hoy como país, de lleno en la coyuntura latinoamericana; todo comenzó cuando el gobierno fue amenazado por un Senador de Estados Unidos, en el marco de la votación sobre Venezuela de la Organización de Estados Americanos. Es una situación borrascosa la que estamos viviendo.

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A estas alturas la diplomacia salvadoreña está enfrentada a una férrea oposición norteamericana y a un coro de diputados que en la Asamblea Legislativa, en un lenguaje agresivo y a nombre del “pueblo salvadoreño” condenan lo que consideraran “la oficialización de la dictadura en Venezuela”. Que extraño la confrontación contra el gobierno de Nicolás Maduro los unió.

Pero hay buenas noticias en el Nuevo Mundo: Ya se despejó la incógnita de la elección presidencial en el Ecuador. El resultado es el triunfo de Lenín Voltaire Moreno, que no sólo es importante para el futuro del Ecuador sino también para Latinoamérica; es un punto de inflexión que le pone punto final a la restauración conservadora que ya devasta a la Argentina y Brasil. Hoy los líderes latinoamericanos felicitan a Lenín por la victoria en las presidenciales. Es una gran noticia para la Patria Grande.


Donde da tristeza poner la mirada es en el Paraguay: El hermano pueblo latinoamericano está viviendo una crisis institucional de grandes dimensiones. Horacio Cartes, su presidente, intenta realizar una enmienda constitucional para ir por su reelección. El modelo impuesto en Paraguay es de nuevo el de las privatizaciones, de los asocios público privados. Todo puede pasar en tierras guaraníes; lamentablemente el pueblo paraguayo tiene jornadas en abril y marzo dramáticas.

América Latina y el Caribe se encuentran en un dilema: los países de Nuestra América o salen divididos y débiles de esta coyuntura o surgen fortalecidos desarrollando una relación Sur-Sur, en el marco de una integración regional autónoma. El fortalecimiento de la cooperación Sur-Sur es el camino. Una crisis no se puede resolver con otra crisis. Venezuela ya tiene suficiente con todos los problemas económicos y sociales, en que vive. Mucho ayudaríamos si no estorbáramos.   La situación que vivimos demanda una política exterior activa de cooperación basada en relaciones directas y horizontales entre países que enfrentan problemas comunes y que tienen como propósito superar, a partir de esfuerzos conjuntos.

La Cooperación Sur-Sur se define como una empresa común de los pueblos y los países del Sur, surgida de experiencias compartidas y afinidades, sobre la base de unos objetivos y una solidaridad comunes, y guiada, entre otras cosas, por los principios del respeto de la soberanía y la implicación nacionales, libres de cualquier condicionalidad. Este tipo de cooperación, no es asistencia oficial para el desarrollo. Se trata de una asociación de colaboración entre iguales basada en la solidaridad.

Las relaciones Sur-Sur deben ser políticas, culturales, sociales y económicas, entre actores estatales, empresas y la sociedad civil. Con la claridad que nada en este tema es fácil ni rápido. Este esfuerzo multilateral no está exento de dificultades en su implementación. Los desafíos se encuentran principalmente en liderazgos.

Hoy toca promover intercambios de experiencias, visiones y resoluciones a similares retos y desafíos que presenta el proceso de desarrollo regional y global. La Cooperación entre iguales debe concretar la generación de capacidades nacionales e institucionales, para complementar las brechas de conocimiento y experticia técnica que presentan los países en su proceso de desarrollo nacional; contribuir a la consolidación, y fortalecimiento de políticas públicas para el desarrollo multinivel; así como, la promoción de espacios de integración regional en América Latina y el Caribe.

El Salvador debe replantear sus prioridades regionales. Debemos avanzar con rapidez hacia una mayor integración continental, existe entre nuestros países afinidad y desarrollo similar. En este tiempo de amenazas e incertidumbres que nos vienen del norte, nos conviene un reposicionamiento. Es hora de volver nuestra mirada hacia el sur.




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