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Editorial & Opinion

Votar: más que un deber o un derecho, un privilegio

Dr. Mauricio E. Colorado / Abogado

lunes 26, febrero 2018 - 12:00 am

El próximo domingo, el 4 de marzo, los salvadoreños tenemos una cita que nos da la oportunidad de escoger las autoridades que deberán gobernarnos durante los próximos tres años. Nuestra Constitución declara, en el artículo 72, que el primer derecho del ciudadano es ejercer el sufragio. Y en el artículo siguiente, que el primer deber del ciudadano es ejercer el sufragio.

De tales disposiciones se concluye que ejercer el sufragio es un deber y un derecho, lo cual elimina la calidad de optativo del ejercicio del sufragio. En consecuencia, se equivoca quien declara que anular el voto es un derecho del ciudadano.

Nosotros sostenemos que, además de ser un deber y un derecho, votar es un privilegio, porque permite ejercer uno de los principales sostenes de la democracia; como lo es escoger a los gobernantes que el pueblo quiere que lo gobiernen.

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De allí que resulte tan chocante que simples ciudadanos, y hasta altos funcionarios, aparezcan declarando que están dispuestos a tomar las armas para defender el ejercicio del poder, aún contra la voluntad del pueblo expresada en las urnas.

El domingo próximo, el pueblo salvadoreño se apresta para expresar su voluntad y manifestar quien desea que lo gobierne. Tiene mucha importancia la forma en que los gobernantes actuales han ejercido el poder, puesto que los votantes, por medio del sufragio, darán a conocer su satisfacción o no, sobre la manera de haber conducido la cosa pública, incluyendo en su evaluación las promesas incumplidas, la corrupción evidenciada, el nepotismo corroborado, y los abusos realizados por quienes ejercieron el poder.


En la presente semana, los medios se llenarán de espacios con denuncias de hechos –falsos o verdaderos- en los cuales los contendientes señalarán circunstancias que, de una u otra forma, buscarán afectar a los adversarios o, de alguna manera, favorecerse con propaganda de sus propias obras, a manera de recibir el voto de quienes tienen el poder de escoger a quienes desean que los gobiernen. Por eso, sostenemos que votar es un privilegio del ciudadano, y que anular el voto es un desperdicio imperdonable que solamente un fanático inmaduro puede cometer.

Debido a que el voto es secreto, como una garantía para el votante y de la democracia en general, no es posible elevar a categoría de delito la anulación del mismo, y además porque tal medida traería más confusión al cuerpo electoral, que en muchos casos busca y logra una especie de desahogo, al escribir frases descorteses o insultantes contra quienes, según el votante, se hacen acreedores de la censura ciudadana por sus torpezas, o limitantes que los inhabilitan para los cargos a los que por inercia los han llevado los electores.

En los países llamados subdesarrollados, que eufemísticamente  algunos llaman en vías de desarrollo, los eventos electorales son experimentos que solamente sirven como muestras para determinar nuevos experimentos con grupos humanos. Sin embargo, casos como lo expresado recientemente por dirigentes mundiales, estos experimentos son señalados como números estadísticos. Es por ello que las votaciones para elegir funcionarios de primer nivel, como las del próximo domingo, deben cobrar la importancia debida y nada ni nadie, ni funcionarios, ni líderes religiosos, civiles ni militares, tienen capacidad moral para aprobar o recomendar la anulación del voto, aunque el abanico donde escoger candidatos sea limitado.

Nuestro encargo es escoger al menos corrupto, al menos incapaz, al menos deshonesto. Pero sugerir anular el voto es casi como promover el delito, o sugerir la desintegración de la república. Por eso, el salvadoreño consciente de que el futuro de nuestra nación se juega en cada elección, debe tomar conciencia de que su voto –un voto- cuenta mucho para el futuro de El Salvador.

Los lamentos posteriores no dejan de ser eso, lamentos. Todos a votar válidamente para rescatar a El Salvador. ¡Viva El Salvador!




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